Groenlandia: Ambiciones territoriales de Trump ponen en jaque a la OTAN
Juan Antonio Sanz
La reclamación de Groenlandia como nueva presa imperialista de Trump torpedea la esencia de la OTAN y confronta a Estados Unidos con Europa, Rusia y China en el Ártico
El intervencionismo de Estados Unidos en Venezuela, violando su soberanía y la legalidad internacional, y las posteriores amenazas directas vertidas por el propio presidente Donald Trump y destacados miembros de su Gabinete contra otros países vecinos, como Cuba, Colombia o México, han hecho sonar todas las alarmas. Pero no solo en Latinoamérica. Trump reclamó de nuevo a Groenlandia como un territorio imprescindible para EEUU, aunque pertenezca a un país, Dinamarca, aliado de Washington en la OTAN.

El Gobierno de Copenhague ha respondido sin tapujos: cualquier agresión de EEUU a Dinamarca para anexionarse Groenlandia significará el fin de la Alianza Atlántica. En el estado caribeño se utilizó el pretexto de que Maduro era un supuesto terrorista que utiliza el narcotráfico para amenazar a EEUU.
La realidad, reconocida por el propio Trump, tras el bombardeo estadounidense de varios objetivos en Venezuela que dejaron decenas de muertos y permitieron el derrocamiento y secuestro del presidente Nicolás Maduro, es que EEUU necesita los inmensos yacimientos de petróleo venezolanos..
«Necesitamos Groenlandia, absolutamente. Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de nuestra seguridad nacional. Y Dinamarca no podrá manejar esto», afirmó Trump en una entrevista, enardecido por el éxito de la operación militar estadounidense en Venezuela que llevó a la detención arbitraria del hasta ahora presidente de este país, Nicolás Maduro.
El fin de la OTAN y su paradigma de seguridad
Lo dijo este lunes la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, tras esa amenaza directa lanzada por Trump horas antes: «Si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, todo se acabará. Incluida nuestra OTAN y, en consecuencia, la seguridad que ha proporcionado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial», aseveró la jefa de Gobierno de Dinamarca en una entrevista con la cadena TV2.
Frederiksen advirtió de que Dinamarca se toma en serio las intenciones de Trump, pero que no aceptará una amenaza semejante. Inmediatamente fue respaldada por algunos de los países europeos con una mayor fuerza en la organización del Tratado del Atlántico Note (OTAN) como Alemania, Francia o Polonia. «La OTAN perdería su sentido si dentro de esta alianza se produjeran conflictos o acciones agresivas mutuas», afirmó el primer ministro polaco, Donald Tusk.
En una declaración conjunta emitida este martes, España, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Polonia y Dinamarca defendieron la seguridad del Ártico como «una prioridad clave para Europa y es fundamental para la seguridad internacional y transatlántica». Según el documento, «la seguridad en el Ártico debe lograrse, por tanto, de manera colectiva, en coordinación con los aliados de la OTAN, incluidos los Estados Unidos».

En unas declaraciones a bordo del avión presidencial, éste reiteró su objetivo: «Necesitamos Groenlandia. ¡Es tan estratégica!». Y lo justificó: «Justo ahora Groenlandia está rodeada de barcos rusos y chinos». Trump desdeñó la capacidad de Dinamarca para garantizar la seguridad regional, obviando que la principal fuerza armada estacionada en la isla es una base de EEUU con dispositivos de alerta temprana capaces de detectar cualquier movimiento de tropas o misiles en las costas rusas del Ártico.
Esta base, fundamental para los sistemas defensivos de la OTAN, es fruto de un acuerdo estratégico de Washington con Copenhague enmarcado en su cooperación en la Alianza Atlántica. La jefa del Gobierno danés defendió, en este sentido, el esfuerzo que está haciendo Dinamarca para garantizar esa seguridad en Groenlandia. Según Frederiksen, Copenhague ha dedicado más de 12.000 millones de euros a ese propósito.
Recordó que Dinamarca es un aliado de la OTAN y Groenlandia, como parte del reino danés, está amparada por la Alianza. En 1951, EEUU y Dinamarca firmaron un tratado que permitió a Washington establecer bases en Groenlandia según las necesidades de la OTAN. Fue entonces cuando EEUU desplegó la base aérea de Thule, clave en tiempos de Guerra Fría y que ahora es la punta de lanza de las aspiraciones militares estadounidenses.
Bajo bandera de EEUU, «pronto»
Trump parece ya estar pergeñando su hoja de ruta groenlandesa, que abordará en su momento, aunque sin dejar pasar mucho tiempo, según destacó a bordo del Air Force One. «No quiero hablar de Groenlandia. Hablemos de Venezuela, Rusia, Ucrania… Nos preocuparemos por Groenlandia en dos meses. Hablemos de Groenlandia en veinte días», afirmó críptico. 
Quizá no tanto. La exvicesecretaria de prensa del Departamento de Seguridad Nacional de EEUU durante el primer mandato de Trump, Katie Miller –esposa de Stephen Miller, el asesor más influyente del presidente estadounidense– colgó en sus redes sociales tras la intervención en Venezuela una inquietante imagen de Groenlandia cubierta por la bandera de EEUU y encabezada por la palabra «soon«, en español «pronto».
