Trump castiga a la India
Pedro Brieger
Y llegó el día.
El 27 de agosto Donald Trump comenzó a aplicar el 50 por ciento de aranceles a la India. Ya era del 25 por ciento, pero decidió que el gigante asiático debía ser castigado por comprarle a Rusia petróleo y armas. Decisión absolutamente política.
India, hoy el país más poblado del planeta, también está en la mira del presidente de Estados Unidos. Es interesante comprobar que los principales embates de Trump van contra Brasil, Rusia, India y China, que -¡oh casualidad!- son el corazón del BRICS.
Aunque suene increíble, la primera potencia mundial siempre tiene un argumento para hacerse la víctima, como si fuera un pequeño país del que todo el mundo se aprovecha. Ahora sería el turno de la India.
Peter Navarro, el asesor comercial de Trump -apodado por la BBC “el zar de los aranceles”- acusó a la India de ser la “lavandería del Kremlin” porque le compra petróleo barato a Rusia y luego lo vende más caro en Europa, África y Asia. Por dicho motivo Navarro acusó al gobierno indio de ser partícipe necesario de la continuidad del “baño de sangre” en Ucrania.
En otras palabras, según la Casa Blanca, India se aprovecha de la guerra para hacer buenos negocios, como si esto no sucediera siempre con las empresas estadounidenses. “Lo mío es mío y lo tuyo es mío” dice un viejo cartel colgado en la Casa Blanca.
Navarro fue muy claro al explicar que le habían puesto un 25 por ciento de aranceles a la India porque “engañan con las tarifas, y 25 por ciento más porque compran petróleo ruso que nos afecta”. Estas tarifas ahora alcanzan al 66 por ciento de las exportaciones indias a Estados Unidos, su principal mercado por sobre China y Rusia, sus otros dos grandes socios comerciales.
Desde el comienzo de la invasión rusa a Ucrania en 2022, Europa redujo su dependencia del gas ruso por las sanciones impuestas a Moscú. ¿Quién lo reemplazó? En gran medida Estados Unidos, que le suministra gas a Europa, pero mucho más caro. Fue justamente lo que motivó una queja del presidente de Francia Emmanuel Macron. En una conferencia con empresarios del sector gasífero, dijo que entre quienes apoyan a Ucrania hay dos tipos de países en lo que respecta al negocio del gas: “los que lo pagan muy caro y los que lo venden muy caro”. Clarísimo.
India no se calla
El primer ministro Narendra Modi está muy lejos de ser un hombre de izquierda y su visión del mundo suele ser catalogada como “nacionalista de derecha”. Su ideología se basa en el nacionalismo religioso hindú, pilar de la cultura, los valores y la identidad de la nación india. Estados Unidos choca con un nacionalismo religioso milenario que no se amilana ante la retórica de la que, hoy, sin tanta historia, es la primera potencia mundial.
Como parte de su visión nacionalista, a los pocos meses de asumir en 2014, lanzó la iniciativa “Make in India” para aumentar la producción manufacturera, fomentar inversiones, crear empleo e impulsar el desarrollo de sectores estratégicos, como defensa, electrónica, ferrocarriles, automóviles, farmacéutica, aviación civil, entre otros rubros. A simple vista muchos puntos en común con el “Make America Great Again” de Trump. Dos nacionalismos en pugna.
Es verdad que, tras la invasión rusa a Ucrania, la India se ha convertido en uno de los mayores compradores de petróleo ruso. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que los vínculos entre India y Rusia se remontan a la época de la Unión Soviética. Y en la India no olvidan el apoyo de Moscú en 1971 cuando se enfrentó con Pakistán, alineado entonces con Estados Unidos. No es casual que, en la última década, Modi y Putin se reunieron casi 20 veces. Aunque no comparten fronteras los encuentros no deberían asombrar dado el vínculo histórico y los intereses geoestratégicos regionales en común.
Tampoco hay que olvidar que el armamento que Rusia le suministra a la India responde a los conflictos que India aún mantiene con Pakistán y China, dos vecinos de peso.
India, la quinta economía más grande del mundo, necesita de mucho petróleo ya que es el país que más consume detrás de Estados Unidos y China. El problema que tiene es que importa aproximadamente el 85 por ciento de lo que necesita. Está claro que el gran enojo norteamericano es que, además de cubrir sus necesidades internas, India ha estado comprando petróleo ruso con descuento.
Luego lo refina y revende a los mercados europeos que han sancionado a Rusia. El gobierno indio no es ingenuo. Sabe que, según las regulaciones de la Unión Europea, el crudo refinado en la India ya no se considera ruso. Un viejo truco.
El portal de noticias nacionalista “Opindia” sostiene que el problema es que “India no le rinde pleitesía a Trump. No le dio crédito por el alto el fuego con Pakistán, no lo nominó al Nobel de la Paz (que tanto ansía), no abrió sus mercados agrícolas a Estados Unidos y su frustración se expresa ahora en aranceles y retórica anti india. La Unión Europea se rindió. India no”.
Narendra Modi es pragmático. Frente a la hostilidad manifiesta de Washington, ahora decidió viajar a China -por primera vez desde 2018- para encontrarse con Xi Jinping y Vladimir Putin y, tal vez, reactivar el acuerdo trilateral que los une y buscar alternativas a las presiones de la Casa Blanca.
Todo mérito de Trump.
* Sociólogo y periodista argentino