DOSSIER: Cuesta un Perú

 

Corazón del gran Imperio Inca. Epicentro de la dominación española en América, con Lima como el principal organizador político y comercial colonial. Tierra de Tupac Amaru II y Micaela Bastidas, protagonistas del primer gran grito de rebeldía americana en 1780. Su guerra de independencia tuvo el protectorado de José de San Martín y la Suprema Autoridad de Simón Bolívar. Luego del fracaso de la Confederación Perú-Boliviana, una oligarquía profundamente conservadora gobernaría la República hasta entrado el siglo XX.

De la alianza entre estudiantes, obreros y campesinos, al calor de las luchas, dos poderosos proyectos marcarían un reverdecer del protagonismo popular: el APRA del ex dirigente estudiantil reformista, Víctor Raúl
Haya de la Torre, y el Partido Comunista del Perú, del fundamental intelectual marxista indoamericano, José
Carlos Mariátegui. Suelo de dictaduras reaccionarias, como el oncenio de Augusto Leguía, y revolucionarias,
como el gran Juan Velasco Alvarado, amigo de Allende y un inspirador de un joven cadete venezolano de 21
años: Hugo Chávez.

Si. Todo eso es este importante país de la Patria Grande. Por eso, bien dicha está la frase de “cuesta un Perú” para referirse a algo de una riqueza extraordinaria. Y también “costará un Perú” la elección de segunda vuelta de este domingo 6 de junio, la conflagración entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori.

Entre elles está el nuevo presidente del país a partir del 28 de julio. El descontento popular con el sistema político es la conclusión más evidente de las elecciones de primera vuelta del pasado 11 de abril. Una gran abstención
electoral, un elevadísimo porcentaje de votos nulos y una fragmentación del voto pocas veces vista señalan
la brutal crisis de hegemonía que se vive en el país tras tantos años de aplicación ininterrumpida de
programas neoliberales de gobierno.

El ciclo fujimorista, donde la violencia sobre la población civil de Sendero Luminoso que sirvió como marco de justificación para los planes de una elite, fracturó y vació la participación popular en el sistema político. Desde la renuncia y fuga al Japón de Alberto Fujimori, a fines del año 2000, el país vive destituciones, renuncias de presidentes, solicitudes de vacancia, protestas y represión policial.

Desde el inicio del siglo XXI, la economía peruana ha aumentado considerablemente su PBI. Pero este aumento no se ha visto “derramado” en el común de la población. Al igual que en Chile y Colombia, los márgenes de desigualdad social se han mantenido o, incluso, aumentado.

A la crónica crisis institucional y a la hegemonía de un modelo económico neoliberal, asentado tanto en los productos agrarios y mineros exportables como en la pobreza y la marginación de millones de peruanas y peruanos, en el 2020 se sumó la Pandemia del Covid-19. Los contagios de coronavirus convirtieron a Perú en uno de los países
con los mayores números de muertes per cápita del mundo.

Con la pandemia como marco, la crisis florece por todos lados en el Perú. En 2020 se registraron 190 conflictos sociales sólo en el mes de agosto. Según un informe de la Defensoría del Pueblo, dentro de esta cifra que forma parte del Reporte Nacional de Conflictos Sociales N° 198, se precisa que 143 conflictos se encuentran activos, mientras que 47 están latentes.

El reporte también indica que las regiones de Áncash y Cusco son las que presentan mayor cantidad de casos, con 20 cada una, mientras que Loreto y Apurímac enfrentan 19 y 15 conflictos sociales, respectivamente. Respecto al tipo de conflictos, los casos socioambientales son los más recurrentes (66,8 %) y mantienen su ubicación desde abril de 2007. Los casos relacionados a la minería, que forman parte de estos, son los más numerosos, con más del 60 %.

El proceso electoral de Perú se desenvuelve en este escenario. La contienda entre el dirigente docente y campesino Pedro Castillo y la derechista Keiko Fujimori podría ser la batalla decisiva que rompa el cerco de tanta corrupción institucionalizada, de tanto autoritarismo político, de tanta crisis de representación y de tanto neoliberalismo aplicado a las inmensas mayorías sociales.

“Costará un Perú”, pero tenemos esperanzas de que estamos en presencia del parto de lo nuevo. ¡Que viva el Perú!

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dosierperup

 

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