El hambre afecta a 645 millones de personas en el mundo: se redujo en 2025
Eduardo Camín
El hambre en el mundo se redujo levemente en 2025 pero aún afecta a 645 millones de personas, según un informe publicado este martes por varias agencias de Naciones Unidas que destaca además «sostenidos progresos» en Latinoamérica y el Caribe. Estas previsiones constan en el informe anual ‘El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo’ (SOFI 2026), presentado en Roma por la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo para la Infancia (UNICEF)
Mientras que en 2025 un 7,8 % de la población mundial padeció hambre, en Latinoamérica y Caribe el dato medio fue del 4,8 %, hasta los 32 millones de personas, lo que supone una caída consecutiva desde el 2020 pandémico, cuando en esta misma región ascendía al 6,1 % en esa región.
Desigualdad
es regionales
En términos regionales, los mayores progresos se han dado en Asia y América Latina y el Caribe, mientras que los peores datos están en África. De esos 645 millones de personas hambrientas, casi la mitad se encontraban en África (309 millones), mientras que 292 millones en Asia y 32 millones en América Latina y el Caribe. En el continente africano las estimaciones ven una «interrupción de la prolongada tendencia al alza del hambre»: la proporción de población hambrienta disminuyó del 20,3 % de 2024 al 20,0 % de 2025. Pero esta es solo «una leve mejora porcentual» que «no se traduce en una reducción del número absoluto de personas afectadas debido al crecimiento demográfico» en el continente. La cifra sigue siendo tan escalofriante, como
Cada día 24.000 personas mueren de hambre en el mundo. De ellas, 18.000 son niños de entre uno y cuatro años. Es decir, ocho de cada diez personas que pierden la vida por culpa del hambre son niños muy pequeños.
Sin acceso a alimentos seguros
El estudio también alerta sobre la inseguridad alimentaria moderada y grave, una condición en la que las personas carecen de acceso regular a alimentos suficientes, seguros y nutritivos. La escasez de alimentos es una de las principales causas del hambre en el mundo. En 2025, 2.100 millones de personas, equivalentes al 25,8 % de la población mundial, enfrentaron esta situación, una mejoría respecto al 28,7 % registrado en 2020, aunque el problema sigue afectando principalmente a las zonas rurales y a las mujeres. Por otro lado, mayor envergadura tuvo la inseguridad alimentaria, el hecho de que las personas no tengan alimentos suficientes, seguros y nutritivos. Es decir, el paso previo al hambre.
El informe advierte que la obesidad en adultos continúa en ascenso, al pasar del 12,1 % en 2012 al 16,2 % en 2024, reflejando que una alimentación abundante no siempre significa una nutrición adecuada. Asimismo, el costo promedio de una dieta saludable aumentó de 2,94 dólares diarios en 2017 a 4,28 dólares en 2025, mientras que en América Latina alcanzó los 4,91 dólares, una de las cifras más elevadas del mundo.
Esta situación fue especialmente grave en zonas rurales y también entre las mujeres, advierte el informe. Por contra, la obesidad entre adultos también aumentó: mientras en 2012 afectaba a un 12,1 % de las personas, en 2024 esta cifra creció hasta el 16,2 %. Porque se puede comer mucho, pero mal.
En este contexto, el coste de una dieta saludable también creció a nivel mundial, pasando de los 2,94 dólares en 2017 hasta los 4,28 dólares en 2025. Este encarecimiento fue especialmente elevado en América Latina, donde se alcanzaron los 4,91 dólares.
Lejos del ‘Hambre Cero’
Este escenario, agravado por el impacto de los conflictos en los mercados, como la guerra en Ucrania o la crisis del estrecho de Ormuz, así como por el cambio climático, dificulta la meta de ‘hambre cero’ de los Objetivos del Desarrollo Sostenible de 2030. «Hay una pequeña mejoría, pero estamos todavía estancados. Los números no han mejorado sustancialmente desde que se fijaron las metas del 2030», explicaba Juan Carlos Mendoza, director de Medio Ambiente, Clima, Género e Inclusión Social del FIDA.
