Brasil: Elecciones, poder y diplomacia
Fernando Ayala
En Brasil hubo sorpresa con los resultados de la elección más esperada en América del Sur efectuada el pasado 4 de octubre. Las encuestas daban por vencedor en la primera vuelta a Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores, PT) quien obtuvo solo el 45.16% de los votos mientras que su contendor, Flávio Bolsonaro (Partido Liberal, PL) alcanzó el primer lugar con 47.03%, en un universo de 158 millones de personas habilitadas para votar. La abstención llegó al 21.08% y los otros 10 candidatos que participaron sumaron casi el 8%.
El voto es obligatorio para las personas entre 18 y 70 años y ahora ambos candidatos disputarán el próximo 25 de octubre el balotaje que determinará quién gobernará al quinto país más grande del mundo que cuenta con una superficie de 8.52 millones de kms2 y una población de alrededor de 220 millones de habitantes. Determinante será la movilización de cerca de 33 millones de votantes que no participaron en la elección, aunque se espera que la mayor parte de los votos favorezcan a Bolsonaro.
Los otros candidatos sostienen posiciones de derecha por lo que favorecerán al candidato ganador de la primera vuelta. Para el presidente Lula, quien está buscando su cuarta reelección, se hará difícil obtener los votos por cuanto el partido de Bolsonaro obtuvo un amplio triunfo en las elecciones parlamentarias que le permitirá controlar la Cámara de Diputados, será mayoría en el Senado y también entre los 27 gobernadores. La apuesta de Lula al buscar un cuarto mandato se ha topado con un baño de realidad, como han sido estos resultados.
Con casi 81 años se enfrenta a un candidato de 45, que además ha elegido a cuatro familiares directos, dos al senado y dos a la cámara de diputados, incluyendo a la actual esposa de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro quien asumirá como senadora, mientras él cumple condena de 27 años por intento de golpe de estado. Es decir, todo un clan que entrará al parlamento y que probablemente una de las primeras medidas de Flávio, de ganar el balotaje y convertirse en presidente de Brasil, será otorgar el indulto a su padre.
Brasil es tierra de sorpresas y muchas cosas pueden pasar, especialmente cuando la diferencia porcentual es de solo 1.9% de los votos, por lo que la elección está abierta y dependerá del mensaje de Lula a los 33 millones que se abstuvieron de votar, que incluye muchas personas mayores, para intentar revertir el resultado. El voto religioso cuenta en Brasil donde el 57% de la población se declara católica y el 27% evangélicos, los que han casi doblado su número en los últimos 25 años.
Flávio Bolsonaro, su hermano y la esposa de su padre, profesan esa fe y han cultivado con mucha habilidad ese nicho electoral. En Las últimas siete elecciones efectuadas en América Latina, entre 2025 y 2026, en Bolivia, Chile, Honduras Costa Rica, Perú, Colombia y Brasil han dado como ganadores a partidos de la derecha. El presidente Trump no ha ocultado su apoyo a Bolsonaro hijo y ha exigido la liberación de su padre. En 2025 sancionó a Brasil con un porcentaje de 50% de aranceles, los que fueron reducido el presente año a 25%. Aquí la explicación es un castigo mucho más político que comercial.
Brasil es una potencia regional fuerte, con un amplio margen de autonomía estratégica debido al tamaño de su economía, población y defensa, por nombrar algunas. Posee sectores industriales desarrollados en el plano militar, aeronáutico, naval, una agricultura moderna y todo tipo de riquezas naturales incluyendo petróleo, tierras raras y litio. Hoy cuenta con una población urbana de 87.4% y 12.6% rural. Las cifras del Banco Mundial para el año pasado muestran un PIB de 2.3 billones de dólares y un ingreso per cápita nominal de 10.700, que, ajustado al poder adquisitivo o PPP (purchasaing power parity), alcanza a 23.433 dólares.
La balanza comercial llegó a 628,49 mil millones que dejaron en 2025 un superávit comercial de 68 mil millones de dólares. Su principal socio comercial es China donde se exportaron algo más de 100 mil millones de dólares, seguido por la Unión Europea con casi 50 mil millones y en tercer lugar Estados Unidos con 38 mil millones. Sin embargo, en inversiones extranjeras, Estados Unidos ocupa el primer lugar seguido de la UE, Japón y China.
