En el Congreso, Milei hostigó con insultos a la oposición
Claudio della Croce-CLAE
En su mensaje de apertura de sesiones montó un show de histrionismo. Como lo hiciera el mandatario estadounidense Donald Trump una semana atrás con los demócratas en el Capitolio, Javier Milei hostigó con insultos a la minoría parlamentaria peronista, prometió enviar en el año 90 proyectos de ley al Parlamento y coqueteó con una reforma de la Constitución.
Igual que Donald Trump una semana antes en la Cámara de Representantes de EEUU, Milei estructuró su mensaje ante la Asamblea Legislativa en torno a la oposición peronista Fue, como lo habían sido los demócratas para Trump, su punto de referencia, distracción y fuga. El líder libertario montó un show para su núcleo duro en el que rememoró sus tiempos como panelista desacatado.
Milei es un personaje criado (y creado) en un set de TV. De pie en una pequeña tarima, delante del estrado de la presidencia de la Cámara de Diputados -traje azul de tres piezas, camisa blanca, corbata azul eléctrico- desplegó la noche del domingo toda la potencia histriónica que lo encumbró inesperadamente en el vértice del poder político en la Argentina. Habló cerca de dos horas, pero si se contemplara el tiempo neto de su mensaje, la ceremonia podría haber durado la mitad.
Milei le cargó a la oposición la responsabilidad de los tropiezos de su programa económico. Acusó al kirchnerismo de haber instrumentado un plan para desestabilizar la economía y “derrocar a este gobierno” en complicidad “con sectores empresarios, mediáticos (…) y digamos, propios, que lo hacían con tal de abrazar el Sillón de Rivadavia”. Se interpretó como una alusión a la vicepresidenta Victoria Villarruel, a quien podía verse inquieta a la izquierda de la pantalla.
En un recinto con más presencia de funcionarios libertarios y militantes bien trajeados que legisladores en las bancas, los cloacales insultos y agravios del presidente fueron bien variados hacia los legisladores opositores.
Milei defendió la apertura, dijo promueve el acceso al consumidor de bienes de mejor calidad y menor precio y que las empresas que no puedan competir deberán cerrar y despedir a sus trabajadores. Este círculo no sólo no impactará en un alza del índice de desempleo, sino que finalmente será virtuoso para la economía. Asimismo, Milei anunció que enviará cambios para el sistema electoral y el financiamiento de las campañas electorales, reformas al Poder Judicial y los códigos Civil y Penal.
El presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, desoyó las agresiones del presidente Javier Milei durante la apertura de la Asamblea Legislativa, en la que les dijo “asesinos”, “chorros”, “parásitos” o “delincuentes” a los legisladores de la oposición, y consideró que el discurso estuvo dentro “del estilo” del mandatario a quien describió como una persona que “hace docencia permanentemente”.
En un infructuoso intento de explicar el fracaso de sus políticas económicas por el “golpismo” de los opositores, Milei aseguró que “luego de nuestro triunfo en las elecciones de la capital, comenzó a digitarse un ataque sin precedentes en la historia argentina y que tomó su punto más alto luego de las elecciones de septiembre en la Provincia de Buenos Aires, algo que a opositores y propios, digamos, lo hacía soñar con abrazar el sillón de Rivadavia”.
En ese momento, hizo un gesto con la cabeza para dejar claro que la destinataria de su frase era la vicepresidenta (y presidenta del Congreso) Victoria Villarruel.
Indulto a los genocidas
Mientras, la prensa recoge los incesantes rumores de que se acerca un indulto presidencial este mes a los condenados por Delitos de Lesa Humanidad, tanto para quienes cumplen su pena en distintas cárceles argentinas, como para quienes se encuentran en prisión domiciliaria.
Dos instituciones existen en el Derecho Interno Argentino. La amnistía, que es facultad del Poder Legislativo y el Indulto, que es prerrogativa del Poder Ejecutivo, según nuestra Constitución Nacional. La primera borra el delito y la segunda, perdona la pena. El Indulto, tiene raíces en las monarquías, cuando los reyes hacían todo a su antojo. ¿El estilo Milei, copia del de Trump?
