Los palestinos y el Día de la Tierra: A 50 años de la histórica huelga

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Pedro Brieger

El 30 de marzo de 1976 se realizó la primera huelga general de la minoría árabe dentro del Estado de Israel, conocida como “Iaum el ard” (Día de la Tierra).   Un hito en la historia del pueblo palestino.  

Esta huelga fue la respuesta de la población árabe contra el plan de expropiaciones de tierras del gobierno para «judeizar» aquellas zonas en las que había una mayoría árabe.  El plan consistía en una masiva expropiación de tierras de aldeas árabes para construir localidades que fueran habitadas sólo por judíos; algo similar a lo que se hace hoy en Cisjordania, el territorio que Israel ocupa desde 1967.Historia - Un día como hoy, el 30 de marzo de 1976, se inició una ...

El epicentro entonces era la región del norte, conocida como Galilea, y en áreas cercanas a la milenaria ciudad de Nazaret.

Para esa época en el lenguaje oficial y en el de la mayoría de los medios de comunicación israelíes los palestinos eran una entelequia. A la minoría árabe se la identificaba por su pertenencia religiosa (musulmana, cristiana o drusa), negándole una identidad nacional. Por eso el famoso poema “Soy árabe”, que había escrito Majmud Darwish unos años antes, se convirtió en símbolo de pertenencia a un pueblo.

La huelga vivida desde adentro

En esa época solo algunos grupos minoritarios de la izquierda israelí alzaron su voz contra las expropiaciones de tierras.  Yo vivía en Israel desde 1974 y había aprendido en detalle lo que había significado la expulsión de los árabes en 1948, lo que más tarde sería conocido como la “Nakba”.  En 1976 era consciente de la discriminación hacia la minoría árabe y me sumé a quienes apoyaban la huelga, que había sido declarada ilegal por el gobierno.

Ese 30 de marzo salimos con mi amigo y compañero Iakov desde el puerto de Haifa rumbo a Nazaret.  En la parada de taxis nos esperaba, como siempre, una persona mayor que, con voz agrietada y arenosa, vociferaba “Al-Nasre Al Nasre” (Nazaret en árabe).  Causaba gracia porque todo el mundo sabía que ese taxi tenía a Nazaret como único destino.  Además, ya nos conocía: habíamos ido varias veces para expresar nuestro apoyo al alcalde Taufik Zaiad, del Partido Comunista (Rakaj), uno de los principales convocantes de la huelga y una de las figuras más respetadas de la población árabe.

Al llegar a Nazaret nos dimos cuenta de que el clima era diferente al habitual por la gran presencia policial que no auguraba nada bueno. Con Iakov recorrimos las calles repartiendo volantes de apoyo a la huelga.  Dos judíos eran una rareza en la ciudad, y la policía fue la primera en darse cuenta. Por eso trató de echarnos.  Pero conocíamos muy bien la ciudad y sabíamos que la población local nos ayudaría.  Y así fue: todas las puertas se nos abrieron de par en par y, protegidos por los propios vecinos, logramos eludirla.

A la tarde comenzó a circular la noticia de que en otras ciudades había seis muertos por la represión.  

Uno de ellos, Muhsin Taha, de quince años, había sido asesinado en Kufr Kanna, un poblado situado a escasos seis kilómetros de Nazaret, mencionado en el Nuevo Testamento como el lugar donde Jesús convirtió el agua en vino.

Poco tiempo después de “Iaum el Ard” Iakov partió hacia Nueva York y, en solitario, acompañé a los familiares de Muhsin en Kufr Kanna.   Siempre me recibían con los brazos abiertos y puedo dar fe de que en sus olivares se producía el mejor aceite de oliva del mundo.  Allí conocí de cerca el drama de familias numerosas que no podían ampliar sus casas porque el Estado lo impedía. 

Y si se atrevían a hacerlo se las demolían.  Simplemente porque eran árabes.   Lo poco que tenían –y realmente era muy poco- lo compartían en cada desayuno o cena con quienes los visitaban.  En Kufr Kanna pude confirmar en la práctica que el vínculo judío-árabe se puede construir en base al respeto mutuo.

“Iaum el Ard” sirvió también para reforzar la conciencia de que los palestinos que vivían dentro de las fronteras del Estado de Israel creado en 1948 eran parte de un solo pueblo, independientemente de donde estuvieran.  La mayoría había sido expulsada de sus tierras y vivía en campamentos de refugiados en la Franja de Gaza (Egipto), Jordania, Líbano y Siria. 

Muchos otros habían recalado en países árabes más alejados (Irak y Kuwait) o habían llegado a Europa y Estados Unidos. Aquellos que habían permanecido dentro del Estado de Israel prácticamente se habían desconectado del resto hasta 1967, cuando Israel ocupó Cisjordania y Gaza.  “Iaum el Ard” los reconectó y pasó a ser una fecha importante para todos los palestinos, vivan donde vivan.

 

  • Sociólogo y periodista argentino