Miami: la cumbre de la genuflexión
La Jornada
Los asistentes, seleccionados a dedo por su afinidad ideológica y su vasallaje político hacia el magnate, no acudieron a la presentación del denominado Escudo de las Américas en condición de iguales que comparten preocupaciones y puntos de vista, sino como subordinados que reciben órdenes y aplauden con estruendo todas las ocurrencias de su jefe, incluso cuando éste se planta frente a 10 hispanoparlantes y les suelta un “no voy a aprender su maldito idioma”.
En su recepción, Trump declaró que el “consenso” es que la única manera de derrotar al crimen organizado y los inexistentes grupos narcoterroristas es “desatar el poder de nuestras fuerzas armadas”, para lo cual desplegará “el poder supremo de Estados Unidos” que, gracias a él, es “otra vez” la máxima potencia militar del planeta. En realidad, nunca ha dejado de serlo ni ha experimentado ningún incremento sustancial en sus capacidades bajo el trumpismo, sólo cambió el nivel de disposición al uso unilateral y arbitrario de la fuerza.
Más allá de los dislates del republicano y de su manía de culpar a México por el insaciable consumo de sustancias ilícitas de la sociedad estadunidense, lo más notorio del encuentro reside en que cada uno de los mandatarios asistentes usa discursos de mano dura contra el crimen al mismo tiempo que arrastra un extenso prontuario.

Milei ha promovido en dos ocasiones estafas mediante criptomonedas; puso en primer lugar de sus listas al Congreso a José Luis Espert, cuando ya era de dominio público que éste recibió 200 mil dólares del narcotraficante Fred Machado; vendió las candidaturas de su partido; consintió que su hermana cobrara “comisiones” a proveedores de la Agencia Nacional de Discapacidad.
Paz fue imputado por corrupción, malversación y contratos lesivos al Estado por impulsar obras con graves irregularidades y sobreprecios cuando era alcalde de Tarija. Chaves tiene decenas de causas abiertas por corrupción, incluyendo prevaricato, peculado, tráfico de influencias y financiamiento ilegal de campaña. Fue sancionado y degradado por el Banco Mundial tras comprobarse un patrón de acoso sexual hacia subalternas.
Noboa, quien mantiene a Ecuador bajo Estado de excepción y maneja una imagen de gángster dispuesto a todo contra el narcotráfico, ha justificado los constantes hallazgos de cargamentos de cocaína en buques de la compañía naviera de su familia. La Unidad Fiscal Especializada contra Redes de Corrupción (Uferco) de Honduras acusa a Asfura de estructurar un esquema de lavado de dinero, malversación de caudales públicos y fraude desde la alcaldía de Tegucigalpa.
La lista de faltas se extiende al resto de dirigentes latinoamericanos y caribeños y, por supuesto, el anfitrión es el primer presidente de Estados Unidos condenado por un delito grave. Así, queda claro que el Escudo de las Américas no tiene nada que ver con el combate al crimen, sino con avanzar en la imposición de la Doctrina Monroe.

Un par de días antes de la cumbre, la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández, calificó a México de “un referente de a dónde no queremos llegar” en materia de violencia, crimen organizado y narcotráfico. Fernández fue ministra de la Presidencia y ministra de Planificación Nacional y Política Económica en la administración de Chaves, cuya agenda suscribe sin matices.
Si en verdad la futura mandataria quiere evitar a su país los grandes sufrimientos padecidos por el nuestro en las dos últimas décadas, debería tener en cuenta que la crisis de inseguridad inició cuando un político de su misma corriente ultraderechista hizo lo que ella se apresta a hacer: abrir México de par en par a las agencias de espionaje estadunidenses, supeditar las decisiones internas a los intereses de Washington, ignorar las raíces socioeconómicas del fenómeno delictivo, y declarar una guerra contra sus propios ciudadanos, en la que la violencia de Estado se convirtió en criterio de éxito de la estrategia de control disfrazada como de seguridad.
Las lecciones del calderonato valen también para el resto de gobernantes (y gobernados) que todavía ven o fingen ver en la “guerra contra las drogas” de la Casa Blanca una ofensiva contra las estructuras criminales y no el mecanismo de dominio imperialista que es.
Trump y México
Donald Trump reiteró que México representa una amenaza de seguridad nacional para Estados Unidos, ya que está controlado por los cárteles de la droga, y es “el epicentro” de la violencia criminal del hemisferio occidental, advirtiendo que a pesar de que le “cae muy bien” la “hermosa” mandataria mexicana, su gobierno no puede tolerar esa situación en el país vecino.
En su discurso en la inauguración de una nueva entidad bautizada como Escudo de las Américas en Miami, Trump dijo que ha llegado el momento de frenar al crimen trasnacional en el hemisferio, y subrayó que “el epicentro de la violencia de los cárteles es México”. Acusó que “los cárteles mexicanos están nutriendo y orquestando mucho del derramamiento de sangre y caos en este hemisferio, y el gobierno de Estados Unidos hará lo que sea necesario para defender nuestra seguridad nacional y proteger la seguridad del pueblo estadunidense”.
“Miren, todo viene a través de México”, afirmó en referencia a las drogas y una vez más –como lo ha repetido desde que llegó a la Casa Blanca como parte de su táctica de presión que ha empleado contra el gobierno mexicano– elogió a la presidenta Claudia Sheinbaum, pero subrayó que México está bajo control de los cárteles. “Y me cae muy bien la Presidenta. Es muy buena persona. Tiene una voz hermosa, es una mujer hermosa. Pero voz hermosa, Presidenta, Presidenta, Presidenta, le dije, déjeme erradicar a las protestas”, en aparente referencia a la ola de violencia tras la captura de El Mencho.
Continuó sobre los cárteles mexicanos: “tenemos que erradicarlos, los tenemos que golpear como el infierno, porque están cada vez peor. Están tomando a ese país. Los cárteles controlan México. No podemos tener eso. Demasiado cerca de nosotros…. Pero todo llega pasando por México, en gran parte”.
El gobierno de México –junto con el de Brasil y Colombia, entre otros– no estaba presente en esta “cumbre” de sólo 12 mandatarios de América.
Los comentarios de Trump sobre México no marcaron ningún giro en la postura del gobierno estadunidense, y son parte de una estrategia de crítica constante mezclada con elogios y trato personal respetuoso e incluso acuerdos que han caracterizado el manejo de la relación bilateral por el mandatario desde que llegó a la Casa Blanca.
Sin embargo, cada amenaza es inevitablemente más ominosa en una coyuntura donde la retórica amenazante de Trump también se ha traducido en acciones, incluidos bombardeos de supuestas narcolanchas, el secuestro a un jefe de Estado en Venezuela, el asesinato de otro en Irán y la amenaza directa de una ofensiva para lograr un cambio de régimen en Cuba.