Las trampas de Trump
Pedro Brieger
El martes 3 de noviembre se realizan en Estados Unidos las llamadas “elecciones de medio termino”. Ese día se renuevan las 435 bancas de La Cámara de Representantes, 35 de las 100 bancas del Senado, 36 gobernaciones y varias legislaturas estatales. Como cada estado tiene sus propias reglas y no existe una autoridad electoral nacional única, conviven múltiples sistemas y formas de votar que también pueden ser modificadas por consultas populares.De hecho, no se vota en un solo día y en algunos estados la votación comenzó el l8 de septiembre.
A dos años de la finalización del mandato del presidente esta elección es clave para saber si Donald Trump podrá avanzar con sus proyectos o si el Congreso le pondrá tantas piedras en el camino que le será muy difícil gobernar. Trump es consciente de lo que está en juego y está utilizando al Departamento de Justicia para intervenir y modificar reglas en numerosos estados, pese a que la Constitución le reserva a estos las competencias para organizarlas y administrarlas.![]()
En la «gran democracia del norte» la manipulación electoral no es un invento de Trump. La más conocida se remonta al siglo XIX y tiene nombre: “gerrymandering”. El término surgió en 1812, cuando el gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry, firmó una ley que modificaba los distritos electorales para favorecer a su partido. Un periódico opositor publicó una caricatura de uno de esos distritos, cuya forma irregular parecía unasalamandra. Luego combinó las palabras Gerry y salamander para crear el término Gerry-mander.
Desde entonces se llama gerrymandering a la manipulación de los distritos electorales para distribuir a los votantes de manera estratégica y
conseguir más escaños, incluso sin obtener la mayoría en el conjunto del territorio. La práctica traspasó fronteras y varios la copiaron. Londres aprendió a usarla en Irlanda del Norte para favorecer a los protestantes pro-ingleses en desmedro de los católicos republicanos.
El intento del presidente Trump de interferir en los sistemas de votación tampoco es novedoso. Trump todavía declama a los cuatro vientos que le robaron la elección presidencial en 2020 y por eso busca modificar numerosas reglas para –supuestamente- democratizar el proceso electoral. El esquema electoral estadounidense no deja margen para que el presidente se entrometa; sin embargo, eso es precisamente lo que pretende hacer.
Hay que tener en cuenta que en 20 estados se votan modificaciones a las reglas electorales. Por ejemplo, en California, Arizona, y Nevada decidirán si aprueban medidas impulsadas por los republicanos que imponen nuevos requisitos de identificación para votar; y en Virginia se debate si se deben restituir los derechos electorales de personas que han cometido delitos.
Algunas ideas impulsadas por Trump

— Presentar pruebas de ciudadanía para registrarse.
— Limitar el voto por correo. Esta forma de votar está muy desarrollada y cerca del 35 por ciento de las personas habilitadas lo hizo en la elección presidental de 2024. Según diversos estudios la mayoría que utiliza el correo vota por el Partido Demócrata, y esto explica la obsesión de Trump por hacerlo más complicado.
— Usar bases de datos de inmigración para comprobar la elegibilidad de los votantes. Esto ya provocó la eliminación errónea del registro electoral de algunos ciudadanos estadounidenses.
— Amenazar con retirar fondos federales a los estados que no acepten algunos controles electorales.
— Cambiar o eliminar lugares de votación para dificultar o desalentar el voto en zonas históricamente demócratas.
— Exigir a los votantes presentar un pasaporte u otro documento que demuestre la ciudadanía cuando se inscriban para votar. La medida de mostrar un documento podría impedir que muchas personas votaran ya que se estima que más de 21 millones de ciudadanos no tienen a mano un certificado de nacimiento, un pasaporte o documentos de naturalización.
Estas son algunas de las medidas para generar confusión y reducir la participación, especialmente entre quienes dependen del voto por correo o de los centros de votación anticipada. Y en cualquier país los cambios de último momento inciden en las ganas de ir a votar.
La batalla en el sur
Durante décadas los republicanos han utilizado estrategias aparentemente neutrales pero dirigidas a reducir la representación de la población negra en el sur, de por sí subrepresentada. En varios estados redibujaron los mapas de los distritos del Congreso para dividir las comunidades negras (históricamente votantes del Partido Demócrata) y concentrarlas en menos distritos en un intento de diluir sus votos.
Una de las grandes paradojas de Estados Unidos es la continuidad del mito del “melting pot” (mezcla de culturas) que se usa para describir un país ideal donde personas de distintos orígenes nacionales y étnicos se integrarían y formarían una identidad común. El “melting pot” suena muy bien, pero la discriminación hacia las poblaciones negras y latinas/hispanas se mantiene y es clave al momento de planificar reglas electorales.
En mayo 2026 el New York Post publicó datos sobre la futura modificación racial del país. Allí se podía leer que en 2045 la mayoría ya no sería blanca como lo era en 1980 cuando representaba un 80 por ciento de la población. Conociendo la orientación política trumpista del diario no cabe duda de que el objetivo político de esos datos es acrecentar los temores de la población blanca frente al crecimiento
de la población negra y las “invasiones” de extranjeros.
Hay mucha expectativa por el resultado del 3 de noviembre. Una derrota de Trump alentará las denuncias de fraude de sus seguidores. Pero sea cual fuere el mismo, Steve Bannon, uno de sus estrategas históricos, ya está preparando la próxima batalla. Bannon ahora lidera un movimiento para lograr que Trump se presente a un tercer mandato a pesar de que está impedido constitucionalmente. Su lema parece ser “a cualquier costo”.
Por algo en febrero de 2017 su cara en la tapa de la revista Time estuvo acompañada de la frase “el gran manipulador”.
Son tal para cual.
- Sociólogo y periodista argentino