Demasiadas dudas tras la liberación del gendarme Gallo
Liberado hace 10 días, aún no pudo ir a su casa. Las dudas y las especulaciones crecen
Marcos Salgado
“Estoy en el (Edificio) Centinela, que es mi casa. Yo me siento en mi casa”, dijoel gendarme argentino Nahuel Gallo en el único contacto con los medios el último martes, tras su liberación el domingo 1 de marzo,tras casi 450 días preso en Venezuela, donde se lo encausó por espionaje.
En esa conferencia de prensa Gallo apareció acompañado por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, el canciller Pablo Quirno y el jefe de la Gendarmería Nacional, Claudio Brilloni. Muchos canales de televisión la transmitieron en vivo, pero usando la señal generada por la gendarmería. Ni Gallo ni los funcionarios contestaron preguntas.
Durante su mensaje, el gendarme aseguró que fue él quien solicitó el contacto con la prensa, y lo dedicó básicamente a pedir por la libertad de otros extranjeros presos en Venezuela. Aunque se sabe que el operativo de repatriación estuvo a cargo de la Asociación del Fútbol Argentino, Gallo no agradeció directamente a la institución.
Aislado
Mientras tanto, casi una semana después del regreso a la Argentina, Gallo sigue alojado en el Edificio Centinela, la sede de la Gendarmería, cerca del puerto de Buenos Aires. En la semana circuló una foto de una comida en familia que, comenta Pablo Dipierri en La Política Online, fue en el mismo edificio. “Limpiaron un escritorio y les pidieron milanesas con papas fritas”, comentaron sus fuentes a Dipierri.
Está claro el esfuerzo del gobierno argentino por controlar la narrativa en torno al caso. Un esfuerzo improvisado que se parece mucho a un control de daños, y muestra que la operación retorno los tomó por sorpresa. Esto en rigor, es lógico: en Caracas se sabe que desde hace meses el gobierno argentino no mantenía activo ningún canal para intentar una negociación.

Por el contrario, la administración Milei saboteó sistemáticamente cualquier posibilidad de acercamiento. Así, por caso, la por entonces ministra de seguridad, Patricia Bullrich, denunció al ex embajador argentino en Caracas, Oscar Laborde, por “traición a la Patria”. ¿El “delito” del diplomático? haber hecho de puente entre la familia y la fiscalía para acercar una carta de la madre de Gallo para el gendarme.
Fue precisamente por gestiones del entonces fiscal venezolano Tarek William Saab que se difundió el video de Gallo, caminando junto a otros presos por el patio del Penal El Rodeo 1, cerca de Caracas.
Diplomacia prepotente
Fuentes con conocimiento del caso comentaron en su momento a este cronista que en las primeras semanas tras la detención de Gallo llegó un delegado argentino a Caracas con una actitud poco diplomática, y rebotó de inmediato. “Mandaron a un señor muy prepotente, que llegó dando órdenes, le dijimos que se vaya y manden a otro que sí estuviera dispuesto a dialogar”, graficaron.
Donde sí se movió el gobierno argentino fue en la denuncia en foros internacionales. Argentina insistió en la ONU, OEA, CIDH y CPI reclamando su liberación y denunciando desaparición forzada y torturas. En suma, la acción del gobierno argentino siempre estuvo vinculada a batir el parche contra el gobierno venezolano de Nicolás Maduro pero nunca a encontrar canales de comunicación con Caracas para avanzar en la liberación.
Operación de espionaje
El ministro de Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, confirmó en su momento que Gallo formaba parte de una operación para sacar opositores al gobierno vinculados a María Corina Machado, que estaban alojados en la embajada de Argentina en Caracas, por ese entonces bajo cuidado diplomático de Brasil.

También el fiscal Saab confirmó que en el móvil del gendarme había información que confirmaba la operación de espionaje.
“Les dolió porque venía a cumplir una misión y no es que ha sido abortada la misión, les hemos dado un golpe duro gracias a los organismos de Seguridad del Estado”, dijo en su momento Cabello. Y señaló a Bullrich: “hay una operación terrorista en contra de Venezuela. Lo que cuadra, señora Patricia, es que usted es una fascista”, remarcó Cabello. Por aquellos días también llamó la atención la declaración de la vicepresidenta argentina, Victoria Villarruel, quien apuntó contra Bullrich asegurando que ella “jamás lo habría autorizado a ir a Venezuela”.
Un viaje extraño
El gobierno venezolano siempre sostuvo que la supuesta visita familiar de Gallo a Venezuela era una fachada para ocultar una operación de espionaje. Desde el comienzo hubo dudas sobre la versión del gendarme. Lo que más llamó la atención en el arranque de la pesquisa fue su itinerario de vuelo.
De Mendoza, donde estaba destacado, pasó a Santiago de Chile (una alternativa común) y de allí voló a Bogotá, para tomar luego un vuelo doméstico a Cúcuta en la frontera con Venezuela, para pasar luego por tierra y por un paso secundario a la localidad de Ureña, donde -dijo la familia en su momento- lo esperaba un taxista que lo llevaría a Puerto Ordaz, del otro lado del país, en un viaje de más de 16 horas.

El periplo lógico hubiera sido volar de Bogotá directamente a Caracas, y de allí otro vuelo o un tramo por tierra mucho más corto a Puerto Ordaz. Por aquellos días, los precios de un vuelo Santiago de Chile – Bogotá – Caracas eran aproximadamente los mismos que un Santiago – Bogotá – Cúcuta. Había 20 frecuencias semanales entre Bogotá y Caracas en ese momento.
“Quiso entrar evitando controles de aeropuertos, que son más estrictos”, graficó en su momento una fuente con conocimiento de temas de seguridad a este cronista.
Más dudas
Si las intervenciones de la ministra Monteoliva y el canciller Quirno en la conferencia de prensa sin preguntas de Gallo apuntaron claramente a imponer el relato del Estado que “no abandona a sus ciudadanos”, no es menos cierto que también dejaron dudas. Quirno, por caso, agradeció a Estados Unidos y a Israel.
Parece difícil que Israel, que no tiene representación diplomática en Venezuela desde hace 17 años, haya tenido algo que ver, o servido al menos de puente. Lo mismo con Estados Unidos, país del que no se conoce ni una declaración, versión o inferencia que permita pensar que el tema del gendarme estuvo alguna vez encima de la mesa de la compleja relación entre Washington y Caracas.
Por ahora, la única escapada de Gallo del Edificio Centinela fue para visitar a Patricia Bullrich, en su oficina en el Senado. La funcionaria que fue clave en la inacción argentina para liberar al gendarme dijo que estuvo “charlando un rato largo” con él. ¿Visita social o ajuste de discurso?
La prolongada estancia de Gallo en la sede de la gendarmería hace crecer las dudas sobre una operación de control de daños que vuelve a poner en la palestra la denuncia de Venezuela: una operación de espionaje frustrada de la que ahora en Buenos Aires, claro está, nadie quiere hacerse cargo.
*Periodista argentino del equipo fundacional de Telesur. Corresponsal de HispanTv en Venezuela, editor de Questiondigital.com. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)