Cuando la guerra volvió al Caribe

Cerco a Venezuela y ofensiva imperialista contra América Latina

121

Matías Caciabue

El conflicto en torno a Venezuela dejó de transitar el terreno de la presión diplomática, las medidas coercitivas unilaterales y la instalación de una durísima narrativa mediática para convertirse, sin eufemismos, en una lógica abiertamente bélica. De manera definitiva, el Mar Caribe ha sido militarizado y convertido en un espacio operacional activo, donde Estados Unidos despliega capacidades militares con un objetivo político claro: condicionar, forzar y reordenar el tablero regional, en su conjunto, y el escenario venezolano, en particular.

Portaaviones, buques de escolta, aviones de quinta generación, sistemas integrados de inteligencia, vigilancia, reconocimiento y guerra electrónica, helicópteros de combate, y fuerzas especiales, conforman una proyección de poder que habilita desde interceptaciones selectivas hasta operaciones encubiertas de alta complejidad.

La presencia de portaaviones y buques de asalto anfibio equivale, en los hechos, a contar con bases aéreas móviles, capaces de atacar de manera continua, protegido por un anillo defensivo que asegura superioridad aérea y marítima. En términos concretos, esto implica que en el Caribe se instaló una infraestructura para el combate sobre el Mar que constituye el corazón geopolítico de América Latina.

Diversos informes periodísticos confirmaron que el secuestro del presidente Nicolás Maduro no fue improvisado: incluyó ensayos previos, uso de inteligencia, participación de fuerzas especiales y una planificación que incluyó el despliegue con más de 150 aeronaves y con más de 15.000 efectivos militares movilizados. Esos datos, por sí solos, corren el velo de los eufemismos: no estamos ante una “aventura”, sino ante una acción directa propia de escenarios de conflicto armado y de guerra multidimensional [1].

El gobierno bolivariano: tres objetivos visibles

El ataque militar y la amenaza permanente son el telón de fondo con el que interactúa el reacomodo del gobierno venezolano tras el secuestro de su presidente. Tras el shock inicial, lejos de una reacción caótica, el accionar bolivariano nos deja ver, en los hechos, el despliegue de tres objetivos estratégicos.

El primero es evidente: la recuperación de la libertad de Nicolás Maduro. El proceso judicial montado en Estados Unidos carece de sustento jurídico real y opera como cobertura legal de una acción de fuerza. El secuestro presidencial se transforma así en una herramienta de negociación coactiva, mediante la cual la potencia agresora busca imponer condiciones políticas.

En ese marco, la discusión sobre eventuales canjes, liberaciones o acuerdos no remite a una “normalización” institucional, sino a una negociación bajo amenaza militar sobre el conjunto de Venezuela, que -vale subrayarlo- la conducción política encabezada por Delcy Rodríguez y la unidad de las fuerzas bolivarianas vienen administrando con firmeza. Estos hechos deben ser leídos desde la realpolitik: desde el terreno de las acciones concretas y no solo desde la retórica de los distintos actores. En un escenario de extrema complejidad, y lo que se anuncia puede aparecer como contradictorio o incluso incoherente, en todos los frentes en disputa.

El segundo objetivo pareciera ser garantizar la continuidad institucional del Estado. En toda operación de descabezamiento político, el blanco no es sólo la figura, sino la destrucción de un proyecto (en este caso, el chavista) y un liderazgo históricamente constituidos, con sus cadenas de mando, su metodología de toma de decisiones, y su gobernabilidad cotidiana

.La pequeña reorganización del gabinete (Juan Escalona, militar de trayectoria vinculado a la seguridad presidencial, fue designado Ministro del Despacho de la Presidencia, mientras que Aníbal Coronado, vicealmirante con experiencia en gestión pública, asumió el Ministerio de Ecosocialismo) y la reafirmación del funcionamiento administrativo apuntan a neutralizar uno de los efectos buscados por la agresión: el vacío de poder, la desorientación, el quiebre de la autoridad estatal. Todo indica que se está respondiendo en una lógica de continuidad: sostener al Gobierno es sostener al Estado y, con ello, se apuntala el proyecto político.

