El despliegue militar de EEUU en el Caribe es una agresión a toda América Latina

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Jorge Elbaum

El despliegue de buques de guerra de Estados Unidos en el Caribe no es solamente una agresión a la República Bolivariana de Venezuela, sino a toda América Latina. La lógica injerencista, brutal y guerrerista, característica de Washington y ahora reproducida o ampliada en el segundo gobierno de Donald Trump, refleja la desesperación de esta administración por controlar lo que despectivamente llaman su “patio trasero” o hemisferio occidental. —

Esto es una agresión a toda América Latina y así debe ser entendida. Sin duda supone un cambio reciente, una pretensión belicista en el marco de la debilidad relativa de Estados Unidos frente a los BRICS. Ha castigado a Brasil con aranceles, ha amenazado en su momento a Colombia, ahora lo hace con todo el continente latinoamericano, ha despreciado a los mexicanos, los persigue en su propio territorio —migrantes, trabajadores— y ha utilizado repetidamente la amenaza de la fuerza respecto a los Estados Unidos de México. No puede tomarse de otra manera que como una agresión indudable a todos los pueblos de América Latina.

Estados Unidos siempre ha tenido una mirada utilitaria y brutal sobre los recursos naturales y estratégicos, tanto en América Latina como en otras regiones. Europa ha esquilmado a África, y en la visión supremacista de Estados Unidos, América Latina es un espacio de uso y abuso. Lo dijo claramente Laura Richards hace un año y medio, cuando expresó: “tenemos un montón de litio, tenemos un montón de recursos naturales”, como si fueran propios. La posibilidad de que Argentina, América Latina o Venezuela cooperen o se relacionen con Rusia o con China coloca a Estados Unidos en una situación de debilidad estratégica, y por eso busca impedirlo.

En el marco de estas contradicciones del modelo geopolítico, que hoy muestra un mayor peso de los BRICS frente al bloque atlantista, surge la brutalidad, la furia, el militarismo y el guerrerismo típicos del imperio. En ese sentido, la amenaza no es solo contra el petróleo, el oro y los enormes recursos de la República Bolivariana, sino contra todo nuestro continente. Y en la medida en que Venezuela se defiende, también nos defiende a todos. Por eso celebro y considero muy importante la movilización de las milicias, que demuestra al imperio que la tradición chavista no tiene miedo y que es capaz de enfrentar los desafíos más duros.

Respecto a la visión que aparece entre los analistas sobre cómo Washington utiliza el argumento del narcotráfico, está claro que siempre Estados Unidos recurre a un pretexto de falsa bandera. Lo hizo en Irak, en Vietnam, en Centroamérica, en Nicaragua. Siempre hay un pretexto, siempre hay un enemigo a ser construido, porque Estados Unidos no puede vivir sin guerra. Está en su ADN institucional la necesidad de tener hipótesis de conflicto para sostener ese intento de dominación que en algún momento fue más explícito, más real, y que hoy está más debilitado.

Frente a eso aparece el pretexto de las maras, el pretexto del narcotráfico, cuando en realidad el problema de fondo es la crisis de salud pública vinculada a las adicciones, un problema evidente en sociedades como la estadounidense, marcadas por la soledad, la angustia y la autodestrucción producto del individualismo y la fragmentación social.

Es una falsa bandera, insisto, que hay que explicitar y demostrar como lo que es: una gran mentira, una gran farsa, diseñada también para generar miedo dentro de Estados Unidos y legitimar la persecución y la limpieza étnica contra los migrantes, sobre todo latinoamericanos. Y, hacia el exterior, se utiliza para limitar, disciplinar y sobre todo evitar los vínculos crecientes de Venezuela con los BRICS.

El injerencismo

La normalización de la injerencia ya la hemos sufrido. El Plan Cóndor, el injerencismo de Estados Unidos a través de oligarquías locales para voltear gobiernos populares, para perseguir a dirigentes políticos como Milagro Sala, como Cristina Fernández de Kirchner o como Lula en su momento, es una práctica constante en nuestro continente.Plan Cóndor En Argentina: Operación Y Consecuencias | En Pocas Palabras

Esa injerencia siempre encuentra socios internos en cada país: los medios de comunicación hegemónicos, el partido judicial y las grandes corporaciones, sobre todo AMCHAM, la Cámara de Comercio Argentino-Estadounidense, que junto a otras cámaras empresariales buscan limitar las capacidades del pueblo para tener referentes y representantes que los enfrenten, que impulsen políticas al servicio de las mayorías.

En ese sentido, creo que es necesario pedagogizar a nuestras sociedades, y especialmente a los trabajadores de nuestro continente, sobre lo negativo que implica aceptar esta permanente espada de Damocles que representa Estados Unidos para la región. Si no hubiera sido por la lógica imperial española, británica y hoy estadounidense, este continente sería más feliz, más integrado y más igualitario.

*Sociólogo, doctor en Ciencias Económicas, analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la). Tomado de una entrevista en Noticias de América Latina y el Caribe (Nodal)