El fin de la guerra se anuncia pero no se concreta
Nubar Hainintz
Las últimas señales enviadas desde Irán y Estados Unidos sugieren un punto de inflexión en el conflicto iniciado por el gobierno de Donald Trump en alianza con el de Israel. Teherán ha manifestado su voluntad de poner fin a las hostilidades, supeditando cualquier acuerdo a la obtención de garantías reales que impidan futuras agresiones, mientras Trump ha declarado –con la frivolidad y arrogancia que lo caracterizan– que la operación estadounidense no durará mucho más tiempo.

Sin embargo, la aparente coincidencia en el deseo de detener la guerra no borra las profundas divergencias en los motivos y las condiciones de cada bando. Para la administración Trump, lo que se presentó inicialmente como una campaña de castigo rápido se ha transformado en un escenario de desgaste que amenaza con desbordar los cálculos iniciales de la Casa Blanca, obligando al mandatario a matizar su discurso de victoria total ante la realidad de una resistencia que no ha sido doblegada.
Su mayor preocupación es la imposibilidad de declarar ante su electorado una victoria creíble. A medida que se aproximan los comicios de medio término, el costo político de una guerra estancada y sin objetivos claros se incrementa de manera exponencial. Trump, cuya carrera política se ha basado en la imagen de un negociador infalible que obtiene resultados inmediatos, se enfrenta ahora al riesgo de llegar a las urnas con un conflicto abierto que drena recursos financieros, encarece la vida de los ciudadanos y causa bajas estadounidenses, sin el trofeo de un cambio de régimen o una capitulación formal de Teherán que pueda vender como un éxito histórico de su gestión.
Obviamente, Irán tiene razones históricas y políticas de sobra para desconfiar de cualquier ofrecimiento de paz proveniente de Washington y Tel Aviv. La memoria del abandono unilateral e injustificado –protagonizado por el propio Trump– del acuerdo nuclear alcanzado en 2015 y la política de sanciones asfixiantes pesan de forma determinante en la mesa de negociaciones. Irán entiende que una tregua sin salvaguardas internacionales sólidas sería apenas un paréntesis que facilitaría a los agresores recomponer sus posiciones.
Cuando un funcionario iraní expuso esta semana una lista de exigencias para poner fin a la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel, añadió un elemento que no figuraba anteriormente en la lista de Teherán: el reconocimiento de la soberanía de Irán sobre el estrecho de Ormuz.

Para los analistas militares, el destino de las hostilidades parece estar dictado por la fría lógica de los inventarios militares y la capacidad de reposición tecnológica, dado que el fin de los combates podría verse precipitado por el agotamiento de los recursos críticos: las existencias de interceptores de misiles de Estados Unidos e Israel frente a las existencias de misiles balísticos y drones de ataque de Irán. Dado que ninguno de los bandos tiene la capacidad de aumentar sus existencias en lo inmediato debido a la complejidad de las cadenas de suministro de defensa, el agotamiento de los sistemas antiaéreos o de los vectores de ataque forzaría un alto el fuego.
Con desesperación Trump trata de alcanzar un acuerdo rápido que le permita salvar la cara y evitar una derrota estratégica antes de las elecciones, toda vez que la victoria fulminante que presumía al principio se ha revelado como un espejismo costoso y absurdo. Para los analistas políticos, el retorno a la diplomacia y el cese de la agresión israelí-estadounidense son imperativos para evitar una catástrofe humanitaria de proporciones mayores en la que nadie saldrá victorioso.
Amenaza a los socios

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este miércoles que Irán le ha solicitado un «alto el fuego», lo que Irán ha negado. «El nuevo presidente del régimen iraní, mucho menos radicalizado y mucho más inteligente que sus predecesores, ¡acaba de pedir un alto el fuego a los Estados Unidos de América! Lo consideraremos cuando el estrecho de Ormuz esté abierto, libre y despejado», aseguró Trump en la plataforma Truth Social, sin especificar a qué líder iraní se refiere.
Hasta entonces, agregó Trump, Estados Unidos sigue «bombardeando a Irán hasta la aniquilacióno, como dicen algunos, ¡hasta que regrese a la Edad de Piedra!».Trump afirmó el martes que prevé «retirarse» de Irán en «dos o tres semanas», al asegurar que se están logrando los objetivos de la guerra iniciada el 28 de febrero, como evitar que la República Islámica obtenga un arma nuclear.
Tras haber intentado sin éxito liderar una coalición militar con sus aliados para reabrir el estrecho de Ormuz, vía clave para el comercio de crudo que permanece bloqueada por Irán en respuesta a los ataques estadounidenses e israelíes, Trump dijo el martes que este ya no es un asunto de Estados Unidos.
Las tropas de su país se retirarían “en dos o tres semanas” de la guerra. En declaraciones desde el Despacho Oval, ha asegurado que el fin del conflicto ocurrirá “muy pronto”. Del otro lado, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, ha asegurado a la UE que su país está dispuesto a poner fin a la guerra en Oriente Próximo si recibe garantías de que terminarán los ataques.
Por otro lado, la Casa Blanca ha respondido a las amenazas de Irán contra empresas estadounidenses y ha afirmado que el ejército de Estados Unidos está “preparado para frenar cualquier ataque iraní”. Los iraníes han señalado como objetivo a casi una veintena de compañías, entre ellas, las tecnológicas HP, Intel, Microsoft, Apple y Google; otras de transporte como Boeing y Tesla; e incluso económicas, como JP Morgan.
Trump instó a los países de la OTAN y a las naciones asiáticas a actuar con «coraje» y «tomar» el estrecho, por donde circula una quinta parte del petróleo mundial. En una entrevista publicada este miércoles por el diario británico The Telegraph, Trump dijo que no descarta retirar a Estados Unidos de la OTAN, una organización que definió como un «tigre de papel». Mutis por el foro.
Más explosiones y víctimas
Irán denunció que varias explosiones en el este y el oeste de la capital han provocado varios cortes de luz, sin que se hayan reportado víctimas. Según las agencias oficialistas Tasnim y Fars, que acusan a EE UU e Israel del ataque, funcionarios del Ministerio de Energía trabajan para restablecer el servicio, tras el impacto de metralla en las instalaciones de una subestación eléctrica en el este de la ciudad.
En los últimos tres días, la capital persa ha sido objeto de bombardeos constantes que dejan más de 70 muertos. Entre los objetivos de los ataques estaban tres instalaciones nucleares, dos universidades, el edificio de la televisión catarí al Araby y zonas residenciales de Teherán.
Según el recuento de la Media Luna Roja, desde el inicio de la ofensiva coordinada entre Estados Unidos e Israel, más de 105.000 objetivos civiles han sufrido daños por los ataques israelíes y estadounidenses, lo que incluye 83.000 viviendas, 21.000 comercios, 297 centros de salud y 600 centros educativos. Además, se han registrado 21.000 heridos. Las autoridades iraníes, por su parte, no ofrecen un recuento oficial de fallecidos desde el 5 de marzo, cuando anunciaron 1.230 muertos, mientras que la ONG HRANA sitúa la cifra de víctimas mortales en 3.461, entre ellas 1.551 civiles.