Colombia en elecciones:

Entre las estirpes del pasado y la invención del futuro

30

Juan Alberto Sánchez Marín

En cuestiones electorales, las cábalas son buenas para calcular mejor lo que no va a ocurrir. Y en Colombia las suposiciones de esta clase, por más esperanzadoras que sean, carecen de la presunción de inocencia y siempre huelen a maquinación de los más abusadores. Pocas veces se sabe cómo, pero se las ingenian.

El espejismo de las maquinarias

Aparte de esta redundante advertencia, en el «país de la belleza» los márgenes son difusos: en ellos ocurre de todo y también pueden definirlo todo. Ojalá ahora sea así y la Colombia que no cuenta sume votos. O que, al menos, se los reste a los dirigentes oportunistas que, en cada contienda electoral, salen en pandilla de los señoríos hacia las tierras del olvido.Nutrición | UNICEF

En esos momentos, desde las tarimas improvisadas, les llueven besos espurios a los niños esqueléticos y palabras fraudulentas a las comunidades ávidas de simulación y espejismos. Ojalá sea verdad que la inercia de la infamia está rota, que haya crecido la audiencia de las personas que piensan y que son más las voces contantes y sonantes de la esperanza.

De lo contrario, lo poco o mucho conseguido durante estos cuatro años de ruptura con la amarga tradición de bandidos al frente del país se irá al traste. El país entero quedará al garete; en otras palabras, volverá la nación a su ineluctable “destinito fatal”, para usar términos de Andrés Caicedo, el célebre muerto precoz de Cali.

El miedo a la renovación

Los candidatos del establecimiento no proponen renovación alguna porque nada hay más alejado de su pensamiento. Su obsesión específica es la opuesta: deshacer lo poco que, muy a su pesar, cambió. Quizás ese es el único asunto en el que dejan ver un viso de verdad. Una autenticidad a medias, donde lo “novedoso” será recuperar el estado de postración social del pasado.

Al fin y al cabo, el candidato de ultraderecha y la candidata de extrema derecha ni siquiera son dos caras de una misma moneda; son facciones distintas de la misma faz.

Los nigromantes políticos sostienen que es posible que Iván Cepeda, el candidato del progresismo, gane en primera vuelta. Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero la sola idea horroriza a quienes odian al actual Gobierno y no quieren ver ni en pintura nada que se le parezca.

Si bien andan diciendo por ahí que ninguno perdió un solo centavo en estos años tan aciagos de Petro, cualquiera supondría que algo debieron dejar de sumar en sus ábacos de la avaricia. Pues supondríamos mal, muy mal.

Los datos pétreos

Los datos duros son pétreos: el sistema financiero colombiano (bancos, aseguradoras, corporaciones y fondos de pensiones), por ejemplo, consolidó utilidades cercanas a los 130 billones de pesos. O sea, la friolera de 36 000 millones de dólares.

Al sector corporativo nacional y trasnacional no pudo irle mejor. Los llamados márgenes de rentabilidad registraron crecimientos extraordinarios en todos los sectores. El Grupo Argos quintuplicó sus resultados en 2025 y el Grupo Suramericano los triplicó. Grupo Nutresa reportó incrementos superiores al 62% y el Grupo Éxito obtuvo un crecimiento interanual cercano al 1000% en sus utilidades.

Las multinacionales mineras, en el período 2024-2025, redujeron sus ganancias, pero mantuvieron balances enteramente positivos y sin pérdidas en ningún sector. Paralelamente, firmas del oro, como Mineros S.A. tuvieron una utilidad neta de 145 millones de dólares, un récord reflejado en un crecimiento del 68% en 2025.

Lo que ocurre y acontece en realidad es que las estirpes condenadas a subyugar y enriquecerse deben seguir reinando desde las alturas y por los siglos de los siglos. Les fastidia que no se las endiose como ellas creen que merecen por derecho propio.

