Nuevas protestas en Cuba

166

Pedro Brieger

A diferencia de lo que sucede con la cobertura periodística que ignora importantes protestas en numerosos países de América Latina y el Caribe, cada vez que hay una en Cuba se mueve una gigantesca maquinaria mediática.

El domingo 17 de marzo las cadenas internacionales de noticias informaron sobre una serie de protestas en Cuba. No son las primeras ni serán las últimas, aunque sí tienen algunas particularidades. Por un lado, la población reclama por algo deficiente o que no funciona, como en cualquier lugar del planeta, sea Perú, Bélgica, Mali o Indonesia. Por el otro, existe una maquinaria mediática que se pone en funcionamiento desde Estados Unidos cada vez que hay protestas en la isla y que vaticina el final de la “dictadura comunista”.Nuevas protestas en Cuba. Alina López Hernández: “La gente protesta porque  está pasando hambre, necesidades extremas”

Los cubanos y cubanas no son extraterrestres. Si hay problemas que dificultan la vida cotidiana salen a protestar y lo hacen contra los responsables directos, sean administrativos y/o políticos, como en todo el mundo. Ganan las calles, gritan consignas, interpelan a los dirigentes y piden vivir mejor. Exigen respuestas. Es absolutamente lógico.

Esta vez la protesta arrancó en Santiago de Cuba, la lejana ciudad del sureste, más cerca de Haití y Jamaica que de La Habana. ¿El motivo? Los recurrentes y prolongados cortes de luz, sumados a los problemas con la distribución de alimentos. Sí, Cuba tiene serios problemas eléctricos y el Estado no siempre puede garantizar la alimentación de toda la población de la isla. Poco le sirve a los funcionarios explicar que los problemas estructurales devienen del bloqueo que ejerce la primera potencia mundial hace más de sesenta años. Tampoco, que año tras año en Naciones Unidas se vote una resolución que pide eliminar el bloqueo.

La población requiere soluciones concretas e inmediatas, y el existente bloqueo muchas veces aparece como una excusa discursiva por parte del gobierno. Cabe señalar que en Estados Unidos niegan que exista un bloqueo económico y utilizan la palabra “embargo” que les suena más sutil y tiene otras implicancias legales. Empero, el bloqueo contra Cuba es tan amplio que incluye la imposibilidad de acceder a tecnologías con más de un 10 por ciento de componentes estadounidenses; entre otras innumerables sanciones que se le aplican solo a Cuba.

Además, numerosas empresas dejan de comerciar con la isla por temor a represalias de la Casa Blanca. Aunque parezca increíble es verdad: la primera potencia mundial ejerce un bloqueo inusitado sobre la pequeña isla de apenas 11 millones de habitantes. ¿Su pecado? Haber hecho una revolución socialista y no rendirse ante Washington.

Crisis social. Nuevas protestas en Cuba tras apagón generalA diferencia de lo que sucede con la cobertura periodística que ignora importantes protestas en numerosos países de América Latina y el Caribe, cada vez que hay una en Cuba se mueve una gigantesca maquinaria mediática. Esta tiene epicentro en La Florida, donde residen miles de personas de origen cubano, entre ellos, varios congresistas de la extrema derecha del partido republicano.  Su poderío es tal que a veces pareciera que las protestas son organizadas y dirigidas desde Miami. Esto, a su vez, refuerza la postura del gobierno cubano que —frente a las protestas— siempre dice que éstas forman parte de un plan desestabilizador manejado desde Estados Unidos.

Argumentos no le faltan. Ante cada protesta los funcionarios del Departamento de Estado salen públicamente a apoyar las manifestaciones y a exigir un cambio de régimen. En la Casa Blanca y los sectores de origen cubano más extremistas hace décadas que están convencidos de que las protestas inevitablemente llevarán al colapso del “régimen comunista”. Lo vienen vaticinando con particular énfasis desde la caída del muro de Berlín. En 1992 el conocido periodista Andrés Oppenheimer —del influyente diario Miami Herald— publicó el libro titulado “La hora final de Castro— La historia secreta detrás de la inminente caída del comunismo en Cuba”.

