OIT: Reconocimiento de los derechos de los trabajadores domésticos/ Reconhecimento dos direitos dos trabalhadores domésticos

Eduardo Camín|

Los trabajadores domésticos constituyen una parte considerable de la fuerza de trabajo en empleo informal y se encuentran entre los grupos de trabajadores más vulnerables. Trabajan para hogares privados, con frecuencia sin condiciones de empleo claras, sin estar registrados, y excluidos del alcance de la legislación laboral.

En la actualidad, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) existe al menos 67 millones de trabajadores domésticos en el mundo, sin incluir a los niños trabajadores domésticos, y esta cifra crece a un ritmo constante en los países desarrollados y en desarrollo. Aunque un número considerable de hombres trabaja en el sector – con frecuencia como jardineros, chóferes o mayordomos – sigue siendo un sector donde predominan las mujeres: 80% de todos los trabajadores domésticos son mujeres. Sus labores pueden incluir tareas como limpiar la casa, cocinar, lavar y planchar la ropa, cuidar de los niños, de los ancianos o de los miembros enfermos de la familia.

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La realidad es que en muchos de nuestros hogares y seres queridos reciben servicios y cuidados básicos de estos 67 millones de trabajadores domésticos en todo el mundo; no obstante, con frecuencia son víctimas de varias formas de violencia y acoso, explotación y coacción, en particular abuso verbal y violencia sexual, que en ocasiones pueden provocarles la muerte.

 

Los trabajadores domésticos que viven en el hogar de sus empleadores son especialmente vulnerables. Muchos son los casos, en los cuales un sin número de mujeres terminan atrapadas en situaciones de trabajo abusivo que muchas veces pueden equivaler a formas modernas de esclavitud.En todo el mundo, las personas que trabajan en un contexto aislado, sin presencia de terceros, son particularmente vulnerables a la violencia y al acoso en el trabajo. Ello sucede, en particular, a los trabajadores domésticos.

Para muchos de ellos, abusos cotidianos como la falta de descanso y el impago de su salario pueden conllevar fácilmente casos de trabajo forzoso. «El motivo subyacente de esa situación es la discriminación», señala Philippe Marcadent, Director de la Unidad de la OIT sobre Mercados laborales Inclusivos, Relaciones laborales y Condiciones de Trabajo.

 Agrega que «Con frecuenciano se reconoce a las trabajadoras y los trabajadores domésticas su condición de trabajadores y las mujeres padecen discriminación, al provenir a menudo de grupos pobres o marginados, en particularmigrantes y pueblos indígenas «.

 

Las normas Internacionales

Imagen relacionadaA tenor del debate que mantiene actualmente la OIT sobre la posible adopción de un nuevo instrumento jurídico sobre violencia y acoso en el trabajo, las trabajadoras y los trabajadores domésticos están dando un paso a delante y haciendo oír su voz. Las normas internacionales pueden constituir herramientas muy eficaces para la protección de trabajadores domésticos.

 

En virtud del Convenio 189 sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos , aprobado en 2011, se reconoció la condición de trabajador a millones de empleados domésticos y se les empoderó para abogar por sus derechos en casos de violencia y acoso. Por otro lado, en el marco del Protocolo de la OIT relativo al trabajo forzoso , aprobado en 2014, los Estados Miembros deben adoptar medidas eficaces para evitar el trabajo forzoso, proteger a las víctimas y velar por el acceso de estas a la justicia. En particular, los países deben garantizar la aplicación de la legislación pertinente a todos los trabajadores en todos los sectores.

Esa obligación es especialmente pertinente en el caso de los empleados domésticos, puesto que en determinadas legislaciones nacionales no siempre se reconoce su condición de trabajador, lo que impide que gocen de los derechos y la protección que poseen otros trabajadores.

No obstante, al día de hoy, solo 25 países han ratificado hasta ahora el Convenio núm. 189 sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos , alrededor de 30 países han promulgado legislaciones o políticas que permiten ampliar la protección de los trabajadores domésticos, y únicamente 25 países han ratificado el Protocolo relativo al trabajo forzoso .

 

La función de los gobiernos, empleadores y trabajadores, así como la de los hogares, es fundamental para velar por la protección de los trabajadores domésticos frente a la violencia y el acoso. A raíz de la aprobación del Convenio 189 sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, la OIT ha aplicado una estrategia internacional encaminada a brindar apoyo a gobiernos, trabajadores y empleadores con el fin de fomentar el trabajo decente para los trabajadores domésticos.Resultado de imagen para oit trabajadores domésticos

 

En el marco de esa estrategia, la OIT ha prestado asistencia a unos 60 países para ampliar la protección de los trabajadores domésticos, garantizar el cumplimiento de las normas pertinentes, modificar normativas y promover la representación de los trabajadores domésticos y de sus empleadores.

