Trump quiere un mundo como el de 1900
Pedro Brieger
La historia de los últimos doscientos años está marcada por una tensión entre la conquista de derechos para las grandes mayorías trabajadoras y la negativa de una minoría de reconocerlos y concederlos. Está claro que si fuera por los más poderosos las condiciones de vida en todo el mundo serían hoy similares a las del siglo XIX. Estaría generalizado el trabajo infantil en las grandes industrias y el trabajo esclavo en los territorios que las potencias europeas colonizaron en los siglos XVIII y XIX.
Hoy, en 2026, las reformas laborales que impulsa el gobierno del presidente argentino
Javier Milei para quitar derechos adquiridos durante décadas busca retrotraer las condiciones de vida de las grandes mayorías a los comienzos del siglo XX. No es casual que la reforma propuesta por Milei esté en sintonía con el discurso que dio Marco Rubio, Secretario de Estado de Donald Trump, en la Conferencia de Seguridad en Munich el 14 de febrero.
Rubio plantea una visión del orden internacional que remite a un esquema de poder mundial similar al de 1900, aunque con liderazgo estadounidense en lugar del europeo. Lo interesante no son las referencias vagas y apologéticas de la historia y cultura occidental, sino lo que no dice.
Ante un público europeo, Rubio fue muy aplaudido cuando dijo que en Europa “nacieron las ideas que sembraron las semillas de la libertad que cambiaron el mundo. Fue aquí, en Europa, donde se dio al mundo el Estado de derecho, las universidades y la revolución científica”. Más allá de su ignorancia y desprecio hacia la historia universal, Rubio remite a una visión del mundo en 1900 cuando la expansión colonial europea estaba en su apogeo y controlaba gran parte del planeta.

Las famosas consignas de Libertad, Igualdad y Fraternidad nunca se aplicaron en lugares como Argelia, que Francia ocupó durante 132 años. Y si no hubiera sido por la lucha incansable de la población tal vez todavía sería colonia con escasos derechos.
En el continente africano, en 1900, apenas Etiopía y Liberia eran Estados independientes. Alemania, Bélgica, España, Francia, Italia, Portugal y el Reino Unido se habían repartido el continente. Para controlar a las poblaciones locales impusieron segregaciones raciales y masacraron pueblos enteros, como sucedió entre 1904 y 1908 en la actual Namibia, considerado por muchos historiadores como el primer genocidio del siglo XX.
En 1900 Asia estaba menos colonizada que África, pero India era colonia británica; Filipinas ya estaba bajo control estadounidense; Vietnam, Laos y Camboya eran parte de la Indochina francesa e Indonesia era colonia holandesa. En esa dinámica de violencia colonial, los Países Bajos ya acumulaban antecedentes significativos de matanzas en sus colonias.
En América Latina, en 1900, La mayoría de los países había logrado su independencia. Pero comenzó un siglo de invasiones de Estados Unidos, golpes militares y dictaduras bananeras, aun antes de la creación de la Escuela de las Américas en 1946, donde se perfeccionaron los mecanismos de tortura y desaparición de personas. Ciertamente, todo esto, nunca es mencionado por Rubio o Milei.
Es imposible repasar la historia europea del siglo XX sin mencionar que las dos guerras mundiales se originaron en Europa. Tampoco que gobernaron Hitler y Mussolini, y que algunas de las peores atrocidades de la humanidad las llevaron adelante aquellos “civilizados “ que escuchaban a Beethoven o leían a Dante, dos artistas que citó Rubio en su discurso para mostrar el legado culto de Europa.
Tras las independencias africanas de mediados del siglo XX, distintos Estados y movimientos comenzaron a reclamarle a Europa reparaciones por las masacres cometidas y el comercio de esclavos hacia el continente americano. Rubio considera que pedir disculpas es un error: “No queremos que nuestros aliados estén encadenados por la culpa y la vergüenza –dijo- Queremos aliados orgullosos de su cultura y de su herencia”.
En otras palabras, dejen de pedir disculpas como hicieron varios gobiernos europeos por algunos de los crímenes de su época colonial. Al fin y al cabo, para Rubio, la civilización occidental llevó ideas civilizatorias a un mundo bruto y atrasado. Sin lugar a dudas un discurso que podría haberse pronunciado en 1900. En pocas palabras: civilización o barbarie.
Hay que recordar y subrayar que Estados Unidos nunca se disculpó por las invasiones en América Latina, ni por
haber sido parte de golpes de Estado, matanzas, torturas y desapariciones. Es muy claro lo que dice Rubio: quien se disculpa es débil (Europa) y quien no lo hace sigue siendo fuerte (Estados Unidos). Por eso dice que solo Estados Unidos puede liderar un proceso de “construir un nuevo siglo occidental”, liderado, obviamente, por Trump.
Estados Unidos quiere seducir a Europa con elogios a su herencia civilizatoria. El objetivo es recolonizar el resto del planeta. Rubio es directo: “Bajo el presidente Trump, los Estados Unidos de América asumirán nuevamente la tarea de renovación y restauración. Impulsados por una visión de un futuro tan orgulloso, tan soberano y tan vigoroso como el pasado de nuestra civilización”.
Ratificando lo dicho por Rubio, Trump organizó la reunión de su “Junta de Paz” el 19 de febrero en Washington. Frente a líderes de varios países, que lo miraban embelesados y no paraban de elogiarlo, presentó formalmente su plan para Gaza. El encuentro, transmitido en vivo a todo el mundo, parecía condensar la lógica de la Conferencia de
Berlín de 1884 —cuando las potencias europeas se repartieron África— y la del acuerdo secreto Sykes–Picot de 1916, que dividió el mundo árabe entre británicos y franceses. Solo que ahora convocados por Estados Unidos.
Es hora de reconocer que los valores de esa gran “civilización occidental” de la que hablan no existen. Son una construcción autocomplaciente de autoridad moral. Una construcción que ha servido para validar las conquistas a sangre y fuego en casi todo el planeta.
¿Será que Marco Rubio y Donald Trump quieren volver al 1900?
*Sociólogo y periodista argentino