Recordemos que, aún desplazada y desdibujada, la oposición neofascista de María Corina Machado está operando todo el tiempo para quebrar el diálogo trumpista con Caracas, y su intención siempre fue clara: quebrar la institucionalidad construida por la Revolución Bolivariana. A eso fue a la Casa Blanca, a conferenciar con Trump, con el Premio Nobel bajo el brazo.

El tercer objetivo, decisivo y muchas veces subestimado, es el cuidado de la economía. Venezuela llega a este punto tras cuatro años consecutivos de recuperación económica en condiciones extremas de bloqueo, medidas coercitivas unilaterales y guerra económica. No se trata solo de cifras macro, sino de reconstrucción de circuitos productivos, de consumo de alimentos, de bienes esenciales y de ingresos, que sostienen la cohesión social. La CEPAL confirmó que Venezuela fue el país de América Latina con mayor crecimiento económico en 2025, en un contexto regional de bajo dinamismo [2][3]. Ese dato es estratégico: un país sancionado que crece rompe el libreto del disciplinamiento hemisférico, desafía el relato de la inevitabilidad del colapso y exhibe que la soberanía económica es posible, aún bajo asedio.

Por eso, la política económica impulsada por Delcy Rodríguez y el equipo ministerial no es una cuestión técnica aislada. Es Defensa Nacional, pero por otros medios. En escenarios de guerra multidimensional, la estabilidad económica es un territorio central. Si se rompe, se fractura la legitimidad interna y se abre la puerta a la desestabilización; si se sostiene, se convierte en un factor material de resistencia. Se defiende la producción doméstica, el abastecimiento y el trabajo como se defiende un puente o una frontera: ahí se juega la vida cotidiana del Pueblo.

EEUU: crisis de hegemonía, ofensiva imperial y Venezuela como pieza estratégica

Resulta cada vez más evidente que el conflicto con Venezuela no puede separarse de las persistentes disputas internas en el poder angloamericano. La centralidad que adquiere “Venezuela” en la agenda de Washington convive con tensiones económicas, institucionales y geopolíticas crecientes, justificadas en el cómo las facciones anglomericanas (globalistas vs. neoconservadores) pretenden reordenar el tablero interno de una potencia que siente, definitivamente, el desgaste de su hegemonía mundial.

En ese sentido, la ofensiva de Donald Trump contra la Reserva Federal y su presidente, Jerome Powell, expone un¿La investigación criminal contra la Fed puede afectar tu dinero? Lo ... conflicto de enorme magnitud. Tras conocerse los datos de inflación de diciembre (2,7% interanual), Trump redobló la presión para forzar una baja de tasas, cuestionando abiertamente la autonomía del banco central [4]. La escalada incluyó amenazas políticas, persecución judicial, e intentos de disciplinamiento institucional, y produjo una reacción inédita de respaldo a Powell por parte de autoridades monetarias internacionales [5][6]. No es un episodio menor: muestra una lógica de poder que necesita romper reglas internas del sistema estadounidense del mismo modo en que las quiebra en el plano internacional.

Venezuela, en ese marco, pretende ser utilizada como la figura del clásico enemigo externo que sirve para cohesionar, distraer tensiones internas, y proyectar fuerza hacia el exterior. En épocas de desgaste, el imperialismo necesita escenarios donde exhibir mando. Y cuando el mando es difícil en casa, se compensa hacia afuera: con guerra, con bloqueo, con operaciones, con exhibición militar. Es la vieja receta de las potencias imperialistas en crisis: convertir el conflicto externo en un recurso de gobernabilidad interna.

Sin embargo, incluso dentro del propio establishment estadounidense emergen grandes fisuras. El Senado avanzó una resolución para limitar nuevas acciones militares contra Venezuela, con el apoyo de cinco senadores republicanos junto a los demócratas, señalando un malestar creciente frente al proyecto estratégico trumpista [7][8].