Desde la editorial fueron tan audaces que lo promocionaban como el libro que anticipaba el fin de la revolución. En ese momento creían que la caída de la Unión Soviética provocaría su colapso de manera inevitable. No sucedió. No comprendían entonces —y tampoco ahora— el vínculo directo que todavía existe con algunas personas que derrocaron la dictadura de Batista en 1959 y desconocen por completo los logros de la revolución. Recordando la entrada del Comandante Fidel Castro a La Habana, Cuba el 8 de  enero de 1959 - YouTube

Por el contrario, aquellos que disolvieron la Unión Soviética en 1990-1991 no tenían ningún punto de contacto con la revolución de 1917. Eran funcionarios que repetían consignas huecas sobre el socialismo y por eso de la noche a la mañana abrazaron el capitalismo y se hicieron furiosos anticomunistas, renegando de todo lo que antes aplaudían con entusiasmo.

Las protestas en América Latina y el Caribe son múltiples y diversas, pero hay dos elementos que marcan la diferencia en la forma cómo reacciona el gobierno cubano cuando miles de personas salen a las calles, tal como ocurrió ahora en Santiago de Cuba. En primer lugar, los funcionarios y dirigentes partidarios dan la cara y enfrentan los reclamos en persona.  No se esconden como suele suceder en otros países cuando la población reclama airadamente.  Es más, el propio presidente Miguel Díaz Canel se mostró dispuesto a atender los reclamos, aunque no dejó de señalar que los enemigos de la revolución intentan aprovecharse para desestabilizar al gobierno.

En segundo lugar, hay un “detalle” difícil de soslayar. A diferencia de casi todos los países de la región no sale la policía o el ejército a reprimir y matar a diestra y siniestra como ocurrió en Chile (octubre 2019) o Perú (diciembre 2022), solo para citar algunos ejemplos de una larga y triste lista. Con la historia latinoamericana de dictaduras sangrientas y masacres por doquier, este no es un dato menor.

Los cubanos y cubanas nacidos después de 1959 han conocido la historia de la dictadura de Batista a través de los relatos de sus padres o abuelos. Ya es historia, aquella que aparece en los libros y que cada día es más lejana para cualquier persona que viva en la isla, especialmente las más jóvenes. Las necesidades insatisfechas son actuales, y las explicaciones geopolíticas por parte de un gobierno suenan a excusas para quien no tiene electricidad o le faltan alimentos.  Sin embargo, la tensión entre la historia, el bloqueo y las necesidades es real. Y hoy por hoy esta tensión se encuentra en un laberinto.

La población requiere soluciones concretas e inmediatas, y el existente bloqueo muchas veces aparece como una excusa discursiva por parte del gobierno. Cabe señalar que en Estados Unidos niegan que exista un bloqueo económico y utilizan la palabra “embargo” que les suena más sutil y tiene otras implicancias legales.

Empero, el bloqueo contra Cuba es tan amplio que incluye la imposibilidad de acceder a tecnologías con más de un 10 por ciento de componentes estadounidenses, entre otras innumerables sanciones que se le aplican solo a Cuba. Además, numerosas empresas dejan de comerciar con la isla por temor a represalias de la Casa Blanca. Aunque parezca increíble es verdad: la primera potencia mundial ejerce un bloqueo inusitado sobre la pequeña isla de apenas 11 millones de habitantes. ¿Su pecado? Haber hecho una revolución socialista y no rendirse ante Washington.

*Periodista y sociólogo argentino, especializado en política internacional. Es titular de la cátedra de Sociología de Medio Oriente en la Universidad de Buenos Aires. Director de Noticias de América Latina y el Caribe (Nodal) analista de Diario Red, colaborador del Centro Latininoamericana de Análisis Estratégico (CLAE)

Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.