A un año de su retorno, Trump alborota el avispero local y mundial
Mirko C. Trudeau
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, empezó el martes, día del primer aniversario de su regreso al poder, revolviendo el avispero del «orden» mundial, con una serie de mensajes en Truth, antes de viajar rumbo al Foro Económico de Davos para reunirse con las contrapartes de los poderes económico, político y tecnológico mundiales. Pero antes de partir, se le dio por hablar por casi dos horas, sustituyendo a su portavoz, Karoline Leavitt.
Fue un monólogo de más de 80 minutos, logrando confundir a los periodistas al saltar de un tema a otro, de la política casera a la internacional y de los hechos a sus habituales exageraciones. Su popularidad está en negativo desde hace más de 300 días, y las encuestas indican que los estadounidenses no están contentos con la marcha de la economía (en especial el costo de vida), con la excesiva atención a los asuntos internacionales antes que a la agenda doméstica, y con la campaña de terror anitimigratorio que está desplegando por ciudades de todo el país.
Trump cumple su primer año de regreso a la presidencia un par de semanas después de haber ordenado una operación militar para secuestrar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo que parece haberle envalentonado en el tablero internacional, y en mitad de una campaña de presión global para hacerse con Groenlandia a base de amenazar a sus socios europeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y de la Unión Europea con nuevos aranceles.
El 20 de enero de 2025, el próximo martes hará un año, Estados Unidos emprendió una huida hacia el abismo: fueron 12 meses de vértigo autoritario en el que el mundo ha asistido al deterioro, tal vez sin remedio, de una de las democracias más antiguas, instalado en la impredecible cabeza del hombre más poderoso del planeta, que resulta ser también uno de los más caprichosos.
Y debocados: Hacia el final, le preguntaron hasta dónde estaría dispuesto a llegar en su afán imperialista de comprar o hacerse de otro modo con Groenlandia: “Ya lo descubrirán”, dijo.
“Hemos hecho más que ninguna Administración previa a esta”, proclamó -con cierto aire desdeñoso- al principio de su comparecencia, que empezó con casi una hora de retraso y en un tono extraño. Tras asegurar a los periodistas presentes su convicción de que Dios estaba “orgulloso” de él, insistió: “Heredamos un desastre, un país que estaba roto. Y la imagen ahora es hermosa”.

Y mientras barajaba unos papeles con fichas policiales de presuntos delincuentes de Minnesota (“en muchos casos, son asesinos, capos de la droga, traficantes”, dijo), y aprovechaba para atacar a algunos de sus enemigos, a los que llamó “enfermos”, y repetir mentiras como la que sostiene como mantra, aún más de cinco años después, que los demócratas le “robaron” la elección de 2020. Más incoherencias que de costumbre.
Al principio de su intervención se centró en Minnesota, el estado demócrata al que puso en las últimas semanas en el punto de mira por un caso de corrupción por el que ha responsabilizado a toda la comunidad somalí, y, en especial, a la congresista de ese origen, Ilhan Omar. Su Administración también ha convertido su ciudad más poblada, Mineápolis, en el escenario de los peores enfrentamientos entre los agentes federales del ICE enviados por Washington para organizar redadas de migrantes y los manifestantes.
Antes de reunirse con los periodistas, su equipo de prensa difundió un documento de 18 páginas con los «logros del primer año» de Trump.2, prueban con 365 puntos que según él una “nueva era de éxito y prosperidad” en Estados Unidos. Trump enarboló un libro gordo desde el podio de la sala de prensa, en lo que parecía una especie de versión extendida de ese texto, y dijo: “Podría estar durante una semana leyendo estos logros y no terminaría”. Minutos después, lo blandió de nuevo y lo tiró al suelo.
