Trump no está loco, aunque lo parezca

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Pedro Brieger

Las idas y vueltas de Trump sobre Irán son motivo de innumerables especulaciones, aunque nadie parece saber qué piensa realmente.  Sus contradicciones han sido analizadas y desmenuzadas hasta el cansancio y ya cuesta discernir qué es real o ficticio cuando habla.

Durante 48 horas el mundo se preguntó si realmente sería capaz de arrasar con Irán como dijo que haría.  En el lapso de unas horas aseguró que «todo el país podría ser arrasado en una sola noche” y luego agregó “toda una civilización morirá”.  Cabe preguntarse: ¿en qué se diferencian los dichos de Trump de lo que decía Adolf Hitler cuando planteaba la “aniquilación de la raza judía”?  Está claro que civilización y raza funcionan como sinónimos de un pueblo a destruir.  Y el mundo que había dicho “nunca más”, no reacciona.

Desde ya que Trump no es el primer presidente de los Estados Unidos que dice frases apocalípticas respecto de otros pueblos.  Harry S. Truman, en 1945, después de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, amenazó a Japón con “una lluvia de ruina desde el aire como nunca se ha visto en la Tierra.”  Claramente, una amenaza explícita de destrucción total.  El 20 de septiembre de 2001, después del ataque a las Torres Gemelas, ante el Congreso, George W. Bush (h) dijo “no haremos distinción entre los terroristas que cometieron estos actos y quienes los albergan”.

What Truman Can Teach Trump - WSJ
Lo que Truman podría enseñarle a Trump

Como se puede comprobar, la idea de “arrasar” un país no es nueva.  Lo novedoso es que Trump amenaza con acabar con toda una civilización.  De allí que surjan voces acusándolo de promover un genocidio.  Entre ellas, la del mayor general retirado Paul D. Eaton, que tuvo un rol importante en la guerra en Irak, y fue uno de los primeros en

 

reaccionar ante las palabras de Trump.  Eaton afirmó que “borrar del mapa a toda una civilización es la definición de genocidio. Cualquier orden dada en ese sentido debe ser rechazada por todos los miembros del servicio a lo largo de toda la cadena de mando.  Punto.”  No solo condenó lo dicho por Trump, sino que llamó a desobedecer órdenes.

En 1948 Naciones Unidas aprobó la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. El artículo II sostiene que genocidio son “los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”.   El artículo III subraya que “serán castigados los actos siguientes:

a) El genocidio;El genocidio de Israel en Gaza, explicado punto por punto en un informe ...
b) La asociación para cometer genocidio;
c) La instigación directa y pública a cometer genocidio;
d) La tentativa de genocidio;
e) La complicidad en el genocidio.

No cabe la menor duda de que la amenaza de Trump de eliminar “una civilización entera” cuadra perfectamente con la Convención de Naciones Unidas.

El congresista demócrata de California, Ro Khanna, planteó que el Congreso de los Estados Unidos debía impulsar la destitución de Trump.  Su idea fue respaldada por Marjorie Taylor Greene, una de las defensoras más fervientes de Trump en su primer mandato, que renunció a su banca en enero de este año por diferencias con el presidente.  Después de escuchar las declaraciones de Trump sobre Irán, ella afirmó que matar una civilización entera es “maldad y locura”.

Existe una opinión muy difundida de que Donald Trump no está en sus cabales.  Y así se lo trata incluso en las altas esferas de la política mundial.  Es verdad que sus dichos absurdos muchas veces no son respondidos, justamente, porque es cómo discutir con alguien que asegura que la tierra es plana.  Eso permite comprender por qué su amenaza de destruir Irán no ha generado una reacción mundial para frenarlo, ya que muchos no lo toman en serio.

特朗普被开除了,YOU'RE FIRED! 登上推特热搜!El problema es que quedarse solamente con sus frases ridículas y/o contradictorias lo coloca a Trump en el plano de lo psiquiátrico y no se trata de sus capacidades mentales.  Su accionar es político.  A un “loco” se le perdonan muchas expresiones y actitudes ya que se lo considera inimputable. Ponerlo en esa condición a Trump le quita responsabilidad frente a sus dichos y hechos. Hay que decir también que hubo pocos casos de presidentes destituidos por insania o “incapacidad para gobernar”, argumento que se utilizó en Ecuador para destituir a Abdalá Bucaram en febrero de 1997 a menos de seis meses de comenzado su mandato. 

Trump no está loco, aunque lo parezca.  Pero es un peligro para la humanidad porque está al frente de la primera potencia mundial con capacidad para destruir el planeta. 

*Sociólogo y periodista argentino