Roque Dalton y la poesía necesaria

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Cristóbal León Campos

Dalton vivió en carne propia las palabras que escribió, su obra es reflejo de sus convicciones políticas y humanas: buscó la construcción del socialismo y murió, el 10 de mayo de 1975, ejecutado por intrigas alimentadas por el imperialismo entre guerrilleros en El Salvador.
La escritura para Roque Dalton no fue sólo el ejercicio estético que busca el placer relegando la convicción y el compromiso, sino que unió a su ser y su obra la razón de los que luchan por un mundo mejor, y la esperanza de la justicia humana como medio de expresión que devora y rehace el canon literario para renacer en las palabras necesarias. Aquellas que evoca Gabriel Celaya cuando dice: “Poesía para el pobre, poesía necesaria/ como el pan de cada día,/ como el aire que exigimos trece veces por minuto,/ para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica/[…] No es una poesía gota a gota pensada./ No es un bello producto. No es un fruto perfecto./ Es algo como el aire que todos respiramos/ y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos”.
Dalton vivió en carne propia las palabras que escribió, su obra es reflejo de sus convicciones políticas y humanas: buscó la construcción del socialismo y murió, el 10 de mayo de 1975, ejecutado por intrigas alimentadas por el imperialismo entre guerrilleros en El Salvador. Su poesía no es ajena al tema de la muerte, el dolor y la traición, y sus ensayos políticos analizaron las formas de opresión imperialista en Centroamérica, sabía Dalton de los riesgos de comprometer las palabras y los actos, pero no dudó en hacer suyo el sufrimiento de los pueblos, de su pueblo al que regresó tras el exilio para entregarse a su liberación. En el poema “A la poesía”, que forma parte de la compilación “Poemas clandestinos” (1980), escribió: “Agradecido te saludo poesía/ porque hoy al encontrarte (en la vida y en los libros)/ ya no eres sólo para el deslumbramiento, gran aderezo de la melancolía/ Hoy también puedes mejorarme,/ ayudarme a servir, en esta larga y dura lucha del pueblo”.
Roque perteneció a la Generación Comprometida que surgió en El Salvador durante la década de 1950, la cual estimuló un movimiento social y literario que reunió a escritores y escritoras de esa nación y de otras de Nuestra América, cuyas obras revolucionaron el papel de la literatura y del intelectual, vinculándose a las grandes causas de los pueblos oprimidos. Los procesos revolucionarios de mediados del siglo XX contaron con plumas que dieron voz a las injusticias, a los sujetos sociales invisibilizados y a las demandas proletarias y campesinas que al interior de los países clamaban por un mejor porvenir. Dalton no rehuyó de la polémica y debatió sin temor con otros escritores, por ello, en 1956, escribió “Canto a nuestra posición”, donde se lee: “Ay, poetas,/ ¿cómo pudisteis cantar infamemente/ a las abstractas rosas y a la luna bruñida/ cuando se caminaba paralelamente al litoral del hambre/ y se sentía el alma sepultada/ bajo un volcán de látigos y cárceles,/ de patrones borrachos y gangrenas/ y oscuros desperdicios de vida sin estrellas?”
La revolución poética y literaria que Dalton genera, otorga a la escritura el compromiso y la tarea de ser testigo de su tiempo, reflejo de sus sociedades, sin renunciar a la libertad en la creación. Roque cuestiona a la poesía, le exige aquello que la “pureza neutral” del intelectual acomodado no ofrece, aunque es consciente de que la belleza es incuestionable en la poesía y que ella es parte esencial del poema. Roque Dalton nos dejó una poesía humanizada y comprometida con las injusticias y urgencias sociales, en sus “Poemas clandestinos” lo expresa con maestría: “Poesía. Perdóname por haberte ayudado a comprender/ que no estás hecha sólo de palabras”.

Selección de poemas

Arte Poética

Poesía
Perdóname por haberte ayudado a comprender
Que no estás hecha sólo de palabras.

 

Poema de amor

Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como «silver roll» y no como «gold roll»),
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en la cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
(«me permito remitirle al interfecto

por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño»),
las que llenaron los bares y los burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
(«La gruta azul», «El Calzoncito», «Happyland»),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o de la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraran borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.