 La otra cara del informe

Cabría reseñar que si en algo se caracterizó en sus albores el derecho social fue su tendencia hacia la internacionalidad, como se demuestra en el propio hecho de la temprana instauración de la OIT (1919) y su antecedente la Asociación Internacional de Legislación del Trabajo (1901).

La historia señala distintos tratados iInternacionales obedeciendo a la lógica de concurrencia de intereses comunes entre trabajadores por la propia dinámica internacionalista del movimiento obrero a lo largo del siglo XIX y buena parte del XX mientras que por otra parte, empresarios y gobiernos lo hacían por el intento de evitar prácticas que afectasen a la libre competencia, ante el impacto que sobre el precio del producto pudiera tener la existencia de condiciones laborales menos favorables en determinados países.

Sin embargo, esa ánima internacionalista del Derecho del Trabajo quedó posteriormente congelada. Con el paso del tiempo esos tratados de la OIT aparecen como una especie de referentes áulicos, con escasarelevancia en la aplicación práctica, de tal forma que más que aplicarse directamente, los convenios devienen en algo así como meros principios inspiradores, sin traslación efectiva y concreta, cuando no son expresamente incumplidos.

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Por tanto, bien podría decirse que una tendencia más o menos homogénea determina que aquella disciplina, nacida con clara inspiración internacionalista, se ha acabado “nacionalizando”, limitando su marco de aplicación a las concretas fronteras estatales. Ciertamente, podría llegarse a la conclusión que en la medida en que los distintos ordenamientos llegan a un estándar “maduro” de reconocimiento de garantías y tutelas para los trabajadores, las normas internacionales devienen ineficaces, en la medida en que las obligaciones que contemplan  –normalmente de mínimos– ya se recogen inclusoalguna vez en forma más amplia por la Ley nacional, lo que obviamente no ocurre en aquellas otras legislaciones en fase de evolución.

 

Ahora bien, aunque esta consideración no deja de ser cierta, podremos comprobar cómo en determinadas materias la aplicación de la Ley nacional en muchos países desarrollados ha hecho caso omiso a concretos contenidos de los tratados y, especialmente, en aquellos de la OIT. Y es ésa una tendencia que no deja de ser preocupante, en la medida en que las legislaciones garantistas europeas, están hoy, ya sea por crisis opor causa de las políticas neoliberales en clara regresión, de tal forma que los mínimos de las normas internacionales han sido traspasados a la baja.

 

No deja de ser sintomático, en este sentido, que al margen de los distintos comités de control específicos, la propia OIT u otra instancia internacional no contemple auténticos tribunales especializados y el uso de medidas sancionatorias para los distintos estados o particulares que incumplan los tratados , lo que por ejemplo no ocurre en materia de libre comercio, libre empresa, prácticas bancarias (o en el Derecho penal en los casos de delitos de lesa humanidad), cuya problemática sí cuenta con las correspondientes medidas de fuerza internacionales, de mayor o menor intensidad y organismos de aplicación, de naturaleza más o menos jurisdiccional.

Por lo tanto, mientras bien podría afirmarse que el Derecho en general ha nacido “nacional” y tiende a la internacionalización, la concreta disciplina social, elaborada por las luchas sindicales que desde sus principios tuvo vocación internacionalista, ha quedado encerrada en sus fronteras nacionales.

En la actualidad, los trabajadores domésticos con frecuencia reciben salarios muy bajos, tienen jornadas de trabajo muy largas, no tienen garantizado un día de descanso semanal y, algunas veces, como ya hemos señalado, están expuestos a abusos físicos, mentales y sexuales o a restricciones de la libertad de movimiento. Esta es la injusta realidad, después la explotación de los trabajadores domésticos se podrá, en parte, atribuirla a los déficits en la legislación nacional del trabajo y del empleo, sin olvidar que con frecuencia refleja discriminación en relación con el sexo, raza y casta.

La OIT se compromete a proteger los derechos de los trabajadores domésticos, promover la igualdad de oportunidades y de trato, y mejorar las condiciones de trabajo y de vida. Tal vez, en la otra “cara del informe” haya una cierta fascinación por la dialéctica de las incertidumbres.

