España se resiste a condenar su pasado colonizador como lo hacen otros países
Víctor López
Felipe VI coincidió en el acto con el embajador mexicano en Madrid, Quirino Ordaz Coppel. Y reabrió —tal vez, sin pretenderlo— un debate que aun tiene demasiadas aristas. La prueba más evidente está —sin duda— en las reacciones políticas que han centrado este martes la actividad de los principales líderes en el Congreso.
El Gobierno ha suscrito «al 100 %» las palabras de Felipe VI, unas declaraciones que no terminan de convencer a la izquierda alternativa. Sumar ha valorado positivamente el «gesto» y cree que puede servir para «unir lazos con comunidades al otro lado del Atlántico», aunque algunas voces en sus filas exigen más contundencia y «reparación». Podemos considera que las disculpas del monarca son «claramente insuficientes» y «no están a la altura de la memoria democrática ni de la memoria colonial» de los pueblos originarios de América Latina.
Alberto Núñez Feijóo ha reconocido que hacer «ahora» un examen de lo ocurrido entonces le parece un «disparate». Y ha pedido contextualizar las declaraciones de Felipe VI, no sin antes decir que le resulta encomiable la hazaña de Cristóbal Colón: «Estoy orgulloso del legado. Esta comunidad lingüística y cultural es excepcional. Y por favor (…) hagamos un poco de contexto porque si no, (…) llegamos al absurdo». La extrema derecha, por su parte, ha defendido abiertamente la violencia, la esclavitud y la destrucción que practicaron los españoles en 1492.
«Fue la mayor obra evangelizadora y civilizadora de la historia», respondió la portavoz de Vox en el Congreso, Pepa Millán. ¿Cómo han caído en los países de América Latina las palabras de Felipe VI? ¿Qué impacto pueden tener estas declaraciones? ¿Por qué el caso español es una suerte de excepción en el resto de Europa?
Las «disculpas» no sirven si no son institucionales
Las voces consultadas por este diario coinciden al definir como un «primer paso» las palabras del monarca, pero recalcan que se trata de algo «absolutamente informal» y piden llevarlo al ámbito oficial. «Esto es un intento inicial que denota una cierta simpatía, pero no podemos olvidar el contexto: una exposición arqueológica que queda fuera de la agenda institucional de Felipe VI.
España tiene que pedir disculpas a los descendientes directos de los pueblos originarios, porque nuestro imperialismo no es distinto del que practicaron Reino Unido, Bélgica o Francia. La sociedad española sigue pensando que lo que hicimos nosotros fue distinto y los abusos, las masacres y las mutilaciones en vida fueron las mismas», reivindica Antonio Espino, catedrático de Historia Moderna en la UAB y autor de La invasión de América. «Nuestro imperialismo no es distinto del que practicaron Reino Unido, Bélgica o Francia», afirma.
«Felipe VI hizo una pequeña aproximación a las disculpas exigidas desde hace años por la sociedad latinoamericana, pero las disculpas no sirven de nada si no consiguen manifestarse en la práctica. Lo que queremos es que se rompa con cierta mentalidad de una parte de la población española que sigue defendiendo la inferioridad de los latinoamericanos y de los pueblos que en algún momento fueron considerados colonias», sostiene Diana Bonnett, profesora de Historia Colonial Hispanoamericana en la Universidad de Los Andes (Colombia).
Noelia Adánez, jefa de opinión en Público y autora de la tesis Crisis de los imperios: monarquía y representación política en Inglaterra y España (1763-1812), también considera que el monarca tendría que hablar fuera de un entorno «semiprivado» y duda de la «trascendencia» de sus declaraciones: «Lo que hizo neutraliza la posibilidad de que veamos una declaración institucional [como exigían los pueblos originarios] porque está relativizando desde el punto de vista histórico la gravedad de las consecuencias violentas que tuvo el encuentro de los españoles con América».
Diana Bonnett, historiadora: «Las disculpas no sirven de nada si no consiguen manifestarse en la práctica»
Esta es una lógica con la que coincide Pablo Batalla, historiador y autor de Los nuevos odres del nacionalismo español (Trea). «Los imperios todos han sido depredadores y han consistido en matar y colonizar. La Casa Real sabe que tiene que hacer este tipo de comentarios para acompasarse a las demandas del discurso sobre la historia del pasado imperialista. Lo que no puede hacer es seguir hablando de todo lo que nos une a los pueblos latinoamericanos sin mencionar la conquista.
El riesgo de un efecto dominó está, sin embargo, encima de la mesa y todos sabemos que existe mucho miedo a tocar según qué discursos, instituciones arcaicas y hasta la Constitución», señala. Noelia Adánez repara también en esta cuestión y matiza: «El monarca ha eludido asumir su propia responsabilidad que no es una responsabilidad con el presente, sino con el pasado. La institución se legitima en la tradición».
Las exigencias del pueblo latinoamericano

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha valorado el «gesto de acercamiento» que hizo este lunes Felipe VI, pero reconoce que «no es todo lo que hubiéramos querido». El país lleva siete años esperando un «perdón» que —al menos, explícitamente— todavía no ha recibido.
Andrés Manuel López Obrador envió una misiva en 2019 a la Zarzuela en la que enumeraba la «vulneración de derechos individuales y colectivos» que había sufrido el pueblo mexicano en 1492. «México desea que España admita su responsabilidad histórica por esas ofensas y ofrezca las disculpas y resarcimientos políticos que convenga», rezaba el expresidente en su escrito. Esta es la petición que los expertos consultados por Público siguen considerando «poco probable» ver resuelta pese al «gesto» de la Casa Real.
«Felipe VI hizo unas declaraciones significativas, pero insuficientes, sobre todo por el matiz de llamar controversias éticas a las consecuencias de la instauración de un régimen de explotación, desprecio, represión y robos. La relevancia puede ser meramente simbólica pero vuelve a poner en la agenda pública la crítica a cualquier tipo de colonialismo», destaca Diana Roselly Pérez, profesora en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
¿Qué postura han adoptado otros países como Bélgica, Países Bajos o Alemania?
El colonialismo en el mapa europeo
Este es precisamente uno de los puntos que más interés ha generado tras las declaraciones de Felipe VI. Alemania pidió perdón por el «genocidio» de los pueblos originarios de Namibia que impulsaron los germanos entre 1904 y 1908. Berlín anunció además un paquete millonario para programas de desarrollo.
Países Bajos también emitió disculpas oficiales por la esclavitud en las colonias holandesas en 2023. «Estoy con ustedes en la capital de un país que ha luchado contra la tiranía y por la libertad, que prohibió la esclavitud dentro de sus fronteras, pero no lo hizo en ultramar», reconoció en un discurso oficial el monarca neerlandés, haciendo referencia a lo sucedido en Surinam y las Antillas. Bélgica expresó por su parte un «profundo pesar» ante las atrocidades cometidas en el Congo por Leopoldo II. Francia y Reino Unido han evitado, en cambio, cualquier tipo de condena oficial a su pasado imperialista.