La sociedad argentina del 10 de diciembre: aristocracia financiera y partido del orden

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Matías Feito

Un momento en que la misma burguesía representaba la comedia más completa, pero con la mayor seriedad del mundo”/ Carlos Marx

Tomar los dos extremos ocupados y desalojados de esa historia. Unir las dos puntas exactas de 2023-1976, colocar una junto a otra y recorrer el pliegue donde la mirada dobla en 1989 y 2001. Una vez unidos los extremos, cargarlos al hombro y llevarlos de este mundo a otro.

Ningún fin, ningún comienzo, sólo metamorfosis del periodo.

Sólo otro original intento de realización de la aristocracia financiera en Argentina. El 10 de diciembre del 2023 asume el gobierno del estado no sólo el agrupamiento político que ganó electoralmente, sino también la aristocracia financiera que lo desencadenó.Forbes: cuáles son las familias más ricas de Argentina – ADN

La sociedad del 10 de diciembre del 2023 recorre los bordes de la estructura económica por la cúspide de la burguesía financiera, capas pobres del proletariado, pequeña burguesía institucionalista y diversas fracciones de asalariados.

Todos convocados a ser dadores de gobernabilidad, a la conformación de una alianza social en el gobierno, y el intento de realizar la victoria en la construcción de un partido del orden aún más radicalizado que en otras oportunidades.

Los itinerarios del partido del orden enlazan una compleja zona de promesas donde todo está por verse en relación a lo que suceda y las metas trazadas. Es hora de la primera jugada por quién tiene la iniciativa después del triunfo electoral.

Niega, niega que algo terminará

Entre oposiciones oficiales y oposiciones políticas se desenvuelven formulaciones voluntaristas, quietistas, derrumbistas, etc. Son las primeras formulaciones ideológicas entre aquellos que enuncian su oposición al gobierno. Una amplia coloración entre quienes dicen: “ganar la calle”, “me quedo quieto” o “se cae sólo”. Describen un paisaje donde la neblina ideológica se vuelve tan espesa que cuesta asumir la situación de originalidad entre crisis y descomposición.

La Argentina de la desolación - TotalNews AgencyNadie nos puede quitar la negación. La más humana de las abstracciones. La negación trágica del grupo dirigente del gobierno anterior (2023-2019) encubren graves irresponsabilidades históricas que constituyeron a una derrota donde lo electoral es sólo resultante de comportamientos de desamparo. En otras fracciones políticas, la negación se convierte en reagrupamiento, una vez más a la protección, a la defensa de los interés económicos y políticos de fracciones obreras y del campo del pueblo.

No todo es lo mismo, el relativismo es una costumbre de cobardes que prefieren inventar pasados a construir presentes.

Por otra parte. El modelo de una retaguardia valerosa no nos parece un modelo estratégico para la situación original que vivimos. Aun así, nadie puede quitar su valor en los procesos y la hospitalidad en las coyunturas más difíciles.

Hoy la clausura de las metas de transformación social está compuesta de dos nudos de consenso a los fenómenos morbosos. Por la llegada al gobierno de un agrupamiento político, con presencia de elementos de la reacción, pero también por la construcción morbosa de un tipo de proceso político que fracasó hegemónicamente. Decir “no poder” es decir que expresó la crisis, que abrazó los intereses dominantes y perdió las alianzas que lo llevaron al gobierno.

Los fenómenos morbosos son cosas serias para nuestras propias alianzas y practicas militantes. Demasiado tarde para lágrimas, pero un tiempo oportuno para críticas y crisis. Lo morboso está en lo que muere del sistema en nosotros, está en la dirección, conducción, orientación de las alianzas y sus cuadros.

 ¿Quién teme a los osos?

En la localidad de Grafton (Estados Unidos) se desarrolló una experiencia “libertaria”. El escritor Matthew Hongoltz-Hetling cuenta que al desregularizar muchos de los mecanismos estatales, los osos invadieron la localidad y comenzaron a multiplicarse los comportamientos agresivos a los pobladores. Cada ciudadano debió resolver la amenaza por su cuenta. Ya sin intervención de organismos estatales que habitualmente sabían cómo hacerlo, los pobladores quedaron a la intemperie frente a cuestiones que antes no eran riesgosas.

En este sentido, la llamada desregulación no es más que otro modo de regulación.

¿Cada ciudadano como defensor del orden social? Juan Carlos Marín se preguntaba por el paradigma del “far west” donde la autoridad produce el delito y emerge una imagen de “todos contra todos”, por eso la importancia de registrar y comprender los enfrentamientos sociales para tener un análisis de cómo construye el orden los grupos dominantes. En un sentido que nos interesa articular, Beba Balvé nos advertía de la guerra social como mecanismo emergente desde el campo del régimen, en particular para los estudios de 1989 y 2001 en Argentina, produciendo y reproduciendo el saqueo a la mayoría de la población.

En esa línea hay mucho por explorar, por construir una mirada del proceso donde la destrucción esculpe relaciones sociales. Las pistas nos llevan a mirar estratégicamente la plasticidad destructiva de los procesos de enfrentamiento social.

La radicalidad de la utopía liberal nos habla de un intento de respuesta al sistema en descomposición. Podemos explorar las condiciones de enunciación de esas metas como política de salida en una territorialidad que tiende a partirse. ¿Hay otras políticas de salida desde el campo del pueblo?

No debemos subestimar la “crisis de horizontalidad” de la que nos habla Catherine Malabou, para continuar pensando sin esperar nada de arriba, y recuperar desde abajo las unidades y alianzas que quiten el aguijón de la orden-obediencia. Desatar lo que “no tiene gobierno, ni nunca tendrá” (Chico Buarque).

Una vez más. No dejar de pensar la conducción, no dejarse conducir sin pensar.

 El sacrificio del espacio

Peor que perder es seguir mostrando las vulnerabilidades, peor que perder es no asumir los efectos de derrota en la reflexión-voluntad y terminar desgranados, desarmados.

Una economía política para la pandemiaEfectos de derrota que formaron las dos grandes lecturas políticas desde los repertorios de 1983. Una, al autonomizar lo político de lo económico, en un momento de consolidación de la hegemonía del capital financiero y el desarme e aislamiento de la clase obrera. Otra, la construcción de salidas cesaristas en que delegar la conducción de procesos de lucha, en un momento de férrea dependencia estructural entre grupos económicos y estado.

¿Cuál es la originalidad de estos efectos hoy? El desenvolvimiento de grados de unidad en la burguesía bajo detenimientos políticos y sociales en el campo del pueblo. Completan la escena: la soledad entre fragmentos, el silencio cómplice en que se desenvuelven los realineamientos políticos en el sistema institucional, y la oposición oficial que espera enganchar a una masa de maniobra a medida de los errores del adversario.

No debe sorprendemos si la resistencia es menor a la ilusionada, cuando nos mantenemos procesados en el espacio del enemigo. Ahí donde formamos organizaciones a destiempo, alojadas en el tiempo y espacio de la estrategia burguesa. ¿Cuál sería ese espacio hoy? El punto de partida en un gesto aterrador que caotiza organizadamente: “no hay plata”.

Son momentos de repliegues organizados frente a caos organizados, de construir un modelo estratégico para las debilidades constructivas de la situación, de un punto de ataque ahí donde nos ahogamos en puntos de vistas. Es momento de entender las alianzas de clases que se construyen más allá de los infinitos fragmentos de organizaciones.

*Investigador del Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (CICSO, www.cicso.org), Argentina,colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (www.estrategia.la).

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