Burnham y la reincorporación del Reino Unido a la UE

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El País-Editorial

El primer ministro británico abre la vía a la reincorporación del Reino Unido a la UE y confirma que Europa sigue siendo un proyecto atractivo

El primer ministro Andy Burnham ha devuelto a la política británica una osadía que era muy necesaria. El primer ministro ha decidido afrontar de un modo abierto el elefante en la habitación que durante una década ha desdibujado el mensaje de la izquierda del Reino Unido. El Brexit ha tenido más consecuencias negativas que positivas, dijo el martes a los suyos el líder laborista en el congreso que el partido celebró en Liverpool. Y cualquier proyecto para la próxima década, añadió, debe aclarar de una vez por todas la relación del país con el continente.

Burnham quiere reabrir un debate, el de la reincorporación del Reino Unido a la Unión Europea, que hasta hace nada era tabú. Las encuestas más recientes señalan que aproximadamente un 60% de los británicos querría regresar al club, o por lo menos estrechar mucho más la relación actual. El primer ministro anterior, el laborista Keir Starmer, hizo lo posible por enterrar un debate que había desgarrado a sus propios votantes. Y asumió las consecuencias del Brexit, sin cuestionarlas.

Con esos mimbres, la ambición de Starmer por “reiniciar” las relaciones entre Londres y Bruselas tenía poco margen de vuelo, aunque la buena actitud de ambas orillas sirvió para comenzar a ensayar acercamientos en materia de control aduanero, movilidad de los jóvenes o cooperación en defensa.

Burnham ha roto ese nudo gordiano, al asegurar que quiere reabrir un debate sin limitaciones, en el que está dispuesto a consultar a los ciudadanos si quieren quedarse como están o ir a por todas y buscar el reingreso en la UE. No es una apuesta a corto plazo, y todavía está por ver cuál es el interés real de los británicos por volver a una conversación que inundó de acritud y resentimiento la discusión política del país. Cualquier decisión formaría parte de un nuevo programa electoral que aún está por escribir, y para unos comicios que podrían celebrarse tan tarde como en 2029.

Y luego está la respuesta de Bruselas. Los socios comunitarios no están especialmente dispuestos a volver a involucrarse en una negociación compleja y larga con Londres, cuando la situación geopolítica tiene otros muchos frentes abiertos. El Reino Unido no podría volver a plantear una hipotética discusión con esa tendencia al elegir qué le interesa y qué no que ha usado en anteriores intentos.

Y, con todo, welcome back, como dijo esta semana el presidente francés, Emmanuel Macron. La posibilidad de que el Reino Unido corrija un error histórico monumental y entienda de nuevo que su lugar está en Europa solo puede recibirse con los brazos abiertos, como recalcó el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.

Es más: para los Veintisiete, sumidos en las dudas existenciales sobre su futuro, el gesto de Burnham es una inyección de confianza, como lo ha sido el del primer ministro canadiense, Mark Carney al buscar una “relación especial”. En un mundo de potencias que rompen las reglas y el derecho internacional, la UE sigue siendo un proyecto atractivo, un espacio de democracia y estabilidad.