Así las alturas no sean sino las encumbradas nubes donde operan… O las de Bogotá, tal cual lo estipuló la espléndida Real Cédula de 1739, suscrita por el poco cuerdo Felipe V, «el Animoso», poco antes de sumirse en su patológico desánimo.

El vasallaje al norte

El servilismo de la élite criolla no se agota en las fronteras patrias ni en el centralismo andino. Los candidatos del establecimiento ofician como dóciles vasallos frente a los designios de Estados Unidos. Ante Washington, son idénticos a la vecina Delcy Rodríguez, despojados del ‘Eloína’ y de las gafas. Paloma tampoco es ‘heroína’ y el Tigre es tigrillo. Contentos, avanzan de rodillas por la ruta pedregosa de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional del imperio (NSS 2025).

Bajo el resucitado espanto del «Corolario Trump» de la Doctrina Monroe, Estados Unidos redefine a nuestro hemisferio: desviste la farsa del conjunto de aliados y deja a plena vista un patio trasero de contención frente a otras potencias extranjeras.Aberlado de la Espriella y Paloma Valencia.

Los candidatos del expresidente Álvaro Uribe, a cambio del respaldo político estadounidense —o ni siquiera de tanto: solo por un guiño de Trump—, están dispuestos a acatar lo que les impongan y a entregar el control de lo que sea: nuestros minerales críticos, puertos e infraestructura estratégica.

Para ellos, gobernar es administrar una colonia obediente que acepta condicionar su economía y militarizar sus políticas migratorias al dictado extranjero. Un modelo donde la soberanía nacional es apenas otra mercancía lista

Los verdaderos dueños del circo

Lo cierto y tangible es que está aceitada y a toda marcha la gigantesca estructura de oligarcas nacionales, gamonales regionales, caciques locales, traquetos y otros especímenes del montón criminal. Estos son los gajes del oficio: infaltables y consabidos.

Uribe y los desaparecidos durante su mandato

Pero el verdadero problema es la superestructura mafiosa que mueve los hilos detrás del bestiario tropical. No son los payasos, que hacen monerías en las palestras públicas, sino los que se visten como tales y no son payasos —recordando al insigne Álvaro Cepeda Zamudio, otro muerto casi precoz de Barranquilla—.

El expresidente Álvaro Uribe y el combo paramilitar se visten de payasos y exigen, a punta de lemas o bala, el voto por no sé quién. Los banqueros se visten de payasos y llaman a votar por el que diga Uribe. Los ricos de los ricos arman fiestas con payasos de circo pobre para que los pobres voten contra ellos mismos: ahí yace la verdadera payasada.

El vicio del poder y nuestro porvenir

Gane quien gane, ellos volverán a olvidar sobre la arena circense, por un tiempo, las pelotas rojas de sus narices de payasos y las reemplazarán con sus cuellos blancos de ladrones. Resurgirá entonces la misma jauría. Aquella que domina a los entes de control y desborda los límites de los poderes públicos cada vez que puede, es decir, cada vez que quiere.

Es la misma fuerza despreciable que, tras siglos carcomiendo la institucionalidad tomada y una democracia sin resuello, hace rato que tiene amarradas las vacas del corral patrio.

O eso creen ellos. O de eso los convencen los medios que pregonan lo que ellos mismos disponen prescribir. No es un círculo vicioso. Apenas es el vicio de los círculos del poder en Colombia. Aquellos, que no necesitan que sus monigotes ganen para seguir haciendo lo que hacen y siendo lo que son, harán siempre de las suyas y nunca dejarán de ser ruines.

Para los colombianos, en cambio, es decisivo saber, así sea de vez en cuando, qué hacen y de qué manera llevan a cabo el saqueo y consumen nuestro porvenir como droga mortífera. En esa elemental diferencia radica que tengamos o no una idea de qué invención ocupamos y cuál país nos habita.

*Periodista y analista político colombiano. Director de dxmedio.com