Esto no hace referencia a una voluntad “pacifista”: sólo es la manifestación política de una disputa al interior de la Aristocracia Financiera y Tecnológica por visiones en permanente confrontación, por costos, legalidades y control del aparato de guerra. Pero esa fisura confirma algo crucial: Venezuela no es una pieza menor, es un punto de tensión real dentro del sistema político estadounidense.

De la “Doctrina Monroe” al “Documento Don-Roe”: Mearsheimer y la coartada del “realismo ofensivo”

Donald Trump, con traje y corbata roja, sostenía un documento. A su lado, una persona sostenía un mapa de la costa del Golfo en el que se lee “Golfo de América”.
La doctrina «Donroe»

Durante una extensa entrevista concedida al periodista Jake Tapper, de la CNN, Stephen Miller, Subdirector de Gabinete de la Casa Blanca y uno de los ideólogos más influyentes del trumpismo en materia de política interna y exterior, expuso sin ambigüedades el marco conceptual que orienta la acción internacional de la administración Trump. Miller insistió en la primacía del poder estadounidense y cuestionó abiertamente el orden internacional que la propia historia de EEUU ha contribuido a construir decididamente.

“Podés hablar todo lo que quieras de formalidades internacionales y de cualquier otra cosa. Pero vivimos en el mundo real, un mundo que se rige por la fuerza, por la coerción y por el poder. Estas son las leyes de hierro que gobiernan el sistema internacional”, afirmó. En la misma línea agregó: “La Doctrina Monroe y la Doctrina Trump se centran en asegurar el interés nacional de Estados Unidos. Durante años enviamos a nuestros soldados a morir en los desiertos de Oriente Medio para intentar construir parlamentos y democracias. El futuro del mundo libre depende de que Estados Unidos pueda defender sus intereses sin disculparse” [9].

Estas declaraciones condensan con crudeza la lógica que orienta la política exterior trumpista: la fuerza como principio ordenador, la coacción como método y el poder desnudo como lenguaje. Se trata de una traducción operativa del llamado “realismo ofensivo”, llevada a su versión más extrema y desprovista de mediaciones normativas o diplomáticas.

Es aquí donde emerge una paradoja significativa. John Mearsheimer, padre de la teoría del “realismo ofensivo”, se ha convertido en un crítico severo del accionar trumpista. El propio Mearsheimer, incluso señalado como el intelectual John Mearsheimer on: The future of EU - YouTubeque postuló un “repliegue hemisférico” de Estados Unidos -orientado a abandonar las prolongadas y desgastantes guerras de Medio Oriente y a desarmar el esquema de protectorado militar sobre Europa-, sostuvo en intervenciones recientes que lo que se despliega contra Venezuela no puede interpretarse a la luz de la Doctrina Monroe en su versión simplificada de “América para los americanos”

Esto es, como la mera prescripción estadounidense contra la presencia de potencias extrarregionales en América Latina-, sino que debe leerse como un ejercicio peligroso de “imperialismo puro”: una política de fuerza desnuda, sin reglas, sin límites definidos y carente de todo cálculo estratégico de largo plazo [10][11].

El “realismo ofensivo”, desarrollado por Mearsheimer en el libro The Tragedy of Great Power Politics, parte de la premisa de que las grandes potencias tienden a maximizar su poder por razones estructurales, no morales ni coyunturales. En el escenario actual, y frente al evidente ascenso chino, ese fundamento puede explicar un repliegue hemisférico angloamericano.

El llamado escenario del “enfrentamiento del G2” -EEUU y China entendidos no solo como Estados, sino como entramados de actores económicos, financieros, tecnológicos, institucionales y militares- sería el que estaría “obligando” a las fuerzas angloamericanas a ceder su omnipresencia mundial para concentrar recursos, preservar capacidades e intentar controlar, sin miramientos, el núcleo históricamente invisibilizado de su sistema imperial: América Latina (su “patio trasero”).

 Viejo mapa de los “Dos Hemisferios” de 1875.

Resulta imprescindible nombrar el fenómeno, con claridad y sin eufemismos. El autodenominado “Documento Don-Roe”, lejos de constituir una actualización del pensamiento geopolítico estadounidense, expresa una forma de imperialismo extremo.

