Uruguay: Derechas contra los derechos/A direita contra os direitos

Nicolás Centurión-CLAE

La situación actual del campo popular no reboza de felicidad como probablemente se dio durante al menos una década atrás. Aunque convengamos que la realidad de los movimientos sociales no se caracteriza por la estabilidad sino más bien por una lucha constante.

Los bloques políticos de derecha e izquierda se han mantenido generalmente en las mismas posiciones que se han erigido históricamente. No ha habido surgimientos disruptivos en la arena política como Podemos en España, surgido del Movimiento de Los Indignados; o como el Ejército Zapatista de Liberación Naciona (EZLN) en México en 1994.

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Pedro Bordaberry y Luis Lacalle Pou, partidos Colorado y Nacional

Sin embargo la situación de los movimientos sociales es mucho más convulsa y dramática que la de los partidos políticos en general. La derecha partidaria ha avanzado en estos años, tratando de recuperar el caudal histórico de votos que ha tenido, yendo a conculcar los derechos conquistados tanto laborales como sociales y atacando a lo que se denomina “La agenda de derechos”.

La derecha social opera sobre lo que no puede actuar explícitamente la derecha política. Con grupos de voluntarios, ONGs financiadas desde el exterior y “tanques pensantes” (think tanks) para trazar las líneas de pensamiento y acción,  sus tentáculos se empiezan a entrelazar en el continente.

Mutando hacia el mismo objetivo

En Uruguay asistimos a la crispación de la derecha. En parte, porque ha perdido las últimas tres elecciones nacionales y en parte porque no saben cómo derrotar al Frente Amplio. La derecha tradicional, en su afán de recuperar el prestigio que tuvo antaño, apela a un cambio de estética en lo visual y en lo discursivo. Apela a un tono conciliador (“por la positiva” y “tendiendo puentes” del “blanco” Lacalle Pou) para maquillar las verdaderas intenciones de fondo que pretenden y se apropian de algunas banderas de la izquierda para captar algún desprevenido.

Sólo una gran coalición podría darles el gobierno. Pero levanta sospechas entre propios y ajenos. “Las familias ideológicas”, como las bautizó el ex presidente “colorado” Julio Sanguinetti, el Partido Colorado y el Partido Nacional no siempre pueden compartir la misma mesa.

En el plano autóctono han surgido nuevos actores de la derecha. Tanto de la social como de la política.

Money for nothing

Resultado de imagen para uruguay novickUno es Edgardo Novick, un outsider de la política, empresario. Viene a copar con sus millones los medios de comunicación, y la vía pública con cartelería. Porta el discurso de la gestión y el management como solución a las deficiencias del Estado, el que debe de ser administrado como una empresa, sostiene. Se posiciona como la no-política y reniega de tener ideología. Aunque dicho sea de paso, no hay mayor definición política que la explicitación de ser de la “no-política”.

Ha sabido captar dirigentes tanto del Partido Nacional  como del Colorado, obteniendo el segundo lugar en las últimas elecciones municipales de Montevideo, atrayendo incautos y desencantados con el sistema político en general, Novick se posiciona cuarto  en el panorama nacional de cara a las elecciones de 2019.

Otro, el movimiento “Un solo Uruguay” donde aglutina distintos sectores del agro, tanto pequeños como medianos y grandes productores, que sacudió de la modorra estival uruguaya (¿o los medios nos sacudieron?) con cadenas nacionales camufladas. Se pudieron escuchar, leer y ver sus proclamas al unísono. El argumento de los medios fue la masividad que representó este acto.1 Pero sabemos que las marchas por la educación, la marcha del silencio, entre otras, multiplican con creces las de “Un solo Uruguay”, pero no salen en cadena nacional.Resultado de imagen para un solo uruguay

El movimiento, también conocido como los autoconvocados, aglutina y dice representar a los pequeños y medianos productores, pero las medidas que plantean sólo hablan de la realidad de los grandes productores y terratenientes, donde las propuestas para mejorar las condiciones del trabajador rural brillan por su ausencia.

Su futuro es incierto pero lo que está claro es el apoyo que han tenido de los medios privados de comunicación y de los grandes sectores concentrados del país.

De todas partes vienen

Otro de los actores que apareció en escena hace ya un tiempo es el movimiento antiderechos “A mis hijos no los tocan”, relacionado con el “Con mis hijos no te metas” del Perú, que fue fundado en 2016 por Christian Rosas, con inspiración en el movimiento estadounidense de la década del 1970: “Save our children”.

