Roberto Bissio
La dominación extracontinental de América del Sur comenzó con el secuestro de un jefe de Estado acusado de ejercer ilegítimamente el poder. El 15 de noviembre de 1532 una pequeña fuerza expedicionaria extranjera con tecnología bélica avanzada logra sorprender al ejército imperial del Tahuantinsuyo en Cajamarca y secuestra a su caudillo, Atahualpa, quien aspiraba a ser Inca, pero cuya legitimidad estaba muy cuestionada.
Atahualpa acababa de apresar a su principal opositor, su hermano Huáscar, quien se había coronado como sucesor tras la muerte del padre de ambos, Huayna Cápac. La enfermedad desconocida que mató al “Inca” (soberano) Hauyna Cápac y también a su primogénito y heredero Ninan Cuyuchi muy probablemente fue la viruela, traída por los españoles al continente al llegar a Panamá a comienzos del siglo XVI.
La pandemia se propagó por toda la región andina y llegó al Cuzco, la capital, antes que los primeros conquistadores europeos.
Atahualpa se impuso militarmente en la disputa sucesoria, pero aún no había sido legitimado por la nobleza. Mientras se dirigía al Cuzco para coronarse, al mando de un ejército de treinta mil hombres, Atahualpa recibió las noticias sobre la presencia de un grupo de barbudos con tecnologías militares avanzadas montados sobre enormes animales desconocidos y se citó con ellos en Cajamarca.
Todavía hoy se discute si fue torpeza, cobardía o la traición de sus militares lo que permitió la captura de Atahualpa por parte de Francisco Pizarro, quien tenía apenas 168 hombres y 37 caballos. Lo cierto es que Atahualpa fue secuestrado, pero desde su prisión continuó manejando el imperio, recibiendo visitas, y despachando órdenes, entre ellas la de llenar la habitación de 35 metros cuadrados donde estaba recluido (y que ahora se conoce como “Cuarto del rescate”) con oro hasta la altura de su brazo levantado. Además, entregó a su hermana, la princesa Quispe Sisa, al conquistador, que tuvo dos hijos con ella.
En los meses siguientes, mientras los súbditos de Atahualpa acumulaban un rescate de más de 80 toneladas de oro y el doble de ese volumen en plata, los españoles solicitaban refuerzos, se maravillaban con los avanzados sistemas de irrigación, almacenamiento y cultivos en terrazas, ubicaban las minas de los metales preciosos y estudiaban las estructuras sociales que permitían su explotación.
Finalmente, Pizarro distribuyó 1 326 539 pesos de oro y 51 610 marcos de plata entre sus soldados, se quedó con el trono de oro de Atahualpa, lo acusó de idolatría, herejía, regicidio, fratricidio, traición, poligamia e incesto; y lo condenó a muerte, tras un juicio sumario, el 26 de julio de 1533.
El sistema político-militar del imperio quedaba descabezado, debilitado por la pandemia, amenazado por la rebelión de los pueblos más recientemente sometidos y sin conducción legítima. Como el caos no los favorecía, los secuestradores de Atahualpa nombraron a Túpac Hualpa, uno de sus cien hermanos menores, como su sucesor. Para convencer al pueblo de que seguían gobernados por un Inca, Túpac Hualpa fue coronado con toda pompa a cambio de que jurara fidelidad a Carlos I y ordenara a sus súbditos continuar con la entrega de recursos a los españoles.
La dominación extranjera se prolongó tres siglos.
*Coordinador del Secretariado Internacional de Social Watch y director del Instituto del Tercer Mundo,