*Periodista uruguayo, miembro de la Asociación de Corresponsales de prensa de la ONU. Redactor Jefe Internacional del Hebdolatino en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

VERSIÓN EN PORTUGUÉS

Reconhecimento dos direitos dos trabalhadores domésticos

Por Eduardo Camín

Os trabalhadores domésticos constituem uma parte considerável da força de trabalho em emprego informal, e se encontram entre os grupos de trabalhadores mais vulneráveis do mundo. Trabalham para lares privados, com frequência sem condições de emprego claras, sem estar registrados, e excluídos do alcance da legislação trabalhista.

Na atualidade, segundo a Organização Internacional do Trabalho (OIT) existem ao menos 67 milhões de trabalhadores domésticos no mundo, sem incluir as crianças trabalhadoras domésticas, e esta cifra cresce a um ritmo constante, em países desenvolvidos e não desenvolvidos. Embora haja um número considerável de homens que trabalham no setor – como jardineiros, motoristas ou mordomos – segue sendo um setor onde predominam as mulheres: 80% de todos os trabalhadores domésticos são mulheres. Suas tarefas podem incluir a limpeza da casa, cozinhar, lavar e passar a roupa, cuidar dos filhos, dos anciãos ou dos membros doentes da família.

A realidade é que, em muitos de nossos lares, os nossos seres queridos recebem serviços e cuidados básicos destes 67 milhões de trabalhadores domésticos em todo o mundo. Não obstante, essas pessoas com frequência são vítimas de várias formas de violência e acosso, exploração e coação, em particular abuso verbal e violência sexual, que em algumas ocasiões podem chegar até à morte.

Os trabalhadores domésticos que vivem na casa dos seus empregadores são especialmente vulneráveis. Muitos são os casos nos quais mulheres acabam sendo vítimas de trabalhos abusivos, que muitas vezes podem equivaler a formas modernas de escravidão. Em todo o mundo, as pessoas que trabalham em um contexto isolado, sem presença de terceiros, são particularmente vulneráveis à violência e ao acosso no trabalho. Isso acontece, em particular, aos trabalhadores domésticos.

Para muitos deles (e especialmente delas), os abusos cotidianos, como a falta de descanso e o não pagamento do salário podem levar facilmente a casos de trabalho forçado. “O motivo subjacente dessa situação é a discriminação”, aponta Philippe Marcadent, diretor da Unidade da OIT sobre Mercados de Trabalho Inclusivos, Relações Trabalhistas e Condições de Trabalho.

Ele agrega que “com frequência, nos encontramos com a falta de reconhecimento às trabalhadoras e aos trabalhadores domésticos, à sua condição de trabalho, além da discriminação sofrida pelas mulheres, aos grupos sociais mais pobres ou marginados, em particular migrantes e povos indígenas”.

As normas internacionais

Pelo teor do debate mantido atualmente na OIT sobre a possível adoção de um novo instrumento jurídico sobre a violência e o acosso no trabalho, há uma esperança de que as trabalhadoras e os trabalhadores domésticos possam chegar a uma conquista importante. As normas internacionais podem constituir ferramentas muito eficazes para a proteção de trabalhadores domésticos.

Em virtude do Convênio 189 sobre as trabalhadoras e os trabalhadores domésticos, aprovado em 2011, milhões de empregados domésticos conquistaram o reconhecimento da sua condição de trabalhadores, tornando-se empoderados e capazes de advogar por seus direitos em casos de violência e acosso. Ademais, no marco do Protocolo da OIT relativo ao trabalho forçado, aprovado em 2014, os Estados membros devem adotar medidas eficazes para evitar o trabalho forçado, proteger as vítimas e velar pelo acesso destas à justiça. Basicamente, os países devem garantir a aplicação da legislação pertinente a todos os trabalhadores, em todos os setores.

Essa obrigação é especialmente pertinente no caso dos empregados domésticos, visto que, em determinadas legislações nacionais, nem sempre se reconhece sua condição de trabalhador, o que os priva dos direitos e da proteção que outros trabalhadores possuem.

Não obstante, até o dia de hoje somente 25 países ratificaram esse Convênio 189 sobre as trabalhadoras e os trabalhadores domésticos, cerca de 30 países promulgaram legislações ou políticas que permitem ampliar a proteção dos trabalhadores domésticos, e apenas 25 países ratificaram o protocolo relativo ao trabalho forçado.

É uma obrigação dos governos, empregadores e trabalhadores a tarefa de velar pela proteção dos trabalhadores domésticos diante da violência e do acosso. Com a aprovação do Convênio 189 sobre as trabalhadoras e os trabalhadores domésticos, a OIT escolhe uma estratégia internacional voltada a apoiar os governos, trabalhadores e empregadores, com o fim de fomentar o trabalho decente para os trabalhadores domésticos.

