Trump abre un nuevo frente militar en Ecuador

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Daniel Kersffeld

Como si no tuviera suficiente con la actual guerra contra Irán, Donald Trump decidió abrir un nuevo frente bélico en Ecuador, con la inapreciable colaboración de su presidente Daniel Noboa . El 3 de marzo, Washington y Quito iniciaron una operación militar conjunta que, en el relato oficial, tiene por objetivo principal combatir a las bandas del narcotráfico que convirtieron a Ecuador en uno de los países más violentos de todo el continente: las nueve mil muertes violentas sólo en 2025 contrastan  con el plan de seguridad del anterior gobierno de Rafael Correa.

El presidente de la República,
Daniel Noboa y Francis Donovan, comandante del Comando Sur de Estados Unidos

Ecuador enfrenta una crisis social política, marcada por el estado de excepción en varias provincias debido a bloqueos de vías violencia, así como preocupaciones sobre la situación energética  en el país.

Fuerzas militares de Ecuador y Estados Unidos lanzaron operaciones conjuntas contra “organizaciones terroristas” designadas en territorio ecuatoriano, informó el Comando Sur de Estados Unidos “Juntos, estamos tomando medidas decisivas para enfrentar a los narcoterroristas que desde hace tiempo han infligido terror, violencia y corrupción a ciudadanos de todo el hemisferio”, señaló el general Francis L. Donovan, comandante del Comando Sur.

Si bien se trata de un giro a la derecha cada vez más pronunciado que comenzó a operarse durante la presidencia de Lenin Moreno y que se profundizó en la breve gestión de Guillermo Lasso, ha sido durante el presente mandato de Daniel Noboa y, más aún, desde la llegada de Trump a la Casa Blanca en enero del año pasado, que la vinculación con Estados Unidos se transformó en el eje prioritario de la política externa del gobierno ecuatoriano.

Subordinación a Washington

Esta subordinación a los dictados de Washington se produjo en lo económico, principalmente, en la renegociación de la deuda externa y en el establecimiento de acuerdos arancelarios pero, sobre todo, en el combate a la inseguridad y en las políticas de defensa sostenidas por el país andino. En el marco de diversos acuerdos de cooperación y formación en materia militar, en los últimos meses las Fuerzas Especiales estadounidenses, dependientes del Comando Sur, empezaron a ayudar a los comandos ecuatorianos a entrenarse y planificar diversas redadas que se espera que se lleven a cabo en todo el territorio en las próximas semanas.

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Militares de Estados Unidos tendrán inmunidad y libre movilidad en Ecuador

Según lo estipulado, se supone que los soldados estadounidenses no combatirán directamente en Ecuador sino que solo se dedicarán a compartir información con sus colegas sudamericanos: en caso de ser así, no resulta claro el sentido del envío por parte del Pentágono de decenas de militares totalmente equipados para desarrollar una ofensiva bélica en el escenario andino.

El Gobierno ecuatoriano ha fundamentado el reciente incremento del arancel a productos colombianos –conocido como “tasa de seguridad”– en la “falta de implementación de medidas concretas y efectivas en materia de seguridad fronteriza” por parte de Colombia. El conflicto arancelario se acentúa luego de que Ecuador elevara la denominada tasa desde un 30% inicial hasta un 50% que se aplica a las importaciones provenientes de Colombia, bajo el argumento de que la medida responde a “criterios de seguridad nacional” y busca fortalecer la corresponsabilidad entre los dos países en el combate al narcotráfico a lo largo de la frontera compartida, tal como se lo dictó EEUU..

Tras la decisión del presidente Daniel Noboa de declarar persona non grata al cuerpo diplomático de Cuba en Quito —otorgándoles un plazo de 48 horas para abandonar Ecuador—, el Gobierno cubano vinculó la medida con las recientes agresiones de Estados Unidos. Cuba señaló que no parece casual que terceros Estados actúen bajo la presión de la administración de Donald Trump para sumarse a su política de hostilidad.

Ecuador
Cuba cierra su embajada en Quito

También, señalan que se trata de un acto inamistoso y sin precedentes, que perjudica las históricas relaciones de cooperación y amistad entre ambos países y pueblos y evidencia el desprecio del actual gobierno ecuatoriano por las practicas y cortesías diplomáticas observadas por la comunidad internacional.

Noboa procuró allanar el camino para el inicio de este nuevo plan: no sólo destacó, sin brindar mayor información, que esta nueva estrategia de combate al narcotráfico se extendería por varios años sino que, además, se hacía por la defensa de la “seguridad nacional”, bajo cuya inspiración solicitó a Washington que catalogara como “organizaciones terroristas” a las dos principales bandas que operan en el país: los Lobos y los Choneros. El 2025 ha sido el año más violento de la historia de Ecuador con 9.216 homicidios dolosos, un incremento del 30, 48% respecto al año anterior, según el Ministerio de Interior.

Ya con la convalidación del presidente ecuatoriano, Estados Unidos fue por más cuando en la conferencia inaugural del encuentro “Las Américas contra los Cárteles”, celebrada el 5 de marzo en la sede del Comando Sur, en Miami, el secretario de Defensa Pete Hegseth afirmó que su país está preparado para enfrentar la amenaza del narcotráfico en la región “y, si es necesario, tomar la ofensiva en solitario”. Aunque destacó que a la Casa Blanca, principal impulsora de la “Doctrina Donroe”, le interesaba hacerlo de manera coordinada con los gobiernos de la región.

