EEUU, las amenazas a Cuba y un escenario que alarma
Gustavo Veiga

Cualquier escenario concebido por Estados Unidos es alarmante. Porque amenaza a Cuba con injerencias de variada modalidad y escala día a día en su política imperial. Prepara el terreno para una intervención en la isla y evalúa más de un plan, que en todos los casos tendrían consecuencias imprevisibles.
La imputación a Raúl Castro del Departamento de Justicia por el derribo de dos avionetas – que La Habana sostiene violaron su espacio aéreo en 1996 – despejó el camino para una operación militar, como ocurrió el 3 de enero en Venezuela.
Pero hay otros hechos que refuerzan la hipótesis. EE.UU. movilizó tropas desde una base en Puerto Rico hacia el continente, un ejercio que no parece destinado a la guerra en Irán. La estrategia de asfixia económica, mezclada con la retórica belicista del presidente Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, estimulan diversas conjeturas. Desde una invasión a ataques quirúrgicos para secuestrar al último líder de la Revolución vivo o la eliminación de la cúpula que lo rodea.
Hoollywood ha sido prolífico en la construcción de sentido del imaginario estadounidense durante décadas. Algo de eso hay en la teatralización calculada de los halcones de Washington. Trump y Rubio en primer lugar. El presidente dijo que su país “no tolerará que un estado canalla albergue operaciones militares, de inteligencia y terroristas extranjeras hostiles a tan solo noventa millas del territorio estadounidense”.
La combinación de amenazas y pasos friamente calculados demuestra también que no hay lugar para sutilezas en la política exterior de Washington. Su ejército, publicó la BBC “ha estado difundiendo públicamente la ubicación de sus aviones cerca de Cuba en sitios web de seguimiento de aeronaves”. Es una manera de coercionar al gobierno de Miguel Díaz Canel. Una forma de decirle: “Te estamos observando”.
Tampoco es menor la elección de los escenarios para anunciar decisiones clave. Los cargos levantados contra el comandante Castro por asesinato, conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves fueron difundidos en la Freedom Tower de Miami, un monumento de gran peso simbólico para la extrema derecha cubana. Un icónico edificio inaugurado en 1925. Tampoco se eligió por azar la fecha para comunicar la amañada resolución judicial.
Este artilugio jurídico EE.UU se lo impuso a la joven República de Cuba en 1901. Básicamente condicionaba la retirada de las tropas estadounidenses y le otorgaba a Washington el derecho a intervenir en los asuntos internos cubanos y a arrendar territorios para bases navales. Así se apoderó de una porción de su territorio, Guantánamo, donde levantó una fortaleza militar. Y además la transformó en un centro de reclusión y tortura en todo lo que va del siglo XXI tras los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001.
Cuba, ubicada a 90 millas, unos 144 kilómetros de las costas de Florida, soporta un bloqueo que supera las seis décadas y que se profundizó bajo el régimen que conduce Trump. La acción psicológica también es un ingrediente de la política norteamericana. La semana pasada EE.UU. desplegó tropas desde Puerto Rico hasta territorio continental. La información se encargó de hacerla circular el Fuerte Buchanan, unas pocas horas después de que se difundieran las imputaciones judiciales contra Castro.
Esa instalación militar es la más importante de todas las que mantiene Washington en el Caribe. Soldados de una unidad de ingeniería fueron conducidos a un destino no revelado, según el comunicado que difundió Luisa Segarra, coordinadora de movimientos del fuerte.
En noviembre de 2025 también se conoció que el Departamento de Guerra (antes de Defensa) había decidido reactivar la antigua base Roosevelt Roads en Ceiba, Puerto Rico. Estuvo inoperativa hasta 2004, pero hoy se despliegan en sus instalaciones los cazas F-35 bajo la declamada lucha contra el narcotráfico, la coartada histórica de Estados Unidos para intervenir en países de la región. La base que homenajea con su nombre al 32° presidente de EE.UU despierta recuerdos ingratos por la crisis de los misiles en 1962 ya que fue utilizada en plena Guerra Fría.
Peter Kornbluh, periodista, escritor y analista estadounidense que trabaja en el Archivo de Seguridad Nacional, piensa que “un ataque a Cuba, una operación de las Fuerzas Especiales para capturar o asesinar a Raúl Castro, sin duda está sobre la mesa. Y una serie de ataques quirúrgicos estratégicos contra objetivos cubanos, objetivos militares, que intenten, esencialmente, eliminar a la cúpula militar cubana, también están sobre la mesa”.
