La guerra de los Estrechos y el límite concreto del poder imperial

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Matías Caciabue

Según reveló el Wall Street Journal, Arabia Saudita presionó a Estados Unidos para que desistiera del bloqueo naval contra Irán por el temor a una respuesta en cadena sobre el Estrecho de Bab el-Mandeb, el otro nodo vital del comercio planetario en Asia Occidental. Irán consiguió el alto al fuego…con Paquistán como protagonista del tablero estratégico.

Dstruir, aniquilar Irán, era la consigna

El poder no sólo se mide en portaaviones. También se mide en la capacidad de utilizar el territorio como un arma de guerra: chokepoints logísticos, rutas energéticas, infraestructura digital, y capacidad de interrupción en las comunicaciones (en todas sus formas).

A esta altura, el trumpismo no encuentra la forma de ocultar el pantano en el que se metió. De hecho, luego de destruir el «alto al fuego», tanto el ensayo de ampliación del conflicto…

Desde octubre de 2023, tras la respuesta militar desproporcionada de Israel a las acciones de Hamas y de la resistencia palestina, en Asia Occidental se abrió una sola guerra de alcance regional con múltiples frentes: Gaza, sur libanés, Siria, Irak, Yemen y el Golfo.

Lo que apareció fragmentado en los titulares fue, en realidad, un mismo teatro estratégico atravesado por la disputa entre Israel, Estados Unidos y el eje articulado en torno a Irán.

Luego del alto al fuego en el que Donald Trump terminó aceptando la propuesta iraní, llegaron las conversaciones bilaterales entre Estados Unidos e Irán en Islamabad. Encabezadas por JD Vance, realizadas el 11 y 12 de abril, sumaron más de 21 horas de negociación directa. Esa instancia mostró que Washington necesitó abrir un canal con Teherán para contener una escalada mayor. Sin embargo, las tratativas estuvieron permanentemente opacadas por la presión israelí: bombardeos sobre población civil en el sur libanés y contactos directos entre Vance y Netanyahu mientras transcurrían las reuniones.

Después de esa ronda diplomática, se abrieron negociaciones en Washington entre Israel y el Ejecutivo libanés, articuladas por Marco Rubio, dejando afuera a Hezbollah, fuerza político-militar que integra el gobierno de unidad nacional y posee peso real en la estructura política de Beirut. Otra vez intentaron diseñar el futuro del Líbano sin una parte constitutiva del propio Líbano.

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Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del parlamento iraní, junto al Jefe del Ejército de Pakistán, Asim Munir.

Es en ese marco donde Pakistán comenzó a protagonizar los movimientos que posibilitaron un nuevo punto de equilibrio. El jefe del Ejército, Asim Munir, estuvo en Irán, mientras el primer ministro Shehbaz Sharif desplegó una gira por Arabia Saudita -donde se reunió con Mohammed bin Salman- y continuará en Turquía para encontrarse con Recep Tayyip Erdoğan.

Potencia nuclear, socio estratégico de China y bisagra entre Asia Occidental y Asia Oriental, Islamabad actuó como puente entre actores decisivos del mundo islámico, dejando en claro que su entendimiento primigenio era con Teherán.

Finalmente, hace unos pocos minutos, Trump anunció el alto al fuego de 10 días entre Líbano e Israel. El dato estratégico de fondo es claro: la tregua no fue una concesión espontánea de Tel Aviv ni una imposición unilateral de Washington. Es el resultado de que Irán logró imponer en el tablero su planteamiento estratégico de guerra prolongada, en la que resistió pese al alto costo humano y material, sostuvo a sus aliados y, con respaldo pakistaní y entendimientos sólidos con Rusia y China, consiguió un segundo y, al parecer, más sólido alto al fuego, ahora inequívocamente en todos los frentes de la guerra.

Cuando tus enemigos bombardean para frenar la diplomacia y aun así terminan aceptando treguas, el único registro posible es que el equilibrio de poder empezó a cambiar.

*Licenciado en Ciencia Política y ex Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional UNDEF en Argentina. Analista de NODAL y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).