El incierto plan de Trump: Venezuela como laboratorio

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Pedro Brieger

Días antes de la asunción de Donald Trump a su segundo mandato (20/01/25), el amarillista New York Post acuñó la frase “Doctrina Donroe”. Con ello se refería a las ambiciones de Trump sobre Groenlandia, su intención de renombrar al Golfo de México como Golfo de América, o a que Canadá pueda convertirse en el Estado 51 de la nación.

Lo que parecía un provocador juego de palabras mediático de un periódico afín al presidente fue ratificado de manera formal en noviembre de 2025 en el documento titulado “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos”.  

Este documento desempolvó de manera clara y contundente la Doctrina Monroe, la misma que, en 2013, John Kerry -como Secretario de Estado de Barack Obama- afirmaba que había muerto.  La “Doctrina Donroe” y la justificación de Trump para incursionar en ...

En su página 15 el texto oficial afirma: Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental y para proteger nuestro territorio y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores extra hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio. 

Este ‘Corolario Trump’ de la Doctrina Monroe es una restauración de sentido común y de gran potencia del poder y las prioridades de Estados Unidos, coherente con los intereses de seguridad estadounidenses”.   Tan claro como el cristal.

El documento refuerza la visión de Estados Unidos como única potencia hegemónica con derecho a tener acceso a los recursos de América Latina (petróleo, minerales, etc), evitar que otras potencias globales tengan influencia (China, Rusia) y se muestra abiertamente dispuesto a intervenciones militares donde lo considere conveniente.  

Conociendo la historia de la Doctrina Monroe se podía pensar que Trump anunciaba su intención de invadir países o a impulsar golpes de Estado.  Sin embargo sorprendió al mundo al secuestrar a Nicolás Maduro y su compañera Cilia Flores.  Un hecho sin precedentes.   

Ni siquiera los franceses se atrevieron a hacer algo así en “su” África (“France-Afrique”) aunque eran (son) expertos en golpes palaciegos.   Tampoco es comparable a la captura de Manuel Noriega en Panamá en 1989 porque Estados Unidos primero invadió; ni con el secuestro de Bertrand Aristide en 2004 en Haití porque había una insurrección en curso. 

Secuestraron a un presidente sin invasión terrestre y sin revuelta local.

Más allá de lo obvio (la violación del derecho internacional, la apropiación del petróleo y la geopolítica) el gran problema es que no logramos descifrar a Trump.  Las categorías de análisis tradicionales no parecen servir cuando se trata de comprender cómo actúa.  En el contexto actual sus palabras sobre María Corina Machado son un ejemplo.  Literalmente la despreció en una de sus conferencias de prensa. 

¿Cómo se explica, cuando ella acaba de obtener el premio Nobel de la paz? ¿No sería la mejor candidata ya que es reconocida en todo el mundo?  Pero tal vez la desprecia porque siente que le “robó” el Nobel que él decía merecer y por el que hizo lobby abiertamente y sin pudor.  Trump rompe todos los moldes y para entenderlo nunca hay que dejar de lado sus impulsos o motivaciones personales.

Irak: el antecedente que pesa

Es muy probable que los organismos de inteligencia de Estados Unidos hayan estudiado con minuciosidad la experiencia de la invasión a Irak en 2003.  Entonces, en poco más de un mes, lograron derrocar a Saddam Hussein y tomar el control del país.  George W. Bush nombró a Paul L. Bremer III como Enviado Presidencial para dirigir Irak con poderes absolutos y sin participación ni consulta de iraquíes.

Además de Saddam Hussein, Bremer persiguió a todos los ministros, descabezó la estructura estatal, prohibió al Partido Baaz, impulsó la “desbaazificación” y expulsó a decenas de miles de funcionarios, docentes, técnicos y burócratas.  Por otra parte, disolvió el ejército dejando a más de 400 mil soldados sin empleos ni salario.  Éstos, al estar armados, con experiencia militar y redes territoriales, fueron el germen de la posterior insurgencia contra Estados Unidos. 

En ese momento algunas voces señalaron que la decisión de destruir la institucionalidad existente era un error estratégico ya que no dejaron actores locales en pie para liderar una transición.  También hay que decir que en Irak la principal oposición a Saddam Hussein estaba conformada por diferentes grupos islámicos (muchos ligados a Irán) y que no había una vibrante sociedad civil ni partidos opositores como existe en Venezuela. 