Si bien hoy Brasil tiene una situación económica estable, se espera un crecimiento para el presente año de algo más del 2%, la tasa de desempleo alcanza al 5.6% y el FMI señala que la deuda pública llegó en 2025 al 91.6% del PIB lo que genera preocupación. El año pasado el Banco Mundial estimó el índice de pobreza en 20% pese a los exitosos programas aplicados por el gobierno de Lula. Cinco días después de las elecciones, el principal indicador bursátil de Sao Paulo –IBOVESPA- había subido casi un 9% reflejando la confianza de los inversores en un triunfo de Bolsonaro.
La eventual victoria del candidato Flávio Bolsonaro tendrá consecuencias geopolíticas importantes para el continente y también para el medio ambiente. Durante la presidencia de su padre, 2019-2023, disminuyó el control medioambiental provocando un aumento significativo de la deforestación en la Amazonía en comparación a años precedentes. Asimismo, aumentó la tala ilegal para favorecer la agricultura y minería. Se estima que Bolsonaro hijo continuará con esta política sin resguardar adecuadamente el medio ambiente.
En el plano multilateral Brasil ha sido un importante actor defendiendo intereses de los países en desarrollo con una activa participación en Naciones Unidas, en el G-20, los BRICS que hoy llegan a 11 países, la Organización Mundial de Comercio (OMC) y MERCOSUR, entre otras. Ya ha anunciado Bolsonaro que de llegar a la presidencia ingresará al “Escudo de las Américas”, pacto con el que Washington pretende la hegemonía absoluta sobre el continente americano, bajo el concepto de “soberanía continental”, entendida como hacer propio el interés nacional de Estados Unidos.
Probablemente se producirá un radical giro en su política exterior alineándose estrechamente con la Casa Blanca quien privilegiará la relación con Brasil en desmedro de otros países de la región. Hoy los intereses de Brasil son globales y uno de sus principales objetivos ha sido el ingreso al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Es una aspiración asentada firmemente en Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores) y en la opinión pública brasileña, lo que explica la tremenda expansión de su diplomacia reflejada en las 228 misiones diplomáticas de las cuales son 136 embajadas residentes.
El presidente Lula ha sido junto con sus asesores internacionales los grandes impulsores de una diplomacia autónoma, integradora, multilateralista y con fuertes vínculos con los países en desarrollo y en especial con América Latina. Prueba de ello fue el apoyo irrestricto entregado a la dos veces presidenta de Chile, Michelle Bachelet, en su postulación a la secretaría general de Naciones Unidas, tal como lo hizo México y no así el gobierno chileno. También mantiene una activa presencia en la Antártica con una base permanente inaugurada en 1984 con más de 30 investigadores y científicos.

Toda la diplomacia brasilera es profesional, es decir sus embajadores son funcionarios de carrera, tanto así que incluso en los años de las dictaduras militares (1964-1985) la mayoría de sus ministros de Relaciones Exteriores fueron diplomáticos. En los últimos 25 años solo tres políticos han ocupado la cartera de exteriores, pero todos los demás han provenido de Itamaraty. Si Flávio Bolsonaro se convierta en presidente, tendrá un duro dilema respecto a la relación con China, su principal socio comercial y destino principal de sus exportaciones. Asimismo, deberá definir o reacomodar su permanencia en los BRICS, del cual es uno de sus miembros fundadores y que, junto a India y Sudáfrica, han hecho de ese organismo una plataforma para su demanda de ingreso al Consejo de Seguridad.
No está escrito que Bolsonaro triunfe en el balotaje del 25 de octubre. Estos días de campaña intensa, en un país bastante polarizado políticamente, pero con un fuerte sentido y orgullo nacionalista, es un campo fértil para los estrategas de la comunicación política que buscan el mensaje adecuado para convencer a los electores. El desgaste del presidente Lula es notorio: cuatro mandatos, 81 años, campaña de desprestigio que lo tuvo un año y medio en la cárcel para después ser liberado por el tribunal federal y el cansancio de una campaña muy dura.
Por su parte Bolsonaro se apoya en su juventud, promesas de cambio, pero también está cuestionado por el uso de recursos financieros, su falta de experiencia y la dependencia de su padre que es quien ha traspasado su electorado. En lo fundamental, un triunfo de Lula mantendrá viva la esperanza de los sectores progresistas de América Latina, por la autonomía estratégica que mantendría Brasil frente a los Estados Unidos. Si el vencedor es Bolsonaro, el presidente Trump privilegiará la relación con Brasil y tendrá a América del Sur, con la excepción de Uruguay, rendida a sus pies e intentará que los países asuman su concepto de soberanía continental.
* Embajador, economista de la Universidad de Zagreb, Croacia, y Máster en Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Ex Subdirector de asuntos estratégicos de la Universidad de Chile y ex Subsecretario de Defensa.