Este movimiento Imagen relacionadase posicionó en contra la despenalización aborto, la guía de educación sexual en las escuelas, el matrimonio igualitario, entre otros temas. En la última marcha pro ley del aborto, del 8 de marzo (la más masiva de las últimas décadas en la historia de Uruguay), se presentaron a provocar con carteles que decían, por ejemplo, “femenina si, feminista no.”

Este grupo tiene estrechos vínculos con la Iglesia evangélica Misión Vida del pastor argentino Jorge Márquez, dicho por el propio Christian Rosas (2). Márquez es el suegro de Álvaro Dastugue, parlamentario del Partido Nacional y referente del sector que lidera la senadora Verónica Alonso, quien se encuentra involucrada en el escándalo de los hogares Beraca, sobre los que se presume que los internos de allí trabajaron en la campaña de la senadora.

A esto se agrega el posible vínculo económico entre la Iglesia Misión Vida y la financiación de la campaña política de Alonso -quien intenta ser candidata por el partido Nacional- (3), y por ello es investigada por la comisión de financiamiento de los partidos políticos de la Cámara.

Por último, ha surgido un nuevo grupo partidario de retirados militares que está en busca de un partido 15 11 12 007tradicional que los cobije de cara a las próximas elecciones (4). Paradójicamente este partido se denomina “Unidos Podemos”, exactamente igual a la unión entre los partidos españoles de Podemos e Izquierda Unida.

La derecha continental vive y lucha. Ahora tenemos  las iglesias evangélicas obrando en Uruguay y siguiendo fielmente los santos sacramentos de los documentos de Santa Fe (5).  Ya pudimos apreciar el poder que ejercen en Brasil, los valores que representan y lo que están dispuestos a hacer. Así que el que piense que no existe la lucha de clases que tire la primera piedra.

Notas:

1https://www.infobae.com/america/america-latina/2018/01/27/como-un-pequeno-grupo-de-agricultores-impulso-la-protesta-mas-masiva-de-la-ultima-decada-en-uruguay/

2 https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/6/dios-nos-libre/

3 https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/6/imprentero-aseguro-que-habia-vinculo-directo-entre-alonso-y-la-iglesia-mision-vida/

4 https://www.elpais.com.uy/informacion/politica/movimiento-politico-partir-retirados.html

5 https://www.ecured.cu/Documento_de_Santa_F%C3%A9_I

* * Estudiante de Licenciatura en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

EN PORTUGUÉS

A direita contra os direitos

Por Nicolás Centurión

A atual situação do campo popular no Uruguai não reflete o mesmo mar de felicidade, como provavelmente se deu ao menos durante a última década. Embora a realidade dos movimentos sociais não se caracteriza pela estabilidade, e sim por uma luta constante.

Os blocos políticos de direita e esquerda se mantêm geralmente nas mesmas posições históricas. Não há novos fenômenos no cenário político, como foi o Podemos, na Espanha desta década, surgido do movimento dos Indignados, ou o Exército Zapatista de Liberação Nacional (EZLN), no México dos Anos 90.

Entretanto, a situação dos movimentos sociais é muito mais convulsionada e dramática que a dos partidos políticos em geral. A direita partidária tem avançado nestes anos, tentando recuperar seu patamar histórico de votos e ameaçando os direitos conquistados, tanto os trabalhistas quando os sociais, numa estratégia de ataque direto ao que tenta rotular pejorativamente como “agenda de direitos”.

A direita social opera sobre o que a direita política não pode atuar explicitamente. Com grupos de voluntários, ONGs financiadas do exterior e think tanks para traçar as linhas de pensamento e ação, com tentáculos que começam a se entrelaçar no continente.

Mudança na direção de um mesmo objetivo

No Uruguai, assistimos a um aumento da agressividade da direita. Em parte, porque perdeu as últimas três eleições nacionais, mas também porque não sabem como fazer para derrotar a Frente Ampla. A direita tradicional, em seu afã por recuperar o prestígio que teve em outras épocas, apela a uma mudança de estética visual e discursiva, usando agora um tom mais conciliador – “pela via positiva” e “construindo pontes” são as novas expressões preferidas de seu principal líder, Lacalle Pou – para maquiar as verdadeiras intenções de fundo que pretendem. Para isso, tentam se apropriar inclusive de algumas bandeiras da esquerda, e captar os votos de alguns desprevenidos.

Só uma grande coalizão da direita poderia levá-los novamente ao pode. Mas há suspeitas entre os diferentes setores parecem impedir essa opção. O Partido Colorado e o Partido Nacional – “as famílias ideológicas”, como foram definidas pelo ex-presidente (colorado) Julio Sanguinetti – não sempre podem se sentar juntas na mesma mesa.