El discurso de Milei negó los problemas de salarios, del empleo y del consumo. En su informe anual sobre el Estado de la Nación, los problemas no existen. En cambio, brindó un panorama de lo que viene en materia económica, que debe ser a su criterio la profundización de la apertura importadora, llevar al extremo la desaparición de las funciones de regulación y arbitraje del Estado y ponerle fin definitivo a lo que calificó como “la trampa del fetiche industrialista” , darle alguna forma de protección a la industria nacional para impulsar su desarrollo, señala el economista Raúl Dellatorre.

Milei subrayó que es positivo que el empresario ineficiente — el que “pierde” frente a la importación– cierre y su empresa desaparezca, porque eso no genera desempleo y es un beneficio para los consumidores. “La defensa prebendaria de ese industrial ineficiente sólo lo beneficiar a él y al político corrupto que coimea para que lo defienda”. El discurso presidencial insistió en que ni el empleo, ni los salarios ni los cierres por la competencia de la importación, sean un problema que hoy preocupe a la economía argentina.
Supo desaparecer de su discurso datos fuertes de la realidad. Las familias están perdiendo capacidad de compra porque una proporción grandes de sus ingresos se le van en el aumento exorbitante de los servicios, por la quita de subsidios que ensaya el gobierno. Consume menos de otros productos, por eso es que el mercado que hoy disputan industrias locales y la importación es más chico que el de hace tres años. Tampoco le dan los números a esas familias para verificar que sus ingresos en dólares se triplicaron en estos años.
Milei defendió la apertura económica: dijo «promueve el acceso al consumidor de bienes de mejor calidad y menor precio y que las empresas que no puedan competir deberán cerrar y despedir a sus trabajadores. Pero que este círculo no sólo no impactará en un alza del índice de desempleo, sino que finalmente será virtuoso para la economía». Repuso su horizonte utópico libertario: en lo que llamó “un cambio de época”, propuso establecer “la moral como política de Estado”. “La verdadera batalla de nuestro tiempo es cultural, filosófica y moral”, dijo.
“Es momento de crear la arquitectura institucional y jurídica para los próximos cincuenta años, estas nuevas reglas de juego que dejarán en el pasado, de una vez y para siempre, el proceso olvidable que ha sido nuestro último siglo de historia”, desafió. Obviamente, Milei apunta a su reelección. Llegó la hora de preguntarnos si buscará tener además su Constitución libertaria, se pregunta el diario Perfil.
La «inversión» minera
El sector más activo en promesas de inversiones es para el gobierno el minero. Empresas extranjeras de este sector le han exigido al gobierno la modificación de la Ley de Defensa de los Glaciares, como condición inexcusable para concretar las inversiones. Milei se abstuvo de hablar de extorsión en este caso. Pero se mostró tan convencido de las virtudes de la inversión minera que se ilusionó con la creación de “cientos de miles de puestos de trabajo por toda la Cordillera, empleos reales y no de parásitos como el Estado”. Una cifra por demás sin fundamento alguno.
Milei volvió a aludir despectivamente a los empresarios Paolo Rocca (Techint) y a Javier Madanes Quintanilla (Fate/Aluar), sobre quien preguntó: “Les parece bien pagar los neumáticos tres o cuatro veces más caros, contra la extorsión de tirar 920 trabajadores a la calle mientras se negocia la protección del sector aluminio?”.
Al discurso de Milei le quedaron afuera unos cuantos datos fuertes de la realidad. Las familias están perdiendo capacidad de compra porque una proporción grandes de sus ingresos se le van en el aumento exorbitante de los servicios, por la quita de subsidios que ensaya el gobierno. Consume menos de otros productos, por eso es que el mercado que hoy disputan industrias locales y la importación es más chico que el de hace tres años.
Y sin embargo, el discurso presidencial insiste en que ni el empleo, ni los salarios ni los cierres por la competencia de la importación, sean un problema que hoy preocupe a la economía argentina.
*Economista y docente argentino, investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)