Groenlandia es la perfieria que se volvió estratégica
Trump y la disputa por la isla del Ártico
Pedro Brieger
La intención de Donald Trump de apoderarse de Groenlandia atrajo las miradas del mundo sobre una isla que pocos conocen y tiene una importancia estratégica de primer orden para varias potencias.
Algunos datos básicos
–Geográfica y geológicamente, Groenlandia pertenece al continente americano. Por su vínculo histórico con Dinamarca suele considerarse parte de Europa, tal como ocurre con Guadalupe y Martinica (Francia), las Islas Caimán y Anguila (Reino Unido) y Aruba, Curazao y Sint Maarten (Países Bajos).
– Es “Europa”, aunque está en América.
–La capital Nuuk está más cerca de Washington (unos 3.300 km) que de Copenhague (unos 3.500 km).
–Es la isla más grande del mundo, con 2,16 millones de km², una superficie mayor que la suma de Francia, Reino Unido, España, Italia y Alemania.
–El 81% de su territorio permanece bajo hielo con capas de hasta 3 km de espesor.
—Tiene poco más de sesenta localidades distribuidas a lo largo de las costas donde viven apenas unas 57.000 personas sin rutas terrestres que las conecten.
–La vida depende del mar (pesca y caza de focas y ballenas) y de una agricultura mínima.
–El Reino de Dinamarca-Noruega estableció y consolidó su dominio colonial sobre Groenlandia en el siglo XVIII. En 1814 se disolvió la monarquía danonoruega. Noruega quedó unida a Suecia hasta 1905 y Dinamarca conservó Groenlandia.
–En 1953, la isla dejó de ser colonia para integrarse al Reino de Dinamarca. En 1979 se le permitió tener gobierno y parlamento propio, mientras Copenhague se encarga de la defensa y la política exterior.
— Desde 2009 Groenlandia tiene la potestad de declarar su independencia si la población local lo desea, sin necesidad de aprobación política previa de Copenhague, aunque mediante un proceso negociado.
–Está habitada mayoritariamente por los inuit, pueblos indígenas del Ártico, originarios de Groenlandia, Canadá y Alaska. Tienen culturas, lenguas y formas de vida propias aunque sin la épica nacionalista clásica. Su identidad se manifiesta por la lengua, la cultura y el control del territorio.
–Durante décadas Dinamarca aplicó políticas de asimilación cultural con la imposición del danés sobre el kalaallisut (lengua inuit)
–Según la Unión Europea alberga 25 de los 34 minerales clasificados como críticos para la transición energética y tecnológica, incluyendo tierras raras, grafito, cobalto y cobre. Se calcula que sus reservas de tierras raras son comparables a las estadounidenses y superiores a las canadienses. China controla aproximadamente el 90% de la capacidad global de refinado de tierras raras, elementos indispensables para la fabricación de turbinas eólicas, vehículos eléctricos, sistemas de guiado militar y prácticamente cualquier dispositivo electrónico avanzado.
–La defensa del territorio está a cargo de Dinamarca, que mantiene una presencia militar limitada para vigilancia, rescate y control del enorme espacio ártico.
–La única base militar extranjera permanente es la Pituffik Space Base, operada por Estados Unidos en el norte de la isla con acuerdo de Dinamarca. 
–Groenlandia se unió a la Comunidad Europea en 1973 como parte de Dinamarca, pero la abandonó en 1985 y mantiene un estatus especial.
Un pasado colonial que no termina
La relación entre Dinamarca y Groenlandia ha sido y es conflictiva por el pasado colonial que en Copenhague siempre han tratado de edulcorar para diferenciarse de los colonialismos clásicos que arrasaron con poblaciones enteras. Esto no quita que la población inuit tenga un resentimiento histórico respecto de Dinamarca.
En 2022 Dinamarca oficialmente pidió disculpas por un experimento social ocurrido en 1951, en el que 22 niños inuit fueron separados de sus familias y enviados a Dinamarca con la idea de educarlos como “pequeños daneses” para luego regresar como una élite que “modernizaría” Groenlandia.
Por otra parte, en 2025 el gobierno ofreció disculpas por un programa de control de la natalidad inuit que se implementó entre la década de 1960 y principios de 1990.
La mayoría de la población apoya la independencia, pero depende demasiado de Dinamarca en infraestructura, comercio, salud y educación como para impulsarla a fondo.
Estados Unidos y Groenlandia
Cuando Trump ofreció comprar la isla durante su primer mandato parecía otro de sus delirios. La reacción del primer ministro danés Mette Frederiksen fue calificarlo de absurdo. Lo que pocos saben es que no es el primer intento estadounidense de hacerse con Groenlandia.
En 1868 el presidente Andrew Johnson exploró la posibilidad de adquirirla. Acababan de comprar Alaska (1,72 millones km²) y estaban interesados en la importancia estratégica de la isla y en sus recursos pesqueros y minerales. En 1910, el embajador estadounidense en Dinamarca, Maurice Francis Egan, sugirió intercambiar territorios ocupados en Filipinas por Groenlandia y otras colonias danesas. Fue una propuesta que no llegó a negociarse oficialmente. En 1946 el presidente Harry Truman presentó una oferta formal para adquirir Groenlandia por 100 millones de dólares en oro, en un contexto marcado por la posguerra y una Dinamarca debilitada por la ocupación nazi. La iniciativa tampoco prosperó.
Como se puede apreciar, la idea de “comprar territorios” no es nueva para Estados Unidos. Más atrás en el tiempo, en 1803, le compró Luisiana a Napoleón Bonaparte, compra que le permitió duplicar su territorio. En 1867 le compró Alaska al zar Alejandro II de Rusia y en 1917
a Dinamarca las llamadas Indias Occidentales (hoy Islas Vírgenes) en el Caribe. Como parte de la negociación reconoció la soberanía danesa sobre Groenlandia.
De la periferia al centro
Groenlandia pasó de ser una “periferia olvidada” a convertirse en un nodo clave del Ártico por el deshielo y las nuevas rutas marítimas, por los minerales estratégicos (tierras raras) y por su posición militar en el sistema de defensa estadounidense. Esto la convierte en un objeto de deseo geopolítico.
Ahora parece atrapada entre tres fuerzas: 1) Dinamarca, que tiene una posición ambigua porque quiere mantenerla sin decirlo. 2) Estados Unidos que la ve como parte de su estrategia geopolítica. 3) China, interesada en minerales e infraestructura.
En el medio, existe una sociedad pequeña que discute cómo dejar de ser objeto de disputa entre potencias y pasar a ser sujeto político. Por estos motivos la aspiración a la independencia es complicada y puede ser utilizada por potencias externas —principalmente Estados Unidos— mientras Dinamarca oscila entre un discurso poscolonial progresista y prácticas que siguen siendo neocoloniales.
El académico danés Ebbe Volquardsen, especialista en la historia colonial de Groenlandia, señala que la isla enfrenta hoy el riesgo de que la aspiración independentista derive en una nueva forma de subordinación geopolítica, marcada por la presión de Estados Unidos y las ambigüedades de Dinamarca.
A Trump no le importa lo que opine la población de Groenlandia, aunque sabe que, mucho antes de que alguien siquiera soñara con fundar los Estados Unidos, los inuit ya estaban allí.
*Sociólogo y periodista argentino