Venezuela: Bajo coacción no hay validez
Leopoldo Puchi
La presión dejó de limitarse al plano militar visible o económico y comenzó a extenderse hacia la seguridad y la defensa
Todavía hoy continúa desplegada la flota de guerra estadounidense en el Caribe y sus unidades han realizado recientemente ejercicios militares de respuesta rápida sobre la capital venezolana sin autorización constitucional. La soberanía permanece formalmente intacta, pero profundamente condicionada en la práctica. Ya no se trata únicamente de sanciones o presión diplomática, sino de mecanismos de imposición sobre áreas estratégicas del Estado.
En paralelo, la gestión de los recursos estratégicos, incluidos los ingresos petroleros administrados por Estados Unidos, se desarrolla en circuitos de poca o ninguna visibilidad.
La Constitución y la adaptación forzada

Por otra parte, el Reglamento de La Haya de 1907 y la Cuarta Convención de Ginebra establecen que cualquier potencia que ejerza control sobre otro país debe respetar su Constitución y sus leyes. Este principio se viola cuando la actuación externa se extiende hacia funciones propias del Estado venezolano, como la gestión de recursos naturales o la administración de ingresos nacionales, ámbitos que forman parte de su esfera de decisión soberana.
Lo que está en juego es un principio básico del orden internacional: si la fuerza puede sustituir de manera permanente al consentimiento. La historia muestra que la coacción militar y económica puede generar formas transitorias de aquiescencia. Lo que no puede producir es legitimidad duradera.