La política comunicacional del gobierno de Kast
Víctor Maldonado R.
Un documento interno titulado “Protocolo de Comunicaciones. Lineamientos para encargados de prensa”, elaborado por el director estratégico de Comunicación y Contenidos de Presidencia del gobierno de José Antonio Kast, Cristián Valenzuela, y dado a conocer por Ex-Ante, revela el diseño del sistema comunicacional con que el nuevo gobierno pretende relacionarse con los medios y con la ciudadanía.
Hay momentos en que, sin querer, un gobierno se retrata de cuerpo entero. Regularmente eso ocurre cuando se filtra un documento interno que no incluye ningún adorno, es dirigido al grupo de mayor confianza y utiliza un lenguaje inusualmente descarnado.

La Secretaría de Comunicaciones (SECOM) hizo la bajada comunicacional. La rudeza de los términos empleados impresiona a quien no está acostumbrado, pero este documento es especial. Algunos de los aspectos del documento son los habituales: se define la relación de la Presidencia con los ministerios, poniendo por delante la agenda del mandatario; se ordenan los mensajes comunes al gobierno que debe trasmitir cada cartera; se establece los temas prioritarios del día; se regula el uso del “off” (las declaraciones sin identificación de su fuente) para evitar filtraciones no deseadas y se jerarquiza la definición de las vocerías por temas.
El texto —destinado a los encargados de prensa de ministerios y reparticiones— establece un esquema altamente centralizado, donde la Secretaría de Comunicaciones se transforma en el filtro obligatorio de prácticamente toda interacción con la prensa. Desde una perspectiva política y comunicacional, el documento expone una concepción del poder comunicativo marcada por la disciplina interna, la uniformidad del mensaje y la subordinación de los ministerios a la estrategia presidencial.
Sin embargo, también abre interrogantes sobre su viabilidad práctica, sus efectos en la transparencia y su impacto en la relación con los medios. Deja en claro que ninguna comunicación pública puede ocurrir sin el conocimiento previo de SECOM.
El instructivo es explícito: “Sin excepciones: toda pauta, entrevista o declaración requiere conocimiento previo de SECOM”, lo que significa que SECOM decide quién habla y sobre qué tema, que cada ministerio debe reportar su agenda semanal y sus cambios, que los ministros no pueden realizar pautas propias si el Presidente tiene actividades, e incluso los contactos informales con la prensa deben responder a una estrategia definida.
El esquema responde a una lógica de comando centralizado, más cercana a una campaña política permanente que a la dinámica tradicional de un gobierno con múltiples vocerías sectoriales. Desde el punto de vista político, el objetivo parece evidente: evitar contradicciones internas y mantener una narrativa única en un contexto donde los errores comunicacionales pueden amplificarse rápidamente en redes sociales y medios digitales.
Kast, centro del relato
El protocolo también deja en claro que el centro del relato político será el Presidente. Una de las instrucciones lo expresa sin rodeos: “El que tiene que resaltar es el Presidente. El lucimiento individual no construye gobierno”. Esto implica una estrategia comunicacional presidencialista, donde los ministros quedan subordinados a la visibilidad y al posicionamiento del jefe de Estado. En la práctica, se busca evitar que figuras del gabinete desarrollen agendas propias o capital político independiente.
En términos estratégicos, esta lógica busca construir un liderazgo fuerte y coherente, pero también conlleva riesgos. En sistemas políticos complejos, la hiperconcentración de vocerías puede saturar la figura presidencial y debilitar la capacidad de respuesta sectorial frente a crisis específicas.
Lo inusual
Lo que no es usual en el documento filtrado son tres aspectos: el intento de un control total de las comunicaciones; la búsqueda de la subordinación política por sobre cualquier otra autoridad distinta al mandatario y una aguerrida supremacía en la definición de los contenidos que se comunican.
El control total es un viejo anhelo autoritario que, en este caso, es el corazón del Protocolo. “Solo hablan quienes están autorizados. SECOM define quién habla y sobre qué temas”, “sin excepciones; toda pauta, entrevista o declaración requiere conocimiento previo de la SECOM”. Entiéndase que, a través de los encargados de prensa, se están dirigiendo a los ministros y se les informa de su subordinación a todo evento.
Aunque nunca se dice, se subentiende que semejante autoridad solo se ejerce por instrucción presidencial directa y, por eso, se asume la completa defensa de su predominio indiscutido: “Trabajamos para un Presidente y un proyecto”. “Ninguna iniciativa ministerial sorprende a la Presidencia”. “No se esconde la pelota. El que tiene que resaltar es el Presidente”.
Se busca el control garantizado de mensajeros y mensajes. El lenguaje empleado es militar en tiempos de conflicto. La pauta diaria de la SECOM “será el brazo armado comunicacional del Gobierno”. “El lucimiento personal no construye gobierno. El trabajo de equipo sí”. Bienvenidos a la guerra.
*Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.
Kast, centro del relato