Las bases chavistas, un abajo que comienza a moverse

(260413) -- CARACAS, 13 abril, 2026 (Xinhua) -- Una integrante de la Milicia Bolivariana sostiene una fotografía del fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez, durante una marcha por el 24 aniversario del Día de la Dignidad Nacional y Día de la Milicia Bolivariana, en Caracas, Venezuela, el 13 de abril de 2026. (Xinhua/Marcos Salgado) (ms) (rtg) (ah) (ce)
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Álvaro Verzi Rangel

Cuando los aviones Osprey del Ejército de Estados Unidos cruzaron el cielo de Caracas el pasado 23 de mayo en un innecesario simulacro militar, algo que llevaba meses fermentando en silencio terminó de salir a la luz. Las bases chavistas que durante 27 años sostuvieron la revolución bolivariana —los colectivos, los cuadros de partido, los movimientos populares— se están revolviendo contra el nuevo orden que ha impuesto Washington en Venezuela.

Foro Xinhua/Marcos Salgado

Este simulacro encendió el enojo entre los colectivos y organizaciones de base, los mismos a los que el expresidente Nicolás Maduro llamó el año pasado a tomar las armas si Estados Unidos osaba entrar a Venezuela. “Esto no fue un simulacro, fue una invasión, una demostración de fuerza e intimidación hacia un rival con las manos atadas y con un fusil en la cabeza”, reclamaron desde los colectivos.

En las protestas por el despliegue de Estados Unidos hay grupos diversos. Algunos más enojados con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, y otros más contemporizadores. Pero las quejas y las advertencias son cada vez más abiertas y duras, aunque sigue sin estar claro si son suficientes para poner en aprietos a Rodríguez. El malestar se fragua en silencio desde el 3 de enero, pero hace unas semanas, una guerrilla de influencers chavistas comenzó a levantar la bandera de la traición. Mientras, EEUU prepara una nueva investigación contra Nicolás Maduro y Cilia Flores tras la deportación de Alex Saab, quien según el Mimai Herald “podría ser ‘el arma más valiosa contra’ Maduro”.

Aviones en Caracas

Las bases que durante décadas gritaron “Yankee go home” no saben muy bien qué hacer con eso, sobre todo cuando el fin de semana pasado, el malestar encontró su imagen. Dos aviones militares estadounidenses aterrizaron en Caracas —la misma ciudad que habían bombardeado cinco meses antes— en lo que el canciller Yvan Gil presentó como un “simulacro de evacuación de emergencia”.

A bordo venía el jefe del Comando Sur, el general Francis Donovan, seguido por una veintena de marines vestidos de U.S. Southern Command gets new commander amid tensions over drug boat ...camuflaje. En las calles, pudieron verse algunas pancartas con el viejo grito de “Yankee go home” y hubo tres protestas pequeñas, pero significativas: para muchos chavistas, ver esos aviones en el cielo de Caracas con el permiso del propio gobierno pareció obsceno.

Dos referentes comunicacionales del chavismo, Mario Silva, conductor del legendario programa La Hojilla, y el argentino Diego Suárez, conocido como Michelo, le subieron el volumen a la queja: quienes están en el poder hoy, decían, cooperaron con el encarcelamiento de Maduro y Flores en Nueva York. Las quejas de Silva, por su trayectoria, parecen más atendibles que las de Michelo, que hizo de si mismo una parodia de influencer.

Saab

Hay varios hechos que siguen concatenándose desde la irrupción estadounidense del 3 de enero. Cuando el ruido en las redes sociales parecía haberse rebajado, el propio gobierno venezolano entregó a Alex Saab —el colaborador más cercano de Maduro, convertido en héroe y mártir tras años de campaña en su favor— a la justicia estadounidense. El empresario colombiano es ahora una pieza en manos de Washington que podría ser clave en el proceso abierto contra Maduro.