Mas em outro plano, vêm surgindo novas figuras, tanto na direita social quanto na direita política, ainda carentes de maior relevância, mas que tentam crescer e se posicionar.

Money for nothing

Uma dessas figuras é Edgardo Novick, um empresário outsider na política. Apareceu com seus milhões para adquirir vários meios de comunicação e espalhar cartazes pelas vias públicas. Defende o discurso da excelência na gestão como solução às deficiências do Estado, que segundo ele deve de ser administrado como uma empresa. Se autodefine como “não político” e assegura não ter ideologia – embora seja um paradoxo, já que não há maior definição política do que a explicitação de ser da não-política.

Tem conseguido captar o apoio de dirigentes tanto do Partido Nacional quanto do Colorado, obtendo o segundo lugar nas últimas eleições municipais de Montevidéu, atraindo os desavisados e desencantados com o sistema político em geral. Nas pesquisas que medem o panorama para as presidenciais de 2019, Novick se posiciona em quarto lugar – e é, portanto, um dos que têm possibilidades.

Outro caso é o movimento “Um Só Uruguai”, que aglutina diferentes setores do agro, sejam eles pequenos, médios ou grandes produtores, e que sacudiu o noticiário uruguaio (ou teria sido sacudido pelos meios de comunicação hegemônicos?) com transmissões em rede nacional camufladas. Se fizeram escutar, ler e ver seus discursos em uníssono. O argumento dos meios para dar a eles maior cobertura foi a presença massiva que seus atos teriam apresentado. Algo pouco convincente, já que outras manifestações, como a Marcha do Silêncio (para recordar as vítimas da ditadura) e as Marchas Pela Educação, entre outras, tiveram muitíssimo mais público que os atos do movimento “Um Só Uruguai”, mas não foram transmitidos em rede nacional.

O movimento é aglutinador, e diz representar os pequenos e médios produtores, embora os que se dizem médios produtores só falam sobre a realidade dos grandes produtores e latifundiários, e as propostas para melhorar as condições do trabalhador rural brilham por sua ausência.

Seu futuro é incerto, mas está claro que seu apoio comunicacional junto aos meios privados e grandes setores concentrados do país é um aliado importante, que pode levá-lo a sonhos maiores.

Vínculos de todos os lados

Outro setor que apareceu em cena há um tempo e o movimento antidireitos A mis hijos no los tocan (“não toquem nos meus filhos”), fundado em 2016 por Christian Rosas, com inspiração no movimento estadunidense dos Anos 70 Save our children (“Salvem as nossas crianças”), mas também relacionado com o grupo peruano Con mis hijos no te metas (“Não se meta com os meus filhos”).

O movimento uruguaio se posicionou contra a despenalização do aborto, contra o guia de educação sexual nas escolas, contra o matrimônio igualitário, entre outros temas. Na última marcha a favor da lei do aborto, no dia 8 de março (a mais massiva das últimas décadas na história de Uruguai), eles se apresentaram para fazer provocações, com cartazes que diziam, por exemplo, “feminina sim, feminista não”.

Este grupo tem estreitos vínculos com a Igreja evangélica Missão Vida, do Pastor Jorge Márquez, segundo o admitido pelo próprio Christian Rosas. Márquez é sogro de Álvaro Dastugue, parlamentar do Partido Nacional e referente do setor liderado pela senadora Verónica Alonso, que se encontra envolvida no escândalo dos chamados Lares Beráca (centros de reabilitação para jovens moradores de rua ou viciados em drogas), acusados de fazer os internos trabalharem em sua campanha eleitoral ao Senado.

Também existe um possível vínculo econômico entre a Igreja Missão Vida e o financiamento da campanha de Alonso, o que também está sendo investigado pela Comissão de Financiamento dos Partidos Políticos da Câmara dos Deputados.

Por último, vem surgindo um novo grupo partidário de militares da reserva, que está em busca de um partido tradicional que os abrigue, para concorrer nas próximas eleições. Paradoxalmente, este partido se denomina “Unidos Podemos”, exatamente igual à coalizão entre os partidos espanhóis de esquerda Podemos e Esquerda Unida.

A direita continental vive e luta. Agora temos as igrejas evangélicas operando no Uruguai e seguindo fielmente os santos sacramentos dos documentos de Santa Fé, que falam de um projeto político ideológico desse setor. Já pudemos apreciar o poder que exercem no Brasil, os valores que representam e o que estão dispostos a fazer. Quem, pensa que não existe a luta de classes que atire a primeira pedra.

Nicolás Centurión é estudante de licenciatura em Psicologia da Universidade da República e analista associado ao Centro Latino-Americano de Análise Estratégica (CLAE)
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