Irán, cuando las mentiras vuelan más rápido que los misiles

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Mirko C. Trudeau

En los primeros tres días de la ofensiva israelí-estadounidense contra Irán, las mentiras volaron más rápido que los misiles: la agresión se sustenta en casi un siglo de mentiras occidentales contra la nación persa, que se iniciaron cuando ésta intentó sacudirse el yugo colonial británico. Hoy, Irán es uno de los países más demonizados por la propaganda de Washington y sus aliados, que critica los excesos autoritarios de régimen teocrático pero omite deliberadamente el papel occidental en el surgimiento y consolidación del gobierno de los ayatollah.

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Columnas de humo se elevan tras el bombardeo israelí sobre los suburbios del sur de Beirut. Presuntamente el ataque estuvo dirigido contra instalaciones de Hezbolá y destruyó la sede de la cadena de televisión Al Manar, afín al grupo

Políticos, medios de comunicación, académicos y los grupos paraempresariaes que se autodenominan representantes de la “sociedad civil” aseguran desear para los iraníes un régimen laico, democrático, modernizador y moderado, pero olvidan mencionar que Irán ya se había dado a sí misma un gobierno con todas esas características, el del primer ministro Mohammad Mosaddegh (1951-1953).

Cuando el dirigente intentó nacionalizar la Anglo-Persian Oil Company (antecesora de la actual British Petroleum), el imperio británico reaccionó con un guion que Estados Unidos repetiría una y otra vez al tomar la batuta del imperialismo mundial: acusó al mandatario de “comunista”, saboteó la economía del país, le impidió comerciar con su propio petróleo y, finalmente, con la ayuda de Washington, depuso a Mosaddegh e instaló un gobierno títere encabezado por un monarca inventado, el sha Mohammad Reza Pahlavi, recuerdan Jim Cason y David Brooks

Reza sumió a Irán en un permanente baño de sangre perpetrado por sicarios entrenados por la CIA y el Mossad. La policía política del sha, Savak, torturó y asesinó a todos los políticos y simpatizantes de la democracia, además de despilfarrar la riqueza petrolera en una vida de lujos y excesos que se exhibían sin pudor frente a un pueblo depauperado.

La eliminación de todos los liderazgos modernizadores explica por qué, cuando Irán estalló finalmente contra la opresión, la única institución capaz de canalizar y coordinar la ira popular fue la jerarquía del chiísmo, rama del Islam mayoritaria en el país. Tras la revolución de 1979, Occidente azuzó a Saddam Hussein para que Irak invadiera a su vecino.  Hussein recibió cobertura mediática, apoyo de inteligencia y armamento ilimitado, incluidas armas químicas provistas por Alemania, durante los ocho años que duró su fallido intento de acabar con su vecino. Al término de la guerra, un millón de iraníes habían muerto y más de dos millones estaban heridos, muchos de ellos con daños devastadores por la inhalación de los gases mostaza y sarín, obsequio del neocolonialismo europeo.

Este solo hecho  basta para mostrar la hipocresía de Donald Trump, Benjamin Netanyahu, Emmanuel Macron, Keir Starmer y Friedrich Merz, así como casi la totalidad de los medios de comunicación occidentales, al justificar sus agresiones contra Irán en nombre de la “defensa propia”. Washington dijo que llevó a cabo un “ataque preventivo” ante una “amenaza inminente” de Teherán, pero luego el secretario de Estado, Marco Rubio, admitió que la “amenaza inminente era que sabíamos que si Irán fuese atacado (por Israel) –y creíamos que iba a ser atacado–, entonces vendrían de inmediato por nosotros, y no nos íbamos a quedar sentados esperando a ser golpeados antes de responder”.

Irán tiene la tercera reserva más grande de petróleo en el mundo, después de Venezuela y Arabia Saudita, y una cuarta parte de todo el petróleo exportado en el mundo pasa por el estrecho de Ormuz, en las costas de Irán. Casi inmediatamente después de que estalló esta guerra se incrementó el precio mundial del petróleo, lo cual probablemente llevará a alzas en el costo de la gasolina y otros combustibles en Estados Unidos, justo después de que Trump festejó en su informe a la nación que él había reducido esas tarifas.

Quizás Rubio no se expresó bien: quiso decir que Israel ya había tomado la decisión de atacar y que Washington no dirigió la operación ofensiva, sino que la siguió, tal como argumenta The New York Times. Donald, Trump dejó que su complicidad con el sionismo lo arrastrara a una guerra a la que ahora no le encuentra salida, como ha evidenciado al extender el plazo del conflicto de “dos o tres días” a “cuatro o cinco semanas” y un indefinido “requerirá tiempo”.

