«Mona»: La bajeza de la oposición venezolana en Madrid

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Álvaro Verzi Rangel

El 19 de abril de 2026, cientos de venezolanos se congregaron en la Puerta del Sol de Madrid para recibir a María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, quien recibía la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid. En ese escenario, el cantante Carlos Baute arengó a los asistentes con una frase: «¡Fuera la mona!». Cientos de personas la corearon.

Delcy Rodríguez, la insultada

La pregunta que en ese momento quedó suspendida en el aire no es menor: ¿Puede un movimiento que dice luchar por la libertad reproducir el mismo lenguaje que históricamente han usado las élites para excluir y humillar al pobre? La respuesta es simple: Machado, a punto de cumplir los 60 años, es precisamente representante de las elites: es fundadora y coordinadora nacional del movimiento político Vente Venezuela, cofundadora de la asociación civil  Súmate -experta en fraudes electorales- e integrante de la plataforma  Soy Venezuela.

El blanco era Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela, mujer mestiza de origen popular, la primera en ejercer ese cargo en la historia del país. El agresor, un cantante venezolano nacido en Tenerife. Machado, investida por la prensa derechista como la líder opositora venezolana, promovida por sucesivos presidentes estadounidenses desde George Bush en 2002, no tiene, según  Donald Trump, arraigo popular.

La embajadora venezolana en España, Gladys Gutiérrez, condenó dichos cánticos, indicando que «constituyen una manifestación inaceptable de discurso de odio», por lo que expresó «sus más sinceras disculpas» al pueblo español, que conoce «en su propia historia el horror del fascismo y de los crímenes de odio, y a todas aquellas personas que hayan podido sentirse ofendidas»

El propio Baute intento disculparse: «Vengo de una familia venezolana, crecí dentro del folclor, de la unión, estudié el folclor venezolano y siempre he defendido sus valores y he luchado contra la injusticia. Por eso quiero ser muy claro y determinante: no soy una persona racista, no soy racista, ni creo en el insulto como camino»,  aseguró Baute en sus redes sociales. Los hechos corroboran otra cosa.

A Chávez, la derecha también lo calificó de «mono»

«Mona» no es un insulto aleatorio ni una ocurrencia de una tarde de primavera. Es una pieza reconocible de un repertorio racista con décadas de uso documentado en Venezuela. Entre 2002 y 2013, medios privados venezolanos utilizaron expresiones similares: «ese mono», «marginal», «chaburro» para referirse a Hugo Chávez, cuyo fenotipo afroindígena lo convertía, a ojos de ciertos sectores, en blanco legítimo de la discriminación, señala Oscar Schemel en Hinterlaces.

El análisis académico publicado por Sinpermiso describe esas representaciones como expresiones de «un inveterado desprecio racista hacia la gente de ascendencia africana». El artículo sobre racismo en Venezuela de Wikipedia también documenta que desde sectores de la oposición «se hizo común el uso de insultos como «monos» y «muertos de hambre», así como otros de tintes racistas y clasistas».

Está claro: Lo que ocurrió en Madrid no fue una excepción. Fue la continuación de un patrón, de una cultura de élites, de fascismo corriente.