Adiós al mutilateralismo: El mundo ya no coopera, se protege

43

Aram Aharonian

  En su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos, el primer ministro canadiense Mark Carney describió el final del multilateralismo como una ruptura y no como una crisis pasajera: es que cuando la economía se convierte en arma, la política deja de fingir.

 Davos suele (o solía) ser el lugar donde las palabras se amortiguan con alfombra, pero este martes el primer ministro de Canadá  no decidió murmurar, sino que subió al estrado para decir algo que en los foros mundiales –y no por educación- se evita: el mundo ya no está cambiando de fase, está rompiéndose.

 Carney dejó una frase que resume la época: si no te sientas a la mesa, acabas en el menú. Las potencias intermedias —ni imperios ni satélites— empiezan a moverse juntas porque negociar en solitario frente a un hegemón es aceptar las condiciones del más grande. Y ese aprendizaje, que antes era teórico, ahora es práctico. 

 Carney defendió sin ambigüedades a Dinamarca, condenó las pretensiones de Trump sobre Groenlandia, y advirtió contra el espejismo del apaciguamiento en un mundo donde las grandes potencias vuelven a medir fuerzas sin demasiados complejos. Hablar claro, dijo, no resuelve los conflictos, pero evita normalizar la intimidación. 

 Mientras Donald Trump ha afirmado en varias ocasiones que desea que Canadá se convierta en el 51º estado estadounidense, el ejército canadiense ha modelizado un escenario de invasión, según el diario ’Globe and Mail’. Sería la primera vez en más de un siglo que Ottawa contempla teóricamente un ataque estadounidense contra su territorio.

El canadiense no usó palabras bonitas ni simbolismos. Dijo que no hay transición, sino fractura y sin mirar a Donald Trump afirmó que hay potencias que han aprendido a usar la economía como si fuera artillería pesada, algo de lo que América Latina conoce bien y de primera mano. Nadie dudó de a quién se refería el primer ministro de un Canadá.

Carney mostró a los presentes en Davos un mapa con cadenas de suministro convertidas en trampas, infraestructuras financieras utilizadas como instrumentos de presión, aranceles como castigo político. Lo que durante décadas se vendió como integración se parece ahora a una red de dependencia gestionada por los más fuertesEl beneficio mutuo, vino a decir, solo funciona mientras es mutuo. Cuando deja de serlo, se llama subordinación.

 Que ese diagnóstico se pronunciara en Davos, templo de la globalización feliz, tiene algo de aviso tardío. Pero no es retórica: los gobiernos ya están actuando como si el sistema hubiera dejado de protegerlos. Carney no lo presentó como una ideología, sino como una reacción defensiva. Si las normas no te cubren, te cubres tú. 

 El primer ministro canadiense no habló de proteccionismo, pero tampoco lo evitó. Habló de autonomía alimentaria, energética, financiera. De minerales críticos. De industrias domésticas. Y, en el fondo, de algo que hasta hace poco sonaba a herejía liberal: soberanía económica como condición de supervivencia políticaAutonomía estratégica es la palabra que antedaba miedo.

Canadá, que se reivindica como actor estratégico (por su energía, minerales, capital, talento) anunció, duplicará su gasto en defensa y está tejiendo una red de acuerdos bilaterales que esquivan el viejo multilateralismo. Unión Europea, Mercosur, ASEAN, India. Geometría variable, lo llamó. Una diplomacia de alianzas móviles para un mundo donde los pactos universales ya no valen.La frontera entre Canadá y Estados Unidos, cerrada hasta enero | Expreso

En un mundo más dividido e incierto, Canadá está construyendo una economía más fuerte, independiente y resiliente. Para ello, el nuevo gobierno canadiense trabaja para diversificar sus alianzas comerciales y catalizar nuevos y masivos niveles de inversión. Como segunda economía más grande del mundo, China presenta enormes oportunidades para Canadá en esta misión, señaló.

Al aprovechar nuestras fortalezas y centrarnos en el comercio, la energía, la agroalimentación y áreas donde podemos obtener grandes beneficios, estamos forjando una nueva alianza estratégica que se basa en lo mejor de nuestro pasado, refleja el mundo actual y beneficia a los pueblos de ambas naciones, señaló Carney. 

No fue un discurso de ruptura, pero sí de fin de la ingenuidad. Carney  también habló de Ucrania, de la OTAN y del Ártico, donde Canadá se alinea con Dinamarca y Groenlandia frente a las presiones estadounidenses. La mención no fue casual. El nuevo conflicto no está en las fronteras, sino en los recursos, y el hielo se ha convertido en territorio político.

Submarinos nucleares

La defensa del artículo 5 de la OTAN suena, en su boca, menos solemne que urgente. Radares, submarinos, presencia terrestre. La seguridad ya no se formula en abstracto: se construye, se paga y se despliega. Davos escuchó en silencio. No hubo aplausos entusiastas ni titulares optimistas. 

Lo que quedó claro fue algo que se intuía: el orden global ya no se sostiene por confianza, sino por capacidad de resistencia. Durante décadas se acostumbró a llamar cooperación a lo que ahora se parece demasiado a una negociación entre (demasiados) desiguales.

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)