Los Objetivos del Milenio fueron adoptados en 2015 pero, según explica el experto colombiano, su consecución se ha visto obstaculizada por la crisis climática, varios conflictos entre 2017 y 2018 y por la pandemia. Y ahora habrá que esperar a conocer el impacto de la crisis en Ormuz aun no especificado en el informe. Por su parte, el economista jefe de la FAO, Máximo Torero, cree que el hecho de que el hambre mundial haya disminuido por tercer año consecutivo demuestra que es «posible avanzar» pero avisa que el progreso sigue siendo «insuficiente» para cumplir la Agenda 2030.
«Las mejoras siguen siendo frágiles, desigualmente distribuidas e insuficientes para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de aquí a 2030. Hay que acelerar los avances», ha afirmado en un comunicado. Porque el informe prevé que, aunque las proyecciones indiquen una reducción continuada del hambre, para 2030 todavía más de 500 millones de personas tendrán hambre en el mundo. El 56 % en África.
La pobreza y la injusticia sociales se han convertido en una de las principales causas de hambre en el mundo. Cerca de mil millones de personas sobreviven con menos de 1,25 euros al día, lo que genera la falta de alimentos, vivienda digna y acceso a los servicios públicos. Todo esto da lugar, a su vez, a que sean excluidos de la sociedad.
Se trata de una lacra, pero también de una amenaza que afecta tanto a niños, niñas, jóvenes, adultos como a ancianos en las regiones más vulnerables. Esta tragedia afecta especialmente a aquellos lugares que no tienen acceso a alimentos, agua potable, atención sanitaria y todos aquellos servicios básicos para una vida digna.
La filantropía y los problemas indisolubles del capitalismo
Actualmente, miles de organizaciones públicas y privadas, junto a los gobiernos, y los filantrópicos de turno llevan a cabo una serie de soluciones para acabar con el hambre en el mundo. Entre estas se plantean mejorar el acceso al agua – por otra parte, ya privatizada – y los sistemas de saneamiento ya que sin duda la alimentación y el agua son dos elementos que están intrínsecamente relacionados. La escasez de este líquido vital y los alimentos van de la mano. Por eso, es esencial garantizar el derecho fundamental del agua y asegurar, así, el acceso a los productos alimenticios.
Por otra parte, se plantea mejorar el desarrollo agrícola y acceso a los alimentos. En efecto la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) ha asegurado cada ano por activa y por pasiva que la producción agrícola mundial alcanza para alimentar a la población del planeta. No obstante, es necesaria una correcta distribución de los productos para que tengan acceso a ellos. Esto es una prioridad clave para mejorar las cosechas de las zonas más pobres de África para que ellos mismos puedan cultivar sus alimentos.
Por otra parte, se ha acrecentado la colaboración científica que camina de la mano para luchar contra la desnutrición y estudia tratamientos novedosos que pueden ayudar en casos críticos.
La inseguridad alimentaria es un problema real que afecta a personas de todas las edades, pero especialmente a niños y mujeres. La situación se ve agravada por la falta de financiación humanitaria para abordar las necesidades de las personas necesitadas. La reducción de la pobreza, la promoción de la agricultura sostenible y la mitigación del cambio climático son clave para combatir el hambre en el mundo.
No obstante, cada año seguimos inmersos en una dialéctica sin fin del capitalismo generador de este mal desarrollo donde la injusticia es la esencia misma de este sistema, y hasta ahora siempre pensamos que esta tragedia afecta especialmente a aquellos lugares que no tienen acceso a alimentos, agua potable, atención sanitaria y todos aquellos servicios básicos para que todo ser humano tenga una vida digna.
Una lacra, transformada en una amenaza que afecta tanto a niños, niñas, jóvenes, adultos como a ancianos en aquellas regiones no solamente en los países más vulnerables, sino que cada vez más se avizora en países emergentes, por esto insistimos en él concepto en el cual no somos víctimas del subdesarrollo … sino de un perverso mal desarrollo.
*Periodista uruguayo residente en Ginebra, exmiembro de la Asociación de Corresponsales de Prensa de Naciones Unidas (ACANU) en Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