El propio Stephen Miller fue más allá y señaló en una entrevista con la cadena CNN que Trump ha sido siempre muy claro al defender que Groenlandia «debería ser parte de los Estados Unidos». Según Miller, artífice de algunas de las campañas propagandísticas más controvertidas de Trump, como el acoso a la inmigración, «la cuestión real es: ¿en base a qué derecho Dinamarca ha de tener el control sobre Groenlandia, cuál es la base de su reclamación territorial, cuál es la base de que Groenlandia sea una colonia de Dinamarca?». Y remachó: «EEUU debería tener a Groenlandia como parte de EEUU».
A estas provocaciones, respondió en Facebook el presidente del Gobierno autónomo de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen: «La imagen que Katie Miller ha compartido, en la que Groenlandia aparece cubierta por una bandera estadounidense, no cambia nada. Nuestro país no está en venta y nuestro futuro no se decide en las redes sociales».
«No más insinuaciones. No más fantasías de anexión», agregó Nielsen, quien pidió evitar el «pánico» e instó a aumentar la colaboración con EEUU sin presiones. «Cuando el presidente de EEUU dice ‘necesitamos Groenlandia’ y nos relaciona con Venezuela y la intervención militar, no solo se equivoca. Es una auténtica falta de respeto», añadió.
Un territorio clave para el Gran Juego del Ártico ![Cinco mapas para entender por qué Trump quiere Groenlandia - Mapas de ...]()
Pero el respeto no está entre las habilidades políticas de Trump. Tampoco su destreza para enmascarar sus auténticas motivaciones en las crisis que ha provocado desde que llegó al poder hace un año. Y Groenlandia es, como subrayó, un lugar «estratégico» para el Gran Juego entre superpotencias en el Ártico cuyo valor se ha multiplicado en los últimos cinco años. Entre los recursos de esta isla hay ingentes reservas de petróleo y gas, y enormes yacimientos de oro, níquel, litio y tierras raras, imprescindibles para fabricar componentes electrónicos de última generación destinados, por ejemplo, a la industria militar.
Groenlandia está, además, en el camino de algunas de las rutas que el deshielo por el cambio climático ha abierto en el Océano Glacial Ártico. Entre esos pasos está el que por la costa septentrional de Siberia enlaza los puertos de China con el oeste de Rusia y el Atlántico. En caso de que pudiera alcanzarse la paz en Ucrania, esos buques con mercancías chinas podrían arribar a Europa Occidental con un ahorro de tiempo muy notable.
Por eso, dominar Groenlandia, una ambición de Washington desde el siglo XIX, ayudaría a ganar el pulso tecnológico a China, la mayor exportadora mundial de tierras raras, y el comercial, controlando las rutas desde el Ártico hacia el Atlántico. Podría incluso plantearse algún acuerdo entre Washington y Pekín, con Rusia de intermediario, para disparar ese comercio. En la agenda de Trump la geopolítica es clave, pero siempre supeditada a los intereses geoeconómicos. Y de nuevo Europa quedaría rezagada y a merced de las superpotencias.
Un enviado especial de Trump para Groenlandia
Entre los asuntos que tiene Landry en su agenda groenlandesa no figura tanto el desarrollo pesquero sostenible, que sirve de sustento principal, junto con los subsidios daneses, a los 57.000 habitantes de la isla, sino precisamente la transición económica hacia la explotación minera. El hecho de que buena parte de la población de Groenlandia quiera conseguir una mayor autonomía o incluso la independencia de Dinamarca ya marca a Landry una fina senda de maniobra al margen de acciones militares.
Por eso fue también tan contestada la visita que realizó el vicepresidente de EEUU, JD Vance, en marzo pasado a la base espacial estadounidense de Pituffik, en Groenlandia. «Nuestro mensaje a Dinamarca es muy sencillo: No han hecho un buen trabajo con el pueblo de Groenlandia. No han invertido lo suficiente en la población de Groenlandia y no han invertido lo suficiente en la arquitectura de seguridad de esta increíble y hermosa masa continental», dijo entonces Vance.
Groenlandia obtuvo en 2010 un nuevo estatuto de autonomía que reconoce el derecho de autodeterminación. Esta posibilidad y la adecuada presión por parte de EEUU abre alternativas a la anexión por la fuerza. Ya en su primer mandato (2017-2021), Trump mostró su interés en comprar Groenlandia. Y recién elegido para su segundo término, insistió en que era una «necesidad absoluta» la propiedad y el control estadounidense de la isla, pues beneficiaría a los groenlandeses.
Estos, sin embargo, no son muy favorables a ese cambio de pasaporte y menos bajo la coerción. Según algunas encuestas, hasta el 85% de los habitantes de la isla rechazan formar parte de EEUU, pese a los «billones para hacerse ricos» prometidos por Trump.
En todo caso, si como pretende Trump en todas sus acciones de política exterior, la economía marca el rumbo, siempre podría alcanzarse algún tipo de supeditación groenlandesa a EEUU al margen de Dinamarca y la UE. Y esta es la tarea que tiene por delante el enviado Landry: equilibrar en Groenlandia la presión económica con la estratégica y al tiempo promover los sentimientos favorables a la autodeterminación como paso previo a ese control total.
La semana pasada, antes de que desatara la pesadilla para Maduro, Trump lanzó otro aviso sobre la importancia que otorga a Groenlandia: el nombramiento como enviado especial para la isla danesa del actual gobernador de Luisiana,