No se trata de orden, ni de estabilidad, ni de seguridad regional, sino de la pretensión de que el continente naturalice como normal y aceptable lo que, en realidad, representa un salto cualitativo en la agresión imperialista, en la ruptura de reglas y en la imposición de la violencia como principio organizador del “Hemisferio”, donde también se incluye una amenaza real y concreta de ocupación militar sobre Groenlandia, una nación “constituyente” del Reino de Dinamarca.

A propósito, en el Congreso de EEUU circula una iniciativa que revela el alcance expansionista del neofascismo angloamericano. El representante republicano Randy Fine, diputado por Florida, presentó el Greenland Annexation and Statehood Act, un proyecto de ley que busca otorgar al presidente Donald Trump autoridad para avanzar en la anexión de Groenlandia y su posterior incorporación como estado 51º [12]. La propuesta contempla facultar al presidente para “tomar las medidas necesarias, incluyendo la negociación con el Reino de Dinamarca”, con el fin de adquirir o anexar la isla como territorio estadounidense y establecer un marco para su eventual conformación como estado.

No se puede descartar que ese proyecto no prospere en la actual conformación del Congreso estadounidense, y releva la importancia estratégica que el trumpismo le da a Groenlandia en términos de rutas marítimas árticas, recursos y seguridad nacional, formalizando en clave legislativa un deseo expansionista que supera los límites de las alianzas establecidas con países como Dinamarca, miembro de la OTAN.

Una apelación desde el Sur

Venezuela, en este escenario, no enfrenta solo una agresión puntual. Enfrenta un intento de imponer un precedente hemisférico: la idea de que EEUU puede capturar el futuro político de un país mediante operaciones militares y negociaciones extorsivas. Si ese precedente se consolida, no se redefine únicamente el destino venezolano. Se reescribe, por la vía de la fuerza, el mapa político de América Latina y el Caribe.

Y es acá donde la apelación debe ser explícita, sin timidez. Lo que está en juego no es sólo un gobierno, ni siquiera un Estado: lo que está en juego es la posibilidad misma de que nuestros pueblos decidan su destino sin tutela imperialista. Por eso, ésta no puede ser una discusión mediada por lo que el ideario social-liberal entiende por “democracia”. La militarización del Caribe y el secuestro de un presidente latinoamericano golpean, por extensión, a toda la región: a su soberanía, a su derecho a existir con voz propia, a su capacidad de construir proyectos nacionales y populares.

Frente al occidentalismo que enarbolan Javier Milei y las restantes expresiones neofascistas latinoamericanas -un seguidismo acrítico de los preceptos imperialistas presentado como supuesto “alineamiento civilizatorio”- resulta pertinente responder desde las propias tradiciones de la escuela realista de las relaciones internacionales. Incluso Samuel Huntington, otro de los teóricos más influyentes de ese campo, nos sirve para desmontar esa ficción.

Political science - Systems Analysis | BritannicaEn The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order, publicado hace 30 años atrás (en 1996), Huntington fue explícito: Latinoamérica no forma parte de la llamada “civilización occidental”, sino que constituye una civilización diferenciada, con trayectorias históricas, culturales y políticas propias, vinculada a Occidente por una relación colonial y estructuralmente dependiente.

Dicho de otro modo, aun desde una mirada realista y proimperialista, América Latina aparece situada fuera del “núcleo civilizatorio” que los libertarianos dicen defender. La contradicción es evidente y profunda: el neofascismo latinoamericano se subordina a un Occidente que, incluso en sus formulaciones teóricas más clásicas, no las reconoce como parte constitutiva. Ese occidentalismo no expresa identidad ni pertenencia; expresa dependencia ideológica, vocación neocolonial, y negación del lugar que las y los latinoamericanos debemos ocupar en el mundo.

