China, Rusia y la geoeconomía de la guerra

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Jorge Elbaum 

Mientras el mandatario argentino Javier Milei intenta, en forma desesperada, colgarse del tren geopolítico de Occidente conducido por Donald Trump, el nuevo orden global se encarga de restringir paulatinamente el unilateralismo que caracterizó las relaciones internacionales desde fines del siglo XX. Las dos cumbres realizadas en las dos últimas semanas, en las que Xi Jinping recibió al presidente estadounidense y luego al líder de la Federación Rusa, Vladimir Putin (foto), expusieron con claridad este cambio de época.

El primero de esos encuentros mostró a Trump dispuesto a aceptar las condiciones fijadas por la República Popular China, luego de haber impulsado aranceles del 140 por ciento, un año atrás, y de verse obligado posteriormente a retroceder para resguardar los intereses de las empresas transnacionales estadounidenses necesitadas tanto del inmenso mercado chino como de insumos básicos para su apuesta tecnológica ligada a la Inteligencia Artificial.In this pool photograph distributed by the Russian state agency Sputnik, Russia's President Vladimir Putin and China's President Xi Jinping

Todos los analistas internacionales leyeron aquella visita del dirigente neoyorquino como una señal de la debilidad de Washington ante su anfitrión, que lo recibió con serenidad, parsimonia y referencias históricas a la llamada Trampa de Tucídides. La segunda reunión se presentó como una cumbre destinada a encauzar lo ocurrido una semana antes:

Vladimir Putin y el presidente chino se mostraron sonrientes, se definieron como viejos amigos y recordaron que, 25 años atrás, ambos países firmaron su primer Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación, y que, desde la llegada de Xi Jinping al poder en 2013 hasta hoy, mantuvieron 25 encuentros bilaterales en la capital del País del Centro, haciendo añicos el sueño húmedo de Nixon y Kissinger de enemistar a ambos actores centrales de la arena internacional.

De ambas reuniones se desprenden cuatro derivaciones primordiales: en primer lugar, que Donald Trump optó por retroceder frente a la solidez exhibida por la economía china; en segundo término, que Xi Jinping se afianzó como uno de los árbitros del nuevo orden global, con capacidad política suficiente para recibir, en el lapso de dos semanas, a los líderes de las dos mayores potencias militares del mundo, ambos condicionados por conflictos bélicos en Asia Occidental y en el Golfo Pérsico.

En tercer lugar, que la articulación geoeconómica entre Moscú y Beijing se profundiza con el inicio de la construcción del gasoducto denominado Poder de Siberia II, de más de 2.600 kilómetros de extensión, que El Fuerza Siberia 2, el histórico megaproyecto que unirá a China y ...conectará la península de Yamal, en el Círculo Polar Ártico, con China. Esta tendido añadirá 50 millones de metros cúbicos anuales a los 38 millones que ya suministra el gasoducto Poder de Siberia I, operativo desde 2019.

De este modo, Moscú podrá reemplazar e incluso superar el volumen de exportaciones que dirigía a Europa occidental a través de los gasoductos Nord Stream I y II, inutilizados por un atentado con explosiones planificado por la OTAN el 26 de septiembre de 2022. De esa manera, Moscú podrá seguir sorteando las sanciones dictadas por el sistema que le mantiene congelados 330 mil millones de dólares de sus activos soberanos.

La cuarta derivación apunta a lo discutido en la última reunión de cancilleres de los BRICS, celebrada en Nueva Delhi en los mismos días en que Trump recorría la plaza Tiananmen. Allí, entre el 14 y el 15 de mayo, se delineó la agenda que los mandatarios debatirán en la cumbre prevista para septiembre.

La cita adquiere un peso político ineludible: entre socios y adherentes, los BRICS ya concentran el 40 por ciento del PBI global medido en paridad de poder adquisitivo (PPA), por encima del llamado Occidente —Estados Unidos, Canadá, la UE y Japón—, que apenas reúne el 30 por ciento. Estos datos, difundidos por el FMI, aparecen como reveladores de la magnitud del cambio estructural.

*Sociólogo, doctor en Ciencias Económicas, analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)