Ante la enorme polémica que suscitó la entrega, la presidenta encargada Delcy Rodríguez zanjó con una única defensa: que cada decisión tomada desde el 3 de enero ha sido por “el interés de la Nación”.

Una de las protestas del sábado último, convocada por Comunes, una corriente de organizaciones de base de izquierda no ligada directamente al chavismo, derivó en una recogida de firmas contra el simulacro que en pocos días sumó más de 5.000 adhesiones. “La mayoría ha sido chavistas de base, de las estructuras del chavismo”, señala el sociólogo Antonio González: “Hay un sentimiento nacionalista que fue la gran coordenada del chavismo y que su liderazgo ya no está respondiendo.”

“La extracción de Maduro duró 40 minutos y los aviones del simulacro estuvieron unas cuatro horas en el país, pero nos va a tomar décadas sacar a Estados Unidos”, añade González.

Saab y Maduro (Xinhua)
Otras quejas

Los chavistas de base discuten la reforma a la ley de hidrocarburos, negociada a la medida de los intereses de Donald Trump, para agravio de los venezolanos, que hoy tienen un gobierno que no ha sido electo por el pueblo y que por ende carece de fuerza para plantarse ante Washington. La pérdida de soberanía popular ha llevado a Venezuela a la pérdida de la soberanía nacional”.

La periodista y ex funcionaria chavista Mary Pili Hernández le exigió al Parlamento  que aclarara por qué los diputados no habían autorizado la maniobra, como obliga la Constitución para cualquier misión militar extranjera en el país. “¿En qué momento la AN autorizó el ejercicio militar estadounidense en Caracas, en el que estuvo hasta el jefe del Comando Sur?”, escribió en sus redes. Nadie respondió: ni el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), ni la oposición cada vez más proestadounidense. Todos hicieron mutis por el foro.

Elías Jaua, que fue vicepresidente de Hugo Chávez y ministro de Maduro, arreció con sus críticas a la cúpula gobernante: agradeció en un comunicado los gestos de rechazo del día del simulacro y vaticinó el inicio de una “resistencia cívica”. Tal vez el 23 de mayo, escribió, pase a la historia “no como el día en que el ocupante extranjero se atrevió a realizar ejercicios militares en suelo patrio, sino como el día en que inició la resistencia cívica que nos conducirá a recuperar nuestra independencia nacional”.

El diputado Jorge Arreaza —exministro de Chávez y de Maduro— no hizo declaraciones ni firmó comunicados. Se limitó a publicar en sus redes una imagen de la bandera venezolana, el mismo gesto que había usado cuando Trump amenazó con convertir a Venezuela en el estado 51 de la Unión, algo que -de cualquier manera- fue descartado de plano por la misma presidenta encargada.

Mientras, en los círculos de base abundan las dudas. Algunos señalan que se debe rechazar que desde el comando del gobierno -que se dice revolucionario- se pretenda callar las dudas señalándolas como traición y se evite hablar del asalto estadounidense del 3 de enero que asesinó -las cifras nunca se han oficializado- a más de doscientos, entre civiles y tropas, nacionales y cubanas.,  más allá de incuantificables pérdidas materiales, el secuestro del presidente y de su esposa.

Desde ,las bases se señala que todo éstos  son graves delitos internacionales que cualquier país serio debió repudiar. La negativa oficial a dar explicaciones aceptables sobre lo sucedido,  lleva a entrar en el reino de la especulación o del miedo, mientras se debate el enjuiciamiento crítico a la política colaboracionista con el gobierno de Washington adoptada por la jefa del gobierno y, apoyada por el jefe del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Entendíamos que estaban actuando, como ellos suponen, en correspondencia con lo que ellos estimen necesario.

El juicio al tutelaje no es algo usual: es un hecho tan arrogante y violento como cotidiano, presente a lo largo de la historia de todas las naciones, incluyendo las formas “socialistas” conocidas. No se trata de un gobierno electo cumpliendo la palabra contraída en su oferta electoral; sino de una fórmula legal que llena el vacío dejado por el rapto del presidente.