Adaptación a color del mapa de “Las civilizaciones” planteado por Huntington en su libro. Elaborado por el geógrafo Joaquín Domínguez (2016)

.La respuesta, entonces, no puede quedar encapsulada en cancillerías y foros institucionales. Necesita siempre hacerse Pueblo: conciencia regional, unidad, movilización, solidaridad concreta. Y necesita hacerse Clase: porque la guerra imperial no la pagan las oligarquías (santanderistas y rivadavianas); la paga las y los trabajadores,  cuando la guerra económica asfixia, cuando se reprime, cuando suben los “costos de vida”, cuando se destruye la integración regional, cuando se bombardean sus casas, cuando se instala la incertidumbre.

América Latina y el Caribe están frente a una disyuntiva histórica: o se naturalizan las agresión militar como método de disciplinamiento hemisférico o se construye una respuesta a la altura del siglo XXI. No hay neutralidad posible cuando se secuestra a un presidente y se militariza un mar entero para imponer condiciones geopolíticas. El nombre, más allá de los eufemismos, es uno solo: guerra. Y ante la guerra imperialista, la única salida digna es la unidad popular y regional para sostener soberanía, paz con justicia social, y autodeterminación.

Referencias

[1] Reuters. (2026, 3 de enero). Mock house, CIA source and Special Forces: The US operation to capture Maduro. https://www.reuters.com/business/aerospace-defense/mock-house-cia-source-special-forces-us-operation-capture-maduro-2026-01-03/

[2] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2025). Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe 2025. https://www.cepal.org/es/publicaciones/84460-balance-preliminar-economias-america-latina-caribe-2025

[3] CEPAL. (2025). América Latina y el Caribe: crecimiento del PIB real en 2024 y proyecciones para 2025 y 2026. https://www.cepal.org/sites/default/files/pr/files/tabla_nuevas_proyeccionespib_oct-2025.pdf

[4] Reuters. (2026, 13 de enero). Trump says inflation data means Fed should cut interest rates. https://www.reuters.com/business/trump-says-inflation-data-means-fed-should-cut-interest-rates-2026-01-13/

[5] Reuters. (2026, 12 de enero). Instant View: Investors react as Trump-Fed feud escalates. https://www.reuters.com/business/view-investors-react-trump-fed-feud-escalates-2026-01-12/

[6] Associated Press. (2026, 13 de enero). Top central bankers express full solidarity with Fed Chair Powell in clash with Trump. https://apnews.com/article/98403522c4a6315229f4b87fab467820

[7] PBS NewsHour. (2026, 8 de enero). Trump blasts 5 Republican senators for war powers vote. https://www.pbs.org/newshour/politics/trump-blasts-5-republicans-for-war-powers-vote

[8] Al Jazeera. (2026, 8 de enero). US Senate advances resolution to curb Trump military authority in Venezuela. https://www.aljazeera.com/news/2026/1/8/us-senate-passes-measure-to-restrict-trumps-military-actions-in-venezuela

[9] AP News. (2026, 15 de enero). Stephen Miller’s worldview, in his own words: U.S. military power, Venezuela and Greenland. https://apnews.com/article/stephen-miller-venezuela-greenland-minneapolis-ba175d90c0d34730cafd2a64df70be82

[10] Harici. (2026, 12 de enero). Mearsheimer’s reality check: Trump’s Venezuela plan is pure imperialism. https://harici.com.tr/en/john-mearsheimer-warns-trumps-venezuela-policy-is-pure-imperialism-not-the-monroe-doctrine/

[11] Mearsheimer, J. (2025, 9 de enero). John Mearsheimer: Venezuela, Groenlandia y el fin de la OTAN [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=txdxhe5IGzk

[12] Congressman Randy Fine. (2026, 12 de enero). Greenland Annexation and Statehood Act introduced [Press release]. https://fine.house.gov/news/documentsingle.aspx?DocumentID=118

[13] Infobae. (2026, 13 de enero). Un congresista republicano registra una propuesta de ley para anexionar Groenlandia a EE. UU. https://www.infobae.com/america/agencias/2026/01/13/un-congresista-republicano-registra-una-propuesta-de-ley-para-anexionar-groenlandia-a-eeuu/

 

*Licenciado en Ciencia Política y ex Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional UNDEF en Argentina. Analista de NODAL. Investigador argentino del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).