Javier Milei y la desmalvinización de la política argentina
Rubén Armendáriz
A 43 años del inicio de la guerra con el Reino Unido, la política exterior llevada adelante por Javier Milei tiene al menos tres acciones cuestionadas por contraponerse al reclamo argentino por el archipiélago austral. La gestión libertaria planea avanzar en una nueva Directiva de Política de Defensa Nacional que en última instancia debilita la posición argentina y fortalecen la británica, en el marco de una condescendencia con EEUU, presumiendo ingenuamente que esto puede traer algún tipo de beneficio futuro en la cuestión de la disputa por soberanía.
El pedido de Argentina de ser nuevo socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la adhesión al Grupo de Contacto de Ucrania y la incorporación a las Fuerzas Marítimas Combinadas de EEUU son tres iniciativas que forman parte de una “occidentalización dogmática” que “debilita la posición a futuro” sobre el archipiélago.
El 18 de abril del 2024, el gobierno de Milei solicitó formalmente adherirse como socio global a la OTAN, una situación en la que están Australia, Japón, Corea del Sur e Israel y que le permitiría al país obtener mayor desarrollo en sus capacidades de defensa y formar parte en ejercicios y entrenamientos militares. El 13 de junio rompió la posición de neutralidad del Estado argentino sobre el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania al formalizar su adhesión al Grupo de Contacto sobre Asuntos de Defensa en Ucrania.
Y el 3 de septiembre, Argentina se sumó oficialmente a las Fuerzas Marítimas Combinadas (CMF, por sus siglas en inglés), una fuerza multilateral compuesta por 46 países y que tiene el objetivo de patrullar y garantizar la circulación de algunas de las vías comerciales más relevantes del mundo en beneficio de EEUU. La organización es liderada por un comandante de Estados Unidos y un vicecomandante del Reino Unido.
Milei encabezó un deslucido acto en Plaza San Martín por el 2 de abril. Allí leyó con dificultades un discurso de 10 minutos en el que mezcló una defensa de su ajuste, ataques a «la casta» política y una definición propia de soberanía. «Durante las últimas décadas nuestra demanda por las islas fue damnificada por las decisiones diplomáticas, económicas y políticas de la casta política», dijo Milei, quien cuestionó «el desarme y la demonización deliberada de las fuerzas armadas».
Dijo que su plan es «una política exterior alineada a los países libres» y «fortalecer aquellas áreas de las que el Estado debería ocuparse, eliminando las que sobran». «Creer que a mayor Estado, mayor soberanía es un concepto orwelliano», lanzó. Luego deslizó un reconocimiento a la posible autodeterminación de los habitantes de las Malvinas, algo esgrimido por Gran Bretaña y rechazado desde la Argentina por considerar a ese pueblo un ocupante ilegítimo. «Anhelamos que los malvinenses decidan votarnos con los pies a nosotros», dijo Milei y añadió: «Buscamos ser una potencia para que ellos quieran ser argentinos».
Mientras, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner compartió en su cuenta de X un fragmento del comunicado de la Secretaría de Defensa del Partido Justicialista (peronista) por el 2 de abril, Día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas. El texto resume la relación del gobierno de Milei con la causa Malvinas en tres conceptos: «sobreideologización, desfinanciamiento y mala praxis diplomática» y denuncia «una serie de decisiones a contramano de nuestra política de Estado que se da en un contexto global de conflictividad crítica y una aceleración de la disputa por el control del Atlántico Sur y la proyección antártica».
Un estudio de la psicóloga Cecilia Yaccarini, que tomó 500 casos de ex combatientes, señala que aunque pasaron 42 años desde la guerra, muchos excombatientes siguen sufriendo síntomas de estrés postraumático. Siete de cada diez veteranos continúan con secuelas de distinto tipo: pesadillas repetitivas, ansiedad, sensaciones de enojo y otras señales de no haber recuperado su salud mental.
“En nuestra investigación encontramos que hubo factores específicos del conflicto muy importantes para provocar estrés postraumático, como la falta de satisfacción de necesidades básicas: pasar mucho frío o hambre», añade la investigadora.
El periodista Víctor Hugo Morales analizó cómo llega la Argentina al aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas que dejó 649 fallecidos, y resalta que el proceso de endeudamiento ya estaba en marcha en el país en esa época, Morales trazó comparaciones con el modelo económico actual y recordó que en 2021 Patricia Bullrich– hoy ministra de Seguridad – había propuesto intercambiar las Islas por vacunas contra el covid del laboratorio Pfizer.
Desmalvinización

El historiador Aldo Duzdevich señaló que «desde 1982 para acá, se dio todo un proceso de desmalvinización, que tuvo lugar también en el campo nacional y popular, para decirlo así. El progresismo tuvo mucha responsabilidad». «Todos repudiamos a la dictadura y sus crímenes, pero no se puede vincular todo el tema Malvinas a los derechos humanos. Esa idea de que a una dictadura sangrienta, conducida por un borracho, se le ocurrió invadir un territorio en el Sur. La causa Malvinas trasciende a la dictadura», añadió
María Verónica Piccone y Marcelo Mangini señalan que la “desmalvinización“ constituyó “un dispositivo político discursivo orientado a producir un ‘relato’ e instalar un ‘imaginario’ sobre Malvinas en la sociedad argentina“. El contexto de la restauración democrática imponía la necesidad de una vuelta de página al conflicto bélico y a su significación política. Asimismo, el retorno a la normalidad democrática buscaría sanar las relaciones externas con las grandes potencias.
Esta “desmalvinización“ de la sociedad argentina, perseguida desde el poder político y los medios de comunicación, tendría como consecuencia no sólo el rechazo del chauvinismo que inspiró la aventura militar del régimen genocida sino que, además, colocaría un velo de invisibilidad sobre la justicia histórica de la reivindicación argentina de su soberanía territorial sobre las Malvinas. «A poco de finalizadas las acciones bélicas la ‘desmalvinización’ se expresó
bajo la forma de una tendencia a clausurar cualquier iniciativa de debate público sobre la experiencia vivida y, especialmente, a impedir toda tentativa de rescatar las enseñanzas emergentes de los hechos“, señalan.
En ese contexto, la “esmalvinización tendría un efecto deshistorizador e impondría una suerte de amnesia colectiva en torno a la reclamación argentina sobre Malvinas, que dejaría sin respuesta las preguntas más urgentes y necesarias. El silencio duradero terminaría condenando al olvido a los jóvenes combatientes de la guerra y a los familiares de los caídos en el conflicto.
El apoyo regional a la causa Malvinas puede constituir una nueva dimensión de la identidad sudamericana y sería posible esperar cambios importantes en el proceso de negociación de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur. Pero, obviamente, eso no ocurrirá con el gobierno libertario de Javier Milei.
*Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)