 

Acta

En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).
En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones).
En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).
En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).
En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).
En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre, explotación, enfermedades,
sed de justicia y de agua,
persecuciones, condenas,
soledad, abandono, opresión, muerte.
Yo acuso a la propiedad privada
de privarnos de todo.

 

Alta hora de la noche

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendrá la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

 

Desnuda

En la entrega del Premio de Poesía de la Casa de las Américas en 1970.

Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua
cuando entre sus paredes me sumerjo.
Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como a un niño perdido
que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas.
Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que se nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a la sombras los deseos me ladran.
Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.
El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

 

Hora de la ceniza

Finaliza septiembre. Es hora de decirte
lo difícil que ha sido no morir.

Por ejemplo, esta tarde
tengo en las manos grises
libros hermosos que no entiendo,
no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quien amé cuando niño.

Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío hasta en la música.
Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que exigió la esperanza.

Hace frío sin ti. Cuando yo muera,
cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.
Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto
como hoy.

Siento deseos de reír
o de matarme.

Poeta Roque Dalton - Poeta Roque Dalton . | Facebook
En Santiago de Chile junto a estudiantes de la Universidad Nacional de Chile

Para un mejor amor

Nadie discute que el sexo
es una categoría en el mundo de la pareja:
de ahí la ternura y sus ramas salvajes
Nadie discute que el sexo
es una categoría familiar:
de ahí los hijos,
las noches en común
los días divididos
(él, buscando el pan en la calle,
en las oficinas o en las fábricas;
ella, en la retaguardia de los oficios domésticos,
en la estrategia y la táctica de la cocina
que permitan sobrevivir en la batalla común
siquiera hasta el fin del mes).
Nadie discute que el sexo
es una categoría económica:
basta mencionar la prostitución,
las modas,
las secciones de los diarios que sólo son para ella
o sólo para él.

Donde empiezan los líos
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.
Porque cuando una mujer dice
que el sexo es una categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no de su sexo,
saber que el desodorante mágico con sabor a limón
y jabón que acaricia voluptuosamente su piel
son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm
saber que las labores propias del hogar
son las labores propias de la clase social a la que pertenece ese hogar,
que la diferencia de sexos
brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa
cuando se conocen todos esos secretos
que nos mantenían enmascarados y ajenos.

 

CartitaRoque Dalton, el poeta guerrillero del "Unicornio azul" que todavía buscan en El Salvador a cuatro décadas de su asesinato - BBC News Mundo

Queridos filósofos,
queridos sociólogos progresistas,
queridos sicólogos sociales:
no jodan tanto con la enajenación
aquí donde lo más jodido
es la nación ajena.

Odiar el amor
La luna se me murió
aunque no creo en los ángeles.
La copa final transcurre
antes de la sed que sufro.
La grama azul se ha perdido
huyendo tras tu velamen.

La mariposa incendiando
su color, fue de ceniza.
La madrugada fusila
rocío y pájaros mudos.
La desnudez me avergüenza
y me hace heridas de niño.

El corazón sin tus manos
es mi enemigo en el pecho.

 

Buscándome líos

La noche de mi primera reunión de célula llovía
mi manera de chorrear fue muy aplaudida por cuatro
o cinco personajes del dominio de Goya
todo el mundo ahí parecía levemente aburrido
tal vez de la persecución y hasta de la tortura diariamente soñada.Roque Dalton, el poeta guerrillero del "Unicornio azul" que todavía buscan en El Salvador a cuatro décadas de su asesinato - BBC News Mundo
Fundadores de confederaciones y de huelgas mostraban
cierta ronquera y me dijeron que debía
escoger un seudónimo
que me iba a tocar pagar cinco pesos al mes
que quedábamos en que todos los miércoles
y que cómo iban mis estudios
y que por hoy íbamos a leer un folleto de Lenin
y que no era necesario decir a cada momento camarada.
Cuando salimos no llovía más
mi madre me riñó por llegar tarde a casa.

Mis lágrimas, hasta mis lágrimas
endurecieron.

 

Lo terrible

Yo que creía en todo.

En todos.

Yo que sólo pedía un poco de ternura,
lo que no cuesta nada,
a no ser el corazón.

Ahora es tarde ya.

Ahora la ternura no basta.

He probado el sabor de la pólvora.

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