Trump y su el secretario de Defensa Pete Hegseth

Tras la decisión del presidente Daniel Noboa de declarar persona non grata al cuerpo diplomático de Cuba en Quito —otorgándoles un plazo de 48 horas para abandonar Ecuador—, el Gobierno cubano vinculó la medida con las recientes agresiones de Estados Unidos. Cuba señaló que no parece casual que terceros Estados actúen bajo la presión de la administración de Donald Trump para sumarse a su política de hostilidad.

También, señalan que se trata de un acto inamistoso y sin precedentes, que perjudica las históricas relaciones de cooperación y amistad entre ambos países y pueblos y evidencia el desprecio del actual gobierno ecuatoriano por las practicas y cortesías diplomáticas observadas por la comunidad internacional.

En el Ecuador de estos tiempos, caracterizados por la inseguridad y por el miedo a la violencia del narco, pero también por la implementación de planes de ajuste neoliberal, y por una creciente activación de la izquierda y de sectores indígenas y campesinos frente al incremento de la pobreza y de la precarización laboral, la presencia armada de Estados Unidos seguramente contribuirá a sostener el orden público y a disciplinar la protesta social. Más aun cuando públicamente se admite que, a diferencia de Colombia, Ecuador no está considerado como un país productor sino, en todo caso, como un centro de distribución de drogas.

Por ello, y en medio de diversos frentes de conflicto distribuidos por todo el mundo, la intervención militar en Ecuador resulta estratégica para los Estados Unidos por varias razones. Principalmente, por la ubicación privilegiada de la nación andina en el escenario sudamericano, así como también por su amplia vinculación con el Pacífico, con China y con otros países del continente asiático.

En este sentido, la progresiva inclinación hacia Estados Unidos le otorga a Ecuador un mayor nivel de confiabilidad que la que se pueda impulsar desde Chile, otro país con una importante presencia en el Pacífico. Si bien el próximo mandato de José Antonio Kast será orientado desde la ultraderecha, alineada en términos generales con la doctrina trumpista, los fuertes lazos comerciales con Beijing por parte del empresario chileno impedirán un alineamiento absoluto hacia el líder republicano como hoy le garantiza el empresario bananero devenido en presidente ecuatoriano.

Trump llamó a su despacho a los presidentes de derecha de la región

Más allá de la elección de Ecuador como un baluarte frente a la presencia comercial de China en la región, se adivinan otros motivos que incidieron en la avanzada militar estadounidense y en la mayor sumisión del Ecuador, ligados en este caso, con el incierto futuro político de Sudamérica. Mientras que Argentina opera como el principal gobierno satélite de Estados Unidos en el Cono Sur, y Venezuela ya no constituye un poder amenazante o, al menos disruptivo, en el Caribe, son Colombia, Brasil y Perú los que, por distintos motivos, asoman como factores de preocupación para el horizonte hegemónico y disciplinante que se busca imponer desde la Casa Blanca.

Gustavo Petro intentará dar continuidad a la izquierda gobernante en un contexto electoral que se desarrollará entre mayo y junio de este año: el senador Iván Cepeda es por ahora quien más chances tiene de triunfar, si bien la derecha más dura de Abelardo de la Espriella podría complicar el camino al poder del candidato del Pacto Histórico.

En Brasil, las elecciones serán en octubre y Lula da Silva podría obtener su reelección, siempre que la derecha, todavía en busca de un candidato sólido, no termine capitalizando a su favor el inevitable desgaste del presidente. Perú es un caso aparte, caracterizado por una permanente inestabilidad y una incesante fragmentación partidaria que dificulta la continuidad institucional de los sucesivos gobiernos, y donde China ha establecido su principal base de apoyo económico y en materia de infraestructura en el Pacífico sudamericano.

Con su alineamiento irrestricto a Washington, y frente a otros candidatos, Daniel Noboa hace méritos para convertirse en el discípulo más aguerrido de Donald Trump, sobre todo, gracias a su permanente política de enfrentamiento y de acoso contra los gobiernos progresistas de la región.

Frente a la disputa contra Claudia Sheinbaum por el arresto del ex vicepresidente Jorge Glas, asilado en la embajada mexicana en Quito, y en paralelo al actual conflicto comercial con Colombia, la ruptura reciente de relaciones con Cuba y la expulsión de su embajador son la mejor prueba de fe que en estos momentos puede brindar el ecuatoriano a la administración republicana como compensación ante el inminente programa de militarización y de control social del país.

El foro que tendrá lugar el 7 de marzo en Miami y que reunirá a Trump con una decena de mandatarios latinoamericanos de extrema derecha, seguramente, se convertirá en una ocasión idónea para que Noboa, junto con el resto de los participantes, rinda pleitesía y exprese, una vez más, su fidelidad a toda prueba, su profunda gratitud y, sobre todo, su permanente disposición a actuar en nombre del gobierno de los Estados Unidos.

Una incondicionalidad total que, sin embargo, nunca termina de saciar al Leviatán del norte.

*Periodista de Página12, Argentina