Venezuela: la ocupación silenciosa

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Leopoldo Puchi

Más allá del estruendo del ataque militar del 3 de enero, en el que Venezuela sufrió un revés en el plano bélico, desde el día siguiente comenzó otra batalla. No se instalaron tropas en el terreno, pero sí se puso en marcha un proceso más sutil, una ocupación silenciosa que busca convencer a los venezolanos de que la imposición del más fuerte es natural, inevitable e incluso razonable. La disputa ya no se libra en el terreno militar, sino en el campo de las percepciones y del sentido común.

Si la ofensiva militar duró apenas unas horas, la guerra cultural puede prolongarse mucho más. Su campo de acción ya no son las fuerzas militares, sino el lenguaje y los medios de comunicación. Es allí donde se moldean las percepciones colectivas y donde se intenta instalar el conformismo y la idea de que la soberanía es un anacronismo.

Antonio Gramsci destacó hace casi un siglo que el poder no se sostiene únicamente por la fuerza, sino también por la capacidad de construir consentimiento. Décadas después, Robert W. Cox trasladó esa idea al ámbito de las relaciones internacionales. Una potencia no domina solo por su superioridad militar: domina verdaderamente cuando logra que su predominio sea aceptado y se convierta en “sentido común”.

Soberanía

En el centro de esta disputa se encuentra un concepto fundamental: la soberanía nacional. Se trata del principio según el cual un país posee la autoridad suprema para decidir sobre su propio destino sin subordinación a poderes externos. No es un ideal abstracto ni una aspiración romántica. Es el fundamento práctico sobre el que se ha construido el sistema internacional moderno.

La cooperación entre países forma parte del mundo contemporáneo, pero es distinta a la subordinación. Es una relación legitima cuando se basa en el respeto mutuo y no en imposiciones por medios militares.

La disputa por el significado de los hechos ocurridos el 3 de enero constituye la primera trinchera de esta guerra cultural. En este terreno no se utilizan bombas, sino el lenguaje. Mediante la selección de palabras y la construcción del relato se intenta encubrir la naturaleza de los hechos.

Por este motivo desaparecen términos como bombardeo, ataque, invasión o crimen de agresión, y se les sustituye por expresiones como “incidente”, “extracción”, “evento”, “operación quirúrgica”. Del mismo modo, lo que en realidad es control externo sobre la política interna se presenta como un proceso neutro de tres fases: “estabilización, recuperación y transición”.

Recursos naturales

Otra dimensión de esta ocupación silenciosa es el ámbito económico. Se intenta presentar como normal que una potencia extranjera controle el petróleo y su comercialización, administre los ingresos nacionales y decida cómo y en qué se utilizan. La hegemonía cultural opera cuando ese control comienza a percibirse como algo lógico y beneficioso.

Washington se describe a sí mismo como “socio”, un término que en su significado real alude a una relación de cooperación entre partes iguales en derechos. Sin embargo, aquí designa una situación en la que una de ellas controla las ventas, administra los ingresos y fija condiciones a través de licencias.

El manejo de los ingresos venezolanos por Washington se presenta como “protección”. Al bloqueo naval del petróleo se le denomina “cuarentena”. A la compra forzada de productos estadounidenses se le llama “compromiso comercial”.

 La guerra cultural

Ahora bien, la guerra cultural no se libra desde un solo lado. También existen mecanismos de defensa. Lo primero es recuperar un lenguaje que permita describir la realidad sin los filtros impuestos y volver a nombrar las cosas por su nombre.

La claridad no es radicalismo y explicar abiertamente lo que ocurre es una necesidad. Correspondería a los medios venezolanos exponer los hechos sin filtros; a los políticos, tanto de gobierno como de oposición, revelar su significado; a los cineastas traducirlos en imágenes; y a las fuerzas armadas honrar públicamente a los soldados caídos.HANDS OFF VENEZUELA, GRINGOS! — SAUTI YA UJAMAA – Jamaica Peace Council

En este momento, la verdadera amenaza para el país es que se instale la idea de que la subordinación es inevitable o incluso conveniente.

Si la tutela externa llega a percibirse como una solución práctica y la soberanía como un concepto obsoleto, la derrota no será solo militar, sino también cultural. Las ocupaciones militares pueden terminar. Las ocupaciones del sentido común, en cambio, pueden perdurar durante generaciones.

* Politólogo y analista político venezolano. Cofundador del Movimiento al Socialismo, fue ministro de Trabajo