Las amenazas de Trump empiezan a encontrar respuesta

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Mundiario

La crisis de Groenlandia en Davos marca un punto de inflexión: aliados que durante años optaron por el apaciguamiento ensayan ahora un rechazo más claro al lenguaje de la intimidación.

Con Donald Trump el guion se repite con una precisión casi mecánica: primero la amenaza, después la marcha atrás parcial si la respuesta no es sumisa. En el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente de Estados Unidos descartó el uso de la fuerza para hacerse con Groenlandia, pero insistió en su voluntad de comprarla. La rectificación no cerró la crisis. Al contrario, confirmó que el objetivo principal sigue siendo tensionar el tablero y comprobar hasta dónde llega la resistencia del otro lado.

DAVOS SWITZERLAND – Jan 19 2017: Emblem of the World Economic Forum in Davos (Switzerland)

El episodio adquiere relevancia porque empieza a encontrar un clima distinto entre los aliados tradicionales de Washington. En Davos se percibió un hartazgo creciente ante un discurso que combina inexactitudes, provocación y un tono de advertencia apenas velado. Trump habló de Groenlandia como “un trozo de hielo”, despreció la capacidad de Dinamarca para defender su propio territorio y presentó la anexión como una necesidad estratégica inevitable. El mensaje, más que convencer, terminó por irritar.

La maniobra nocturna en su red social, anunciando vagamente “las bases de un futuro acuerdo” tras reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ilustra bien el método: insinuar concesiones, retirar amenazas concretas –como los aranceles– y dejarlo todo en una nebulosa calculada. El foco vuelve a situarse en Trump, mientras el contenido real permanece difuso.

“Trump vuelve a amenazar y a recular, pero el desgaste entre sus aliados ya es visible. Europa y Canadá elevan el tono ante una diplomacia basada en la presión”.

Sin embargo, algo se ha movido. Francia propuso activar una misión de la OTAN en Groenlandia, y el presidente francés, Emmanuel Macron, elevó el tono para subrayar que la defensa del territorio danés es también una cuestión europea. La Unión Europea, por su parte, anunció un paquete de apoyo económico destinado a reforzar el vínculo del territorio autónomo con el proyecto comunitario. Son gestos aún prudentes, pero marcan distancia frente a la pasividad de etapas anteriores.

Una lógica de abusador

Desde el ámbito intelectual, el historiador Adam Tooze, de la Universidad de Columbia, puso palabras a una sensación compartida en los pasillos de Davos: el trumpismo responde a una lógica de abusador que solo se frena cuando el interlocutor se planta. Europa, sostiene, no puede seguir reaccionando con incomodidad educada a un lenguaje que busca imponer jerarquías.

La sorpresa más nítida llegó desde Canadá. El primer ministro Mark Carney defendió sin ambigüedades a Dinamarca y advirtió contra el espejismo del apaciguamiento en un mundo donde las grandes potencias vuelven a medir fuerzas sin demasiados complejos. Hablar claro, dijo, no resuelve los conflictos, pero evita normalizar la intimidación.

La importancia estratégica de Groenlandia es indiscutible, pero el conflicto va más allá de un territorio ártico. Lo que está en juego es si las relaciones entre aliados se regirán por reglas compartidas o por ultimátums. En Davos empezó a vislumbrarse una respuesta distinta: menos sorpresa, menos temor y más rechazo explícito. Tal vez no baste para frenar a Trump, pero sí para marcar un límite que durante demasiado tiempo se dio por inexistente.