Donald Trump inauguró el imperialismo del nuevo siglo en Venezuela
Gustavo Veiga
El operativo para secuestrar al presidente venezolano duró 47 segundos. Sin despeinarse, Trump comentó que EE.UU. administrará Venezuela mientras “se concrete la transición”.
El raid incluyó el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. Contempló como requisito previo la violación del espacio aéreo y territorial, más la utilización de armamento y tropas especiales contra un país soberano. Provocó un número indeterminado de víctimas mortales que serían 40, entre civiles y militares, según el New York Times. Esa secuencia que quebró el derecho internacional una vez más, le dio la razón a Simón Bolívar: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.
El prócer, máximo referente de las luchas en el continente contra el colonialismo español junto a San Martín, lo
decía hace dos siglos. Había nacido en Caracas, una capital que desde la madrugada del sábado centelló por las explosiones de los misiles lanzados por la potencia invasora, una imagen que podría repetirse –así lo adelantó Donald Trump- porque el gobierno venezolano perdió a su máxima autoridad política pero no el control de las instituciones, su voluntad de resistir y el dominio de las calles donde la población le sigue dando un fuerte respaldo.
Hoy se trata de una guerra 2.0 por los recursos naturales venezolanos, sobre todo las reservas más grandes de petróleo del planeta, que el régimen liderado por el magnate neoyorquino piensa gobernar per se. Así lo anticipó, incluso prescindiendo de María Corina Machado, la premio Nobel y referente de la oposición más derechista. “Creo que le sería muy difícil estar al frente del gobierno. No cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país. Es una mujer muy amable, pero no inspira respeto”, declaró Trump sin despeinarse.
Los detalles del operativo
El operativo para secuestrar al presidente Maduro duró 47 segundos. Fue realizado por aire con información previa de inteligencia provista por la CIA, apoyo de helicópteros, ataques con misiles sobre instalaciones militares claves y el factor sorpresa como elemento indispensable. La llegada de Maduro al Centro de Detención Metropolitano en Brooklyn fue exhibida como trofeo después de ser trasladado en helicóptero a Manhattan y escoltado hasta la instalación por una caravana de vehículos policiales. Su mujer Cilia Flores también fue mostrada con las esposas puestas.
El viaje hasta la ciudad que gobierna un hipercrítico del presidente republicano como Zohran Mamdani habría incluido una parada técnica en la base militar de Guantánamo, una porción de Cuba que Estados Unidos ocupa ilegalmente desde 1903. Su presidente Miguel Díaz Canel, calificó la agresión bélica contra Venezuela como un acto de “Terrorismo de Estado contra el bravo pueblo venezolano y contra Nuestra América”.
Desde Lula en Brasil a Gustavo Petro en Colombia, cuyo país -limítrofe con Venezuela- decidió cerrar la frontera común. China y Rusia, las otras dos potencias de un mundo multipolar, también cuestionaron el ataque que ni siquiera respetó las formas con el Congreso de EE.UU. El unicato liderado por Trump solo le brindó información a un puñado de legisladores cuando la operación estaba en desarrollo, informó la CNN.“Jamás volveremos a ser colonia”
A la extensa conferencia del presidente donde justificó su política de escarmiento a Venezuela y dio un aviso indisimulado a los demás países de la región de eventuales represalias al que no se discipline con EE.UU., siguió horas más tarde el discurso de la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, también ministra de Hidrocarburos. Reconoció la única autoridad del jefe de Estado secuestrado, declaró que “jamás volveremos a ser colonia” y se mostró desafiante con el país agresor acompañada del Consejo de Defensa Nacional.
Rodríguez, que por decisión de la Corte Suprema debe asumir de forma interina los poderes de Maduro, no cerró la
posibilidad de diálogo pese a la violación de soberanía, aunque quedó lejos de la imagen de figura subalterna que le atribuyó Trump cuando comentó que administraría Venezuela mientras “se concrete la transición”. Período en el que para él no cuenta la oposición al chavismo y sí lo que fue a buscar a su territorio. Petróleo, gas, oro y demás riquezas que ambiciona Estados Unidos no solo de la nación agredida, sino de toda América latina.
“Me preocupa que no se haya respetado el derecho internacional”, dijo tímidamente el portugués Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas. Agregó que la violación de aquel derecho supone “un precedente peligroso” en un mundo ya de por sí cruzado por la escalada armamentista que Estados Unidos alimenta más que ninguna otra nación del planeta. Las palabras más sensibles y que se traducen en una amenaza hacia el futuro próximo, casi inmediato, las dijo Trump rodeado de su estado mayor integrado por su secretario de Estado, Marco Rubio, otras autoridades civiles y militares.
“Estamos preparados para un segundo ataque”, sentenció, como si se dispusiera para la defensa de la Casa Blanca. Trump teatraliza la política y se autopercibe un pacificador que no es, ganado por el egocentrismo y su alianza tácita con el complejo militar-industrial, la misma que otros presidentes de Estados Unidos recrearon en el pasado con oleadas de invasiones, apoyos a golpes de Estado y el sostenimiento de diferentes dictadores. El secuestro del presidente venezolano y su esposa ni siquiera guardaron la apariencia de una presunta legalidad.
“Víctimas inocentes han sido asesinadas”
Los muertos quedaron en tierra después de la retirada de los helicópteros pintados de negro que utilizó Washington sobre el cielo de Venezuela en noche cerrada. “Víctimas inocentes han sido asesinadas”, informó el fiscal general de Venezuela Tarek William Saab. Todo había pasado en medio de la madrugada. La oscuridad se matizó de repente con
altas llamaradas que se veían a lo lejos desde el centro de Caracas. La población indefensa dormía o se despertó sobresaltada. No eran las torres de los pozos petrolíferos que ardían en estados como Zulia, Monagas, Anzoátegui y Bolívar.El sonido de las aspas de aquellos pájaros de destrucción y muerte sonaba como en Vietnam y Panamá.
Desde Washington, una vez más, y como marca su historia de intervenciones en el mundo, llegó el turno de América latina. Un revival de épocas pretéritas que conduce a un futuro mucho más incierto que el esperado para el presidente Maduro secuestrado. Su juicio se sabe de antemano cómo terminará. El futuro de América latina dependerá del nivel de resistencia que encuentre la aceitada y sofisticada maquinaria de guerra de Estados Unidos en pueblos y gobiernos indóciles al imperio.
* Periodista argentino. Es docente por concurso de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la tecnicatura de Periodismo Deportivo en la Universidad de La Plata (UNLP). Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)