Trump y Hegseth

El secretario de Defensa Pete Hegseth insistió ante reporteros en que “esto no es Irak, esto no es algo sin fin”, pero no logró expresar cuáles son los objetivos específicos y concretos de su guerra. Hegseth, quien tiene un tatuaje de una cruz de las cruzadas católicas, calificó la guerra de “nuestro castigo contra su ayatollah y su culto de muerte”.

El gobierno de Trump no menciona que el gobierno de Irán ya había negociado un acuerdo de no desarrollo de armas nucleares con el gobierno de Barack Obama, y que fue Washington, no Teherán, el que se retiró del acuerdo bajo la presidencia de Trump.

Mientras, el canciller chino, Wang Yi, declaró en una conversación telefónica con su homólogo iraní, Abbas Araghchi, que Pekín respalda a Teherán en su defensa frente a los ataques estadunidenses e israelíes, así como en la “protección de sus derechos e intereses legítimos”. Asimismo, exhortó a los países del golfo Pérsico a unirse para rechazar la injerencia externa. China, añadió Wang, ya instó a Washington y Tel Aviv a “detener de inmediato las operaciones militares, prevenir una mayor escalada de tensiones y evitar que el conflicto se extienda por toda la región de Oriente Medio”.

Malasia, país donde más de 60 por ciento de sus habitantes son musulmanes, repudió el “monstruoso ataque de Estados Unidos y el régimen sionista” contra Irán, que cobró numerosas víctimas civiles, indicó el primer ministro malasio, Anwar Ibrahim. Asimismo, el primer ministro de India, Narendra Modi, informó que conversó con el rey jordano, Abdullah II, para expresar su profunda preocupación por la situación en la región y reiterar el respaldo de India a la paz y la seguridad del reino hachemita. Y Corea del Norte enfatizó su condena a la agresión militar de EEUU e Israel contra Irán, por considerarla violatoria del derecho internacional, indicó su Ministerio de Relaciones Exteriores, que calificó el acto de “agresivo e ilegal, propio de la codicia egoísta y hegemónica”.

El incendio en la embajada estadounidense en Riad (Arabia Saudita) y las revueltas en Bahréin ilustran en forma contundente la velocidad con la que el Trump está perdiendo el control sobre su -por ahora- última aventura bélica.

 La oposición interna  

Estos son los posibles escenarios si Estados Unidos ataca a Irán - The ...Aliados y adversarios le echan en cara sus mensajes contradictorios, que no existiera una amenaza inminente y ahora el anuncio de que será una guerra prolongada. Aun entre los legisladores republicanos hay oposición y, sobre todo, una creciente preocupación sobre la falta de objetivos claros en lo que parece ser una operación militar potencialmente indefinida en tanto metas y tiempos. Casi seis de cada 10 estadounidenses no aprueban la decisión de Trump de atacar Irán, según una encuesta de CNN que confirma varios otros sondeos.

Los mensajes contradictorios, objetivos cambiantes y ahora advertencias de que la guerra estadounidense contra Irán podría extenderse durante semanas están generando creciente oposición dentro de su propio país –incluso entre sus propias filas– e interrogantes sobre las razones por las cuales  Trump lanzó esa acción bélica, aun después de que sus dirigentes militares habían concluido que no existía una amenaza inminente a EEUU. Es más, el domingo Trump se acreditó los misiles que asesinaron al líder iraní. “Yo lo maté antes de que él pudiera matarme”, afirmó en entrevista con ABC News.

Sin embargo, en este país –incluido el gobierno– parece haber poco entendimiento de que Ali Jamenei no era sólo el mandatario de Irán, sino un líder de millones de chiítas en toda la región y, por lo tanto, su asesinato tiene implicaciones más allá de un país.  Los iraníes no parecen tener la voluntad de aceptar un alto al fuego, a pesar de los esfuerzos del gobierno de Trump para lograr eso rápidamente. Parte de la razón es su creencia en que, si esta guerra no concluye de una manera en que también sea costosa para Estados Unidos, sólo será un intermedio temporal

Para Jeffrey Sachs, profesor de la Universidad de Columbia, “Ésto es parte de algo más grande. Estados Unidos está luchando en este momento por la hegemonía global… Esto es parte de una guerra mundial que ya está librando Estados Unidos. Esa guerra llega a Venezuela, va a llegar a Cuba, o ya está en Cuba. Esa guerra ya está en Medio Oriente. Europa ya es una región vasalla de Estados Unidos. Entonces, esto es Estados Unidos intentando, dentro de lo que ya es un mundo multipolar, mantener su hegemonía global”.

*Politólogo y analista estadounidense, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)