No âmbito dessa estratégia, a OIT presta assistência a cerca de 60 países, para ampliar a proteção dos trabalhadores domésticos, garantir o cumprimento das normas pertinentes, modificar normativas e promover a representação dos trabalhadores domésticos e dos seus empregadores.

A outra cara do informe

Se em algo se caracterizou o direito social em seus inícios foi em sua tendência à internacionalidade, como se demonstra no próprio fato da criação precoce da OIT (1919) e sua antecessora, a Associação Internacional de Legislação do Trabalho (1901).

A história nos mostra diferentes tratados internacionais que obedeceram a lógica de defesa dos interesses comuns entre trabalhadores, pela própria dinâmica internacionalista do movimento operário ao longo do Século XIX e boa parte do Século XX, enquanto, por outra parte, os empresários e governos o faziam através da tentativa de evitar as práticas que afetassem a livre concorrência, com respeito ao impacto que as condições de trabalho menos exigentes em determinados países poderiam ter sobre os preços dos produtos.

Entretanto, esse ânimo internacionalista do direito do trabalho foi posteriormente congelado. Com o passar do tempo, esses tratados da OIT se tornam uma espécie de referente modelar, com escassa relevância na prática, de tal forma que em vez da aplicação direta, os convênios acabam relegados ao papel de meros princípios inspiradores, sem translação efetiva e concreta – quando não são simplesmente ignorados.

Portanto, se poderia dizer que uma tendência mais ou menos homogênea determina que aquela disciplina, nascida com clara inspiração internacionalista, acaba se “nacionalizando”, limitando seu marco de aplicação às concretas fronteiras estatais. Poderíamos, portanto, chegar facilmente à conclusão de que, na medida em que os distintos ordenamentos chegam a um padrão maduro de reconhecimento de garantias e tutelas para os trabalhadores, as normas internacionais se tornam dispensáveis, já que as obrigações que contemplam (normalmente mínimas) já se incluem de alguma forma nas leis nacionais – o que obviamente não acontece no caso das legislações em fase de evolução.

Embora essa consideração não deixe de ser certa, podemos comprovar como, em determinadas matérias, a aplicação das leis nacionais, em muitos países desenvolvidos, se omite com relação a conteúdos concretos dos tratados, especialmente naqueles da OIT. E essa é uma tendência que não deixa de ser preocupante, na medida em que as legislações garantistas europeias estão em clara regressão atualmente, seja pela crise ou por causa das políticas neoliberais, de tal forma que as normas internacionais mínimas também têm sido cada vez menos exigentes.

Não deixa de ser sintomático, neste sentido, que à margem dos distintos comitês de controle específicos, a própria OIT e outras instâncias internacionais não contemplem autênticos tribunais especializados, e o uso de medidas sancionatórias para os diferentes estados ou particulares que descumpram os tratados , o que, por exemplo, não ocorre em matéria de livre comércio, livre empresa, práticas bancárias (ou no direito penal, em casos de delitos de lesa humanidade), cuja problemática conta com as correspondentes medidas de força internacionais, de maior ou menor intensidade e organismos de aplicação, de natureza mais ou menos jurisdicional.

Portanto, pode-se afirmar que enquanto o direito em geral nasce “nacional” e tende à internacionalização, a concreta disciplina social – elaborada pelas lutas sindicais que, desde os seus princípios, tiveram vocação internacionalista – ficou encerrada entre suas fronteiras nacionais.

Na atualidade, os trabalhadores domésticos com frequência recebem salários muito baixos, têm jornadas de trabalho muito longas, não têm garantido um dia sequer de descanso semanal e, algumas vezes, como já mostramos, estão expostos a abusos físicos, mentais e sexuais ou a restrições da liberdade de movimento. Esta é a injusta realidade. A exploração dos trabalhadores domésticos poderá, em parte, ser atribuída aos déficits nas legislações nacionais sobre o trabalho, mas sem se esquecer (ou omitir) que essa exploração, com frequência, inclui discriminações de gênero, raça e casta.

A OIT se compromete a proteger os direitos das trabalhadoras e dos trabalhadores domésticos, promover a igualdade de oportunidades e de tratamento, e melhorar as condições de trabalho e de vida. Talvez, na “outra cara do informe” haja uma certa fascinação pela dialética das incertezas.

Eduardo Camín é jornalista, membro da Associação de Correspondentes de Imprensa da ONU, redator-chefe internacional do Hebdolatino e analista associado ao Centro Latino-Americano de Análise Estratégica (CLAE)

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