La encíclica papal que se atreve a desconfiar de la IA

Mientras la élite tecnológica, y sobre todo la económica la venera

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José Antonio Gómez

“Magnifica Humanitas”, de León XIV, retoma la doctrina social de la Iglesia para cargar contra el poder privado de las plataformas, el transhumanismo, la colonización de los datos y la idea de que una máquina pueda administrar la verdad o el trabajo.

La primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, no llega en un vacío ni pretende descubrir que vivimos rodeados de pantallas, algoritmos y vendedores de salvación tecnológica con chaqueta de cuello alto. El texto, publicado el 25 de mayo de 2026, se presenta de forma explícita como heredero de Rerum Novarum, la encíclica social con la que León XIII respondió en 1891 al capitalismo industrial sin fingir que la Iglesia podía limitarse a hablar del cielo mientras la gente se dejaba la vida en la fábrica.

Ciento treinta y cinco años después, el decorado ha cambiado: ya no manda solo el patrón con chimenea, sino también el consorcio que recolecta datos, automatiza decisiones y llama “innovación” a lo que a menudo es concentración de poder con tipografía amable.La inteligencia artificial precisa marcos éticos de gobernanza ...

Ese es el primer golpe del texto, y quizá el más incómodo para el catecismo contemporáneo del progreso. León XIV no plantea la inteligencia artificial como una simple herramienta ambivalente que conviene regular un poco, redactar un código ético elegante y seguir facturando. La sitúa en el centro de una nueva estructura de dominio, cada vez menos pública y cada vez más privada, en la que actores transnacionales acumulan recursos, capacidad de intervención e influencia por encima de muchos Estados. La encíclica no discute tanto si la IA es lista como quién manda sobre ella. Y ahí la respuesta no invita precisamente al entusiasmo infantil.

El segundo movimiento rompe con la frivolidad habitual del debate digital: la verdad aparece definida como un bien común. No como una preferencia, no como una narrativa competitiva, no como ese barro posmoderno en el que todo vale siempre que genere clics. León XIV sostiene que los sistemas digitales y la IA están alterando la comunicación pública hasta difuminar las fronteras entre hecho, opinión, manipulación y espectáculo.

La observación no parece radical hasta que se recuerda que buena parte del ecosistema político y mediático actual vive exactamente de esa confusión. La encíclica, con una educación sorprendentemente escasa para los tiempos que corren, viene a decir que una democracia no puede sostenerse mucho tiempo si la verdad queda delegada a plataformas diseñadas para maximizar atención, no lucidez.

El Transhumanismo de Julian Huxley - Bioetica en la Red: La bioéticaEl tercer frente es el transhumanismo, al que el texto no trata como una extravagancia futurista, sino como una antropología rival. En otras palabras: no discute un gadget, discute una religión. La encíclica rechaza la idea de que el ser humano deba justificarse por su capacidad de mejora técnica ilimitada, como si la dignidad dependiera de llevar suficientes implantes, suficiente optimización y suficiente rendimiento.

Bajo esa promesa de superación, advierte el texto, asoma enseguida una clasificación brutal entre vidas valiosas y vidas rezagadas, entre existencias actualizables y existencias prescindibles. Es una manera bastante directa de recordarle a la época que llamar “mejora” a una jerarquía nueva no la vuelve menos jerarquía.

La cuarta idea más dura aparece cuando León XIV vincula la revolución digital con formas renovadas de esclavitud y colonialismo. No habla solo de adicción a pantallas o de precariedad abstracta, que sería la versión dominguera del problema. Habla de cadenas de extracción: minerales, trabajo oculto, cuerpos explotados y, sobre todo, datos. La encíclica sostiene que el colonialismo no ha desaparecido; simplemente se ha refinado. Ya no se limita a ocupar territorios o disciplinar poblaciones a la vieja usanza, sino que se apropia de información sanitaria, genética, epidemiológica y demográfica de regiones vulnerables para alimentar modelos predictivos, orientar inversiones y decidir quién cuenta y quién sobra. El imperio, al parecer, también sabe programar.La inteligencia artificial precisa marcos éticos de gobernanza ...

La quinta línea de ruptura llega en el terreno militar. Frente a la tentación de delegar en sistemas artificiales decisiones letales, el texto fija una barrera moral nítida. No todo lo que puede automatizarse debe automatizarse, y desde luego no la decisión de matar. En un momento en que buena parte del lenguaje estratégico se dedica a envolver la deshumanización bélica en tecnicismos pulcros, la encíclica introduce una objeción elemental y por eso mismo incómoda: una máquina no puede asumir responsabilidad moral, aunque el PowerPoint del contratista diga lo contrario.

El documento se apoya además en una imagen bíblica bastante eficaz para ordenar su argumento: Babel frente a Jerusalén. Babel representa la uniformidad, la autosuficiencia y el delirio de grandeza de un poder que quiere llegar al cielo sin rendir cuentas a nadie; Jerusalén, en cambio, simboliza una reconstrucción común, plural y situada, donde la técnica se subordina a la convivencia y no al revés. Traducido al castellano menos litúrgico: la encíclica no está en guerra con la tecnología, sino con la vieja costumbre humana de usarla para dominar mientras se asegura, con gesto compungido, que todo es por nuestro bien.

Por eso Magnifica Humanitas resulta más incómoda de lo que parece a primera vista. No se limita a bendecir la prudencia, sino que cuestiona la arquitectura moral del presente digital: quién concentra el poder, quién fabrica la verdad, qué pasa con el trabajo humano, qué se sacrifica en nombre de la eficiencia y qué clase de civilización está naciendo cuando se normaliza que los más poderosos administren datos, conciencias y vidas como si fueran simples recursos. En una época enamorada de la máquina, León XIV ha optado por un gesto poco frecuente: desconfiar de quienes la venden como redención.

*Director de Diario Sabemos. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos «Gobernar es repartir dolor», «Regeneración», «El líder que marchitó a la Rosa», «IRPH: Operación de Estado» y de las novelas «Josaphat» y «El futuro nos espera».