El papa León XIV dio su primer discurso en Uruguay
Se refirió al “bien común”, el cuidado del ambiente, la IA yb la vida desde la concepción.
Luvis Hochimín Pareja
El viaje iniciado este viernes marca el regreso de un Papa a territorio uruguayo tras 38 años, luego de las históricas visitas que realizó san Juan Pablo II en 1987 y 1988.El papa León XIV llegó este viernes a Uruguay, uno de los países más secularizados de América, para dar inicio a una gira de 12 días por Sudamérica, que continuará en Argentina y Perú. En medio de su visita por las tierras uruguayas, su vestimenta llamó la atención de miles de creyentes. Al arribo vistió una muceta roja, donde su significado se relaciona con la autoridad y la tradición.
La muceta es una capa corta de color coral que simboliza la autoridad de jurisdicción episcopal y papal. Tradicionalmente, el rojo fue el color característico del Papa, hasta que San Pío V incorporó el blanco a la sotana en el siglo XVI. Esta prenda se reserva para ceremonias solemnes que no forman parte de la liturgia, como audiencias oficiales, encuentros con embajadores y visitas de Estado. Su uso expresa la dignidad eclesiástica del Pontífice y su condición de máxima autoridad de la Iglesia Católica. Esta muceta forma parte de la vestimenta tradicional del Sumo Pontifice. 
El papa León XIV llegó a la plaza Independencia de Montevideo cerca de las 18.00, y tras una primera oratoria del presidente Yamandú Orsi, se dirigió por varios minutos por primera vez a los miles de uruguayos que lo celebraban en la plaza. León XIV brindó un discurso con varios guiños a la historia y actualidad del país. Destacó las cualidades democráticas de Uruguay y sus instituciones, y llamó a “participar con libertad y responsabilidad en la vida de la sociedad”.
Ante una primera fila ocupada por expresidentes, ministros de gobierno, intendentes, legisladores y otras autoridades, León XIV saludó “a quienes representan a las instituciones de la República” y también “a todos los uruguayos, donde quiera que se encuentren”. En la previa de una visita que lo llevará, además de recorrer Montevideo, también a Florida y Paysandú, dijo que tendrá “la alegría de recorrer algunos lugares de esta tierra, acercarme a su historia y encontrarme con hombres y mujeres que en realidades muy diversas forman parte de la vida del país”.
El papa estructuró su mensaje con referencias a imágenes del monumento a José Artigas que está ubicado en la misma plaza en la que dio el discurso, que recuerda, mencionó, el Éxodo del Pueblo Oriental de 1811, también conocido como La redota. “Voy a detenerme en algunos detalles para usar como punto de partida concreto para mirar al Uruguay de hoy”, señaló. Dijo, por ejemplo, que en lo alto del monumento se lo ve a Artigas solo en su caballo y más abajo “vuelve a aparecer entre sus hombres”.
“Esto trae a la memoria”, recordó, las palabras de Artigas ante el Congreso de las Instrucciones del año XIII, en 1813: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”. “En una frase unía el origen de la autoridad y la responsabilidad de quien la ejerce”, dijo León, para reconocer los más de 40 años de democracia ininterrumpida con distintos gobiernos. “La autoridad pública encuentra su razón de ser en el servicio al bien común”, señaló.
“La creación de riqueza, la inversión, la iniciativa económica, tanto pública como privada, son necesarias para el desarrollo de un país, pero sus frutos han de traducirse también en bienes y oportunidades que alcancen a todos, porque son las personas concretas las que cuentan, cada una de ellas y sus familias”, señaló en un pasaje de su discurso. Además, recordó que “el trabajo está en función del hombre, no el hombre en función del trabajo”, un “criterio que conserva toda su actualidad ante los cambios de la tecnología y la inteligencia artificial”. Es así que advirtió sobre la posibilidad de que “la persona que trabaja no quede reducida a una mera pieza prescindible” ante dichos avances. Igualmente, precisó que el valor de las personas no debe ser determinado por su capacidad productiva.
Además, el pontífice se refirió a la necesidad de combatir “la soledad, la angustia y la perdida de esperanza” y “la dolorosa realidad del suicidio”, para lo que “la cercanía de la comunidad resultan inseparables”. También hubo algunos pasajes en alusión a la ley del aborto, de la que se manifestó contrario de forma velada, defendiendo la vida desde la concepción.
También llamó a trabajar en torno a la discapacidad y la pérdida de la autonomía: “He experimentado en primera persona las limitaciones que impone la enfermedad”, sostuvo, y cuestionó que haya personas que no cuentan con los medios o recursos para tener la atención sanitaria necesaria. “Es una responsabilidad que interpela a toda sociedad”, aseveró. Es así que llamó a brindar “atención de vida a quienes sufren” y que “cada persona pueda vivir con dignidad”, además de “ser acompañada a su término natural de su vida”, en alusión a la ley de eutanasia aprobada el año pasado.
Asimismo, resaltó que Uruguay es un país en el que es posible convivir entre “personas de distintas procedencias y tradiciones”, algo que se manifiesta en el “carácter laico del Estado”. De todas maneras, advirtió que dicha neutralidad “no exige que la dimensión religiosa quede limitada al ámbito privado”, y remarcó que “personas y autoridades religiosas pueden contribuir al bien común”.
“En tiempos en que las controversias pueden convertirse fácilmente en motivo de enfrentamientos”, el papa destacó el rol de Uruguay abocado al diálogo entre países. Llamó a “favorecer espacios de entendimiento y cooperación en la región”, y tras ello, a reconocer la “responsabilidad de unos hacia otros”. De esa manera, manifestó la voluntad de la Iglesia en “colaborar desde su propia misión en cuantos trabajos al bien común y la dignidad de cada persona”.
*Periodista uruguayo, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)