Desaparecidos: Robar el fuego a los dioses

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Juan Diego Botto

Recordar  el 50 aniversario del golpe de Estado en Argentina no sirve solamente para honrar a las víctimas de la dictadura sino para entendernos un poco mejor. Nos permite entender que los fascismos nacen siempre con la patria en la boca y después son los primeros en venderla y traicionarla.  El golpe de Estado militar en Argentina cumple medio siglo en un contexto de negacionismo rampante del presidente ,libertario Javier Milei.

En noviembre de 1978 mi madre llegaba al aeropuerto de Barajas desde Buenos Aires con el exilio garabateado en la cara y un dolor inabarcable impregnado de derrotas en el corazón. De su mano íbamos mi hermana mayor y yo, y en su tripa nuestra hermana menor.

Fotografía de archivo del 24 de marzo de 2024 de manifestantes que muestran retratos de víctimas de la dictadura mientras marchan con motivo del Día de la Memoria
Fotografía de archivo del 24 de marzo de 2024 de manifestantes que muestran retratos de víctimas de la dictadura mientras marchan con motivo del Día de la Memoria

Dos años antes, un 24 de marzo, una junta de militares liderada por Jorge Rafael Videla tomaba el poder en Argentina a través de un golpe de Estado. Se iniciaba así uno de los periodos más sangrientos y crueles de la historia del país. Las torturas, asesinatos, secuestros, la desaparición forzada de personas, el robo de bebés y el miedo impuesto a toda la sociedad fueron sus señas de identidad.

La dictadura quiso borrar todo rastro de disidencia y con ella eliminar de raíz a una generación entera de pensadores y activistas. Entre ellos el compañero de mi madre, mi padre, el actor Diego Fernando Botto.

La memoria es constitutiva de nuestra identidad. Lo es porque somos el cúmulo de vivencias y hechos que nos precedieron. Somos el conjunto de amores, desamores, afectos, victorias, derrotas, trabajos, llantos, alegrías y rutinas que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida. Si alguien nos arrebatara de repente alguna parte de nuestro pasado, sin duda modificaría nuestro presente. Ninguno de nosotros sería exactamente el mismo sin aquel beso que dimos por primera vez al amor de nuestra vida, sin aquel viaje con nuestra madre, sin aquel trabajo o aquel acto de rebeldía que tanto nos influyó…

Lo mismo ocurre a nivel colectivo. Lo que una sociedad decide recordar de sí misma y lo que decide olvidar termina conformándola como país. Si en España se decidiera hacer festivo el 18 de agosto, día del asesinato de Federico García Lorca o el 24 de agosto día en que tropas republicanas liberaron en 1944 París de los nazis este país seguramente tendría otra percepción de sí mismo. Lo que decidimos poner en valor de nuestro pasado habla de quienes somos como país en nuestro presente.

Nos permite entender que los fascismos nacen siempre con la patria en la boca y después son los primeros en venderla y traicionarla. Su único propósito es la defensa de los intereses de unas reducidas elites económicas. Nos permite entender que los fascismos en el pasado apelaron a la seguridad de la clase media para después abandonarla tras haber sembrado las condiciones de pobreza que generarían más inseguridad. Que tras la fervorosa defensa de la familia tradicional se esconden aquellos que pueden torturar mujeres embarazadas y secuestrar a sus bebés, como hicieron en Argentina.

Nos permite entender que el monstruo de la deshumanización del adversario desemboca en atrocidades que sobrepasan la peor de nuestras pesadillas. Que siempre necesitan de un otro (pobre y de origen foráneo) al que dibujar como un ente organizado y poderoso para justificar el descenso a los infiernos de la violencia. Que las guerras a las que nos arrastrarán se ceban con nuestros muertos y nunca con los suyos.

Homenaje de Botto a su padre, uno de los 30.000 desaparecidos de la ...
Homenaje de Botto a su padre, uno de los 30.000 desaparecidos

Recordar nos permite codificar las señales a las que tenemos que estar atentos cuando la rueda de la historia gire con la voluntad de repetirse, ya sea como drama o como farsa. Pero recordar el 24 de marzo del 76 también tiene otro sentido identitario para nuestro presente.

Nos permite entender que hubo una generación que se atrevió a soñar en voz alta. Soñaron ni más ni menos con robarle el fuego a los dioses y entregárselo a los humanos. Algunos hombres y mujeres arriesgaron lo mejor que tenían, incluso la vida, para que unos pocos dejaran de imponer su voluntad sobre el destino de unos muchos.Hubo una generación que, en circunstancias mucho más adversas y complejas que las nuestras hoy en día, se lanzó a conquistar la libertad y el derecho a la felicidad.

El derecho -no divino, sino humano- de poseer los recursos que podrían generar alimento y cobijo para millones de personas. Soñaron con una sociedad distinta más justa y libre.

A nadie se le escapa que la derrota fue colosal. Aceptar eso sin medias tintas es parte imprescindible de mirarnos en ese espejo con honestidad. 30.000 personas desaparecidas, decenas de miles de exiliadas, torturadas, muertas, el desastre de Malvinas y una herida abierta en el corazón del país que perdura hasta hoy.

En lo personal las heridas están ahí. Un noviembre de 1978 mi madre llegaba a Barajas con las derrotas puestas y la mirada clavada en el futuro. Con la necesidad de sobrevivir y arañarle aún al destino la posibilidad de una felicidad conquistada. Porque en el mero hecho de sobrevivir y ser felices había una victoria robada a la dictadura.

 Si algo nos devuelve el espejo de la memoria es la certezaEl golpe de Estado cívico-militar en Argentina cumple medio siglo en un contexto de negacionismo rampante de Milei de que esto que hoy somos hoy es producto de nuestras caídas y levantadas, de nuestros aciertos y errores. Hoy sabemos que llevamos en la sangre la herencia de aquellos que lucharon. 

El golpe de Estado militar en Argentina cumple medio siglo en un contexto de negacionismo rampante de Milei 

Y quizá….no me cabe duda, un día, más pronto que tarde, encontraremos la manera de abrir las grandes alamedas y arrebatarle el fuego a los dioses.

Nota: Foto de portada: Juan Diego Botto junto a su madre Cristina Rota y su hermana Nur Al Levi.

 

*Actor y director argentino, nacionalizado español. Es hijo de los actores argentinos Cristina Rota y Diego Botto (desaparecido en 1977), hermano de María Botto y Nur Levi, y primo de Alejandro Botto, todos ellos también actores.