Irán y las crisis del orden angloamericano
Matias Caciabue
En el marco del denominado «Enfrentamiento del G2», un triunfo militar de Teherán expresaría una profundización del agotamiento del ciclo de hegemonía angloamericana y la emergencia de una nueva arquitectura de poder a nivel planetario. Este proceso puede leerse a partir de cinco grandes dimensiones en crisis:
1️⃣ Crisis geopolítica.
fin definitivo de la hegemonía estadounidense. Desde 1991, Estados Unidos operó como superpotencia organizadora excluyente del orden mundial. Una derrota en Asia Occidental consolidaría el escenario geopolítico del llamado «Enfrentamiento del G2», entendido como la disputa entre EEUU y China por la conducción del sistema económico del siglo XXI, no en tanto Estados, sino como expresiones principales de dos grandes fuerzas mundiales, estructuradas en torno a redes de actores económicos, tecnológicos, institucionales y militares.
2️⃣ Crisis geoeconómica
La crisis del petrodólar. El dominio energético articulado en torno al dólar ha sido uno de los pilares del dominio estadounidense. Tras la ruptura de los acuerdos de Bretton Woods (1971) y la salida de la crisis del petróleo (1973), cuyo resultado fue la transnacionalización del gran capital angloamericano, el precio del barril de petróleo pasó a funcionar como referencia sustitutiva del patrón oro de un dólar fiduciario.
La posibilidad de que Irán regule el tránsito por el Estrecho de Ormuz y cobre en yuanes, consolidaría las dinámicas de articulación BRICS, constituyendo un factor de aceleración del proceso de desdolarización del comercio y la economía mundial, erosionando la centralidad financiera de Wall Street y Londres.
3️⃣ Crisis de gobernanza
El agotamiento de la arquitectura de gobernanza internacional emergida en la segunda posguerra. La incapacidad de la ONU para mediar conflictos de manera eficaz, y el desgaste -e incluso la derrota en el Donbas- de la OTAN frente a guerras multidimensionales o en red, evidencian que las estructuras del siglo XX ya no logran garantizar estabilidad.
Las alianzas escapan al control imperial y emergen instancias de coordinación internacional con creciente eficacia. China, Rusia e Irán comienzan a escribir reglas propias en el entramado de la superestructura institucional mundial, configurando lo que puede pensarse como la lucha por la conducción de un Estado-Red Global (de alcance
planetario, no centralizado). El pasaje hacia una superestructura con poder distribuido deja de ser tendencia para convertirse en un hecho, y esto es lo que muchos actores confunden con un concepto neorrealista: «multipolarismo».
4️⃣Crisis mundial
La cohesión interna del bloque dominante angloamericano se encuentra profundamente resquebrajada. En su interior, dos proyectos estratégicos -globalistas vs. neoconservadores- disputan la orientación del poder. La derrota en la guerra actual podría acelerar una crisis institucional en el propio centro imperial, debilitando su capacidad de conducción interna y externa, justo cuando el amarillismo de la prensa estadounidense habla de un escenario de «Guerra Civil».
5️⃣ Crisis civilizatoria
El ocaso de la era occidental o del Sistema-Mundo de la modernidad. La larga duración histórica inaugurada con la expansión colonial europea desde 1492 muestra signos de agotamiento. La superioridad militar y tecnológica que sostuvo ese ciclo se ve crecientemente desafiada por actores que combinan capacidad estatal, articulación de bloques regionales de poder, y el desarrollo y la instalación social de las tecnologías propias de la llamada cuarta revolución industrial, en el marco del capitalismo financiero-digital.
Una derrota estadounidense no sería simplemente un resultado militar. Sería un indicador histórico del desplazamiento del poder mundial. La guerra en Asia Occidental aparece, así, como uno de los escenarios privilegiados de la transición hacia un nuevo orden, acorde a ésta nueva fase económica mundial.
*Licenciado en Ciencia Política y ex Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional UNDEF en Argentina. Analista de NODAL y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)