Inteligencia artificial, sometimiento y dependencia

18

Silvia Ribeiro

La inteligencia artificial, actualmente el motor de capitalización de la industria digital, necesita inmensas cantidades de energía y agua para funcionar. Si esa demanda se listara como un país, estaría entre los 10 mayores consumidores de energía, lo cual también conlleva gran uso de agua y suelos. Detallé esto en un artículo anterior, con base en un estudio reciente de Naciones Unidas .

No se puede separar el uso de la inteligencia artificial (IA), especialmente la IA generativa, de la proliferación de infraestructura que la sostiene, como los centros de datos a hiperescala. Son esos centros, la inferencia de la IA y su uso masivo, los que generan la enorme demanda energética e hídrica. El estudio advierte que la huella ambiental no disminuirá aún si se crean sistemas más eficientes, por la “paradoja de Jevons”: los modelos más eficientes y su abaratamiento causan mayor consumo y la demanda total de energía y agua aumenta.

Además el crecimiento de esta industria es extremadamente desigual. Los países donde se extraen los recursos y los que reciben la basura –una nueva clase de residuos tóxicos y peligrosos– están en el Sur Global y no obtienen ningún beneficio, se repite un crudo esquema colonial. Un reporte anterior de la Organización Mundial de la Salud da cuenta del impacto de la basura electrónica en la salud de mujeres y niños que separan materiales en los inmensos tiraderos electrónicos que crecen en esos países.

Antes de apoyar la expansión de la industria digital y las aplicaciones de inteligencia artificial se deben evaluar y tener en cuenta los graves impactos ambientales, hídricos, en salud y en territorios, entre otros. Pese a que el avance de esta industria es arrollador, prácticamente no se realizan y tampoco hay regulación, salvo tímidas normativas sobre privacidad de datos en sólo algunas regiones del mundo.

Inteligencia Artificial en 2025: Todo lo que Necesitas SaberSiendo graves, los anteriores son apenas una parte de los impactos del capitalismo digital. Estamos ante una era de nuevas formas de dominación y control; la extracción de energía, agua y recursos va paralela a la extracción masiva y robo de información de cada aspecto de nuestras vidas y a la erosión de nuestras capacidades creativas, sociales, de pensamiento crítico.

Actualmente, las 10 mayores empresas tecnológicas del planeta (Nvidia, Apple, Alphabet (Google), Microsoft, Amazon, TSMC, Broadcom, Meta (Facebook), Tesla y SpaceX) tienen un valor bursátil conjunto de cerca de 23 por ciento del PIB global. A su vez, los ocho hombres más ricos del planeta, fundadores y directores de esas empresas, acaparan juntos más fortuna personal que la mitad más pobre de todos los habitantes del planeta, según Oxfam. La desigualdad social es un rasgo que define esta era.

Cecilia Rikap, economista argentina, jefa de investigación del Instituto de Innovación y Propósito Público del University College de Londres, plantea que estamos antes una época de nuevos monopolios, tanto intelectuales como tecnológicos y empresariales. En su libro Teoría de la dependencia digital, Rikap plantea que ahora están en el centro las gigantes tecnológicas (junto con transnacionales de otros rubros, que también trabajan con las primeras) y que están permanentemente asegurándose la permanencia de la dependencia de las periferias, que no son sólo geográficas. (Caja Negra editora, 2026,)

Resultado de imagen de teoria de la dependencia digital

Es común pensar en estas gigantes tecnológicas como las dueñas de redes electrónicas y plataformas digitales. Pero, sobre todo, explica Rikap, lo que venden son formas de gobernanza. Desde cómo gobernar nuestra vida cotidiana (correos electrónicos, mensajería, calendarios) a la gestión de economías y rubros industriales enteros y a la propia gestión de gobiernos en salud, educación, gestión política, vigilancia, control de población, aparato militar, guerras, entre otros.

Amazon, Google y Microsoft controlan dos tercios del negocio de las nubes informáticas, donde la mayoría de los gobiernos de América Latina colocan cada vez más aspectos de la gestión de sus países. Estas nubes no son sólo “depósitos”. Los gobiernos dependen de las tecnologías de las empresas para acceder y manejar su propia información, con programas de código cerrado que los gobiernos no controlan y a los que las empresas pueden negar el acceso.

Las gigantes tecnológicas han inventado así la forma de extraer cantidades masivas y continuas de datos (personales, institucionales y gubernamentales, sobre recursos, naturaleza, infraestructuras y más), basándose en conocimientos que son públicos y/o colectivos de la humanidad y privatizarlos de tal modo que la monetización y capitalización de estos datos llegue solamente a un grupo minúsculo. Un extractivismo paralelo de recursos materiales y de conocimientos locales, incluso tecnológicos, que no redunda en ninguna mejora para las poblaciones ni los países, sólo genera la ilusión de estar cerca del progreso y la comunicación global. El robo y la dependencia no se solucionan con instalar centros de datos en nuestros países.

Al contrario, al permitirlos y seguir atados a las nubes de las empresas, aumenta la dependencia, al tiempo que se sacrifican comunidades y territorios para ganancia exclusiva de los más ricos del mundo.

* Investigadora uruguayo-mexicana del grupo ETC