La oposición al chavismo

En primer lugar hay que aclarar que existen muchos partidos y grupos opositores importantes en Venezuela, aunque divididos y enfrentados por tácticas, estrategias y ambiciones personales. 

Trump no se equivocó al decir que María Corina Machado “no cuenta con apoyo ni respeto dentro del país”.  Sí hay que reconocer que ella supo construir con inteligencia una imagen de fuerte representatividad, apoyada en su presencia mediática, su dominio del inglés y su habilidad para moverse, tejer alianzas y obtener respaldos —en particular en los sectores más recalcitrantes del antichavismo en Estados Unidos.  La frutilla del postre fue el Premio Nobel.María Corina Machado y su Propuesta de Compartir el Nobel de la Paz con ...

Durante varios años la Mesa de Unidad Democrática fue la principal plataforma opositora.  En 2912 realizó primarias abiertas para enfrentar a Hugo Chávez.  Henrique Capriles arrasó en ellas con el 62 por ciento de los votos, mientras que María Corina Machado ni siquiera llegó al cuatro por ciento.  Capriles apostaba a ganarle al chavismo en elecciones, mientras que Machado cuestionaba la legalidad institucional con un discurso combativo de ruptura. 

Capriles perdió las elecciones contra Chávez en 2012 y seis meses después contra Maduro, quedando muy herido políticamente por las dos derrotas.   En 2014 María Corina Machado, Antonio Ledezma y Leopoldo López impulsaron una insurrección que denominaron “La Salida”, pero fracasaron en su intento de derrocar a Maduro.  En 2019 se levantó la figura de Juan Guaidó que aprovechó una coyuntura regional favorable (con muchos gobiernos de derecha) para autoproclamarse presidente en una plaza pública, con más apoyo externo que interno.  

Estos sucesivos fracasos permitieron que Machado ganara visibilidad y protagonismo, aunque seguía siendo resistida por gran parte del arco opositor.  Vale la pena señalar que Capriles, muy activo dentro del país y en redes sociales, ni siquiera la felicitó por el premio.  Y para diferenciarse aún más tampoco celebró el secuestro de Maduro y dijo que “cualquier solución debe ser pacífica”.Henrique Capriles Radonski: A través del voto queremos que nuestro país ...

Desde la época de Chávez que Machado afirma que el 90 por ciento de los venezolanos apoya a la oposición.  Logró instalar esa idea en los grandes medios internacionales, pero nunca fue cierto.  Por eso el secuestro de Maduro tampoco fue acompañado por un llamado a un levantamiento popular para derrocar la “dictadura”.  Simplemente porque no pueden. Por ahora.

¿Cuál es el plan?

Es difícil saberlo.  Las declaraciones de varios funcionarios del gobierno de Trump parecen indicar un plan general para apropiarse del petróleo gobernando Venezuela sin explicar cómo lo harán.   A nadie se le escapa que en la conferencia de prensa donde anunció la captura de Maduro no dijo ni una vez la palabra democracia, pero hizo innumerables referencias al petróleo.

En apariencia hay una gran dosis de improvisación. Sin embargo, el operativo para secuestrar a Maduro fue planificado durante meses. Eso indica que sí existe un plan, aunque todavía resulte difícil comprender cuál es, en parte por las propias características bufonescas de Trump, que no responde a los moldes de la política tradicional.  Un día dice una cosa y al siguiente, lo contrario.Desde Saddam, a década perdida | Mundo: Diario de Pernambuco

Podemos suponer que la experiencia de Irak y la ausencia de interlocutores con apoyo real en Venezuela explican por qué Trump se limitó a un operativo de alto impacto político y simbólico sin quebrar la institucionalidad vigente, dejando atónitos a quienes esperaban una ofensiva decisiva contra el chavismo.  En Irak fue una ocupación con todas las letras.  En Venezuela, Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina en la Asamblea Nacional siguiendo las indicaciones del actual Tribunal Supremo de Justicia. 

Estamos frente a un escenario absolutamente novedoso porque es la primera vez en la historia contemporánea que un país secuestra a un presidente de otro país.  Y porque Trump afirma que él en persona controlará el dinero de las ventas del petróleo.  Insólito y desconcertante.  Como todo lo que hace Trump.   

Lenin afirmó que el imperialismo es la fase superior del capitalismo.  Cabe preguntar si el trumpismo no es la fase de descomposición del imperialismo.

*  Sociólogo y periodista argentino