La lista difundida a los medios viene dividida en 10 categorías, con títulos que se refieren, por ejemplo, al “blindaje de las fronteras estadounidenses”, la “reconstrucción de la economía” o los esfuerzos por “hacer que Estados Unidos sea saludable de nuevo”. Entre esos 365 puntos, hay hechos contrastados, exageraciones e interpretaciones reñidas con la realidad, tal como es habitual en él, pero no hay referencia alguna a la manera en que Trump aprovechó su
posición para aumentar su riqueza:: según The New Times, su riqueza «engordó» más de 1.408 millones de dólares.
«Un trabajo más que redituables», señaló el más veterano de los periodistas, tras la tediosa repetición de los argumentos ya conocidos: que bajó la inflación (sigue alrededor de los mismos guarismos que dejó su antecesor Joe Biden), que las empresas están retornando a EEUU y en que él ha abaratado el precio de los medicamenos
Cuando habló a la prensa, el presidente de Estados Unidos repitió argumentos conocidos. Se centró en defender que había bajado la inflación, aunque sigue más o menos en el punto en el que la dejó su predecesor, Joe Biden. En que las empresas “están volviendo a Estados Unidos” y en que ha abaratado el precio de los medicamentos. También presumió del bajo costo de la gasolina .
Presumió, asimismo, de haber desplegado la Guardia Nacional en varias ciudades (especialmente orgulloso se mostró del caso de Washington, sobre la que mintió al decir que en ella “virtualmente ha desaparecido la delincuencia”), así como de haber “cerrado la frontera”. “Heredamos la peor [situación en la] frontera de la historia y la convertimos en la mejor”, sentenció.
Insistió asimismo en su defensa de los aranceles, ahora que el Tribunal Supremo está a punto de emitir una sentencia que podría declararlos inconstitucionales. Y aprovechó para atacar a los demandantes del caso y presionó una vez más a los jueces que lo están estudiando para que no tumben su política comercial.
La hiperactividad de un presidente con los días contados (no solamente por sus 79 años, sino porque la Constitución, salvo que él la cambie, le impide presentarse de nuevo en 2028) se ha traducido en una lista imposible de resumir de decretos y decisiones ejecutivas que afectan a todos los órdenes de la vida estadounidense y que han alterado los equilibrios de poder del mundo.
En el ámbito de la política internacional, presumió de haber logrado que los miembros de la OTAN aumenten su gasto en defensa hasta el 5% del Producto Interior Bruto (“he hecho más por esa organización más que nadie en la historia”, aseguró), recordó su ataque de junio pasado al programa nuclear iraní y aseguró que Estados Unidos vuelve a “ser un país respetado”.
“El mundo nunca ha visto una operación militar como la que lanzamos” contra Venezuela, proclamó, antes de insistir en una de sus exageraciones favoritas: “Hemos acabado con ocho guerras en 10 meses”.Se detuvo un par de veces en la opositora venezolana y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, a la que se refirió solo por el nombre de pila, y agradeció que le diera su galardón en el Despacho Oval la semana pasada. “Tal vez podamos involucrarla de alguna manera. Me encantaría poder hacer eso”, afirmó.
Los medios resaltan que no es habitual que el presidente se deje ver por la sala de prensa de la Casa Blanca. La última vez que lo hizo fue en agosto pasado, para anunciar su orden de desplegar la Guardia Nacional en Washington.
La comparecencia de este martes llegó después de una mañana en la que empleó Truth para atacar a la OTAN, para repostear sin parar noticias de la prensa elogiosos con su desempeño en los últimos meses o para presumir del Servicio de Control de Inmigración hy Aduanas (ICE) que ha convertido en el ariete con el que trata de cumplir con una de sus promesas de campaña: lanzar “la mayor deportación de la historia” del país.
Durante su intervención, el presidente de Estados Unidos se maravilló en varias ocasiones de que la “mayor parte” de esos agentes y de los de la Patrulla Fronteriza sean “hispanos”.
Sin comentarios. Como la foto retocada que usamos de principal.
*Politólogo y analista estadounidense, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)