¿Hay un nuevo ALCA en las Américas?

323

 María Rizzo y Matías Strasorier

A 18 años de la cumbre de Mar del Plata en la que los gobiernos y los líderes de Latinoamérica le dijeron No al ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas), la política del capital global vuelve a la carga por  el dominio de Latinoamérica, y la explotación de la madre tierra y sus pueblos.

Sin cumbre, ni contracumbre, surge hoy en Latinoamérica un nuevo ALCA,  como un nuevo proyecto para Latinoamérica, fundamentado en el control y la apropiación del Agua dulce, Litio, Combustibles y  Alimentos (ALCA).  Son cuatro de los recursos estratégicos a nivel global que los países de la región poseen en su naturaleza. Cuatro de los recursos estratégicos que necesita el capitalismo en esta nueva fase financiera y tecnológica.

El antiguo acuerdo multilateral de libre comercio firmado en 1994 en Miami, conocido como ALCA, era un plan de liberalización del comercio entre países.  Proponía la reducción de las barreras arancelarias y el acceso a mercados, bienes y servicios de intercambio comercial, inversión extranjera, privatización de bienes y servicios públicos, agricultura, derechos de propiedad intelectual, subsidios y medidas antidumping, libre competencia y resolución de diferendos.

En la “IV Cumbre de las Américas” en Mar del Plata, era el momento en que debía comenzar a funcionar, sin embargo caducó allí mismo. Aquel proyecto impulsado por Estados Unidos fue resistido y enterrado por los Estados Latinoamericanos, más bien por sus pueblos a través de sus representantes.

Dieciocho años después un nuevo ALCA avanza en la región. Esta nueva forma  ya no necesita la firma del acuerdo multilateral entre Estados. En esta nueva fase del sistema social de producción, las Empresas Transnacionales (ETNs) o grandes grupos económicos avanzan de hecho mediante acuerdos comerciales. Tampoco es impulsado hegemónicamente por el gobierno de los Estados Unidos, sin embargo el interés por los recursos latinoamericanos es común denominador del capitalismo.

Dieciocho años después el mundo cambió, el sistema social de producción experimenta un cambio de fase. Desde la crisis financiera de 2008, el capital global encontró como salida la inversión en nuevas tecnologías, lo cual se observa en la emergencia de capitales tecnológicos como Google, Amazon, Facebook, Microsoft, Huawei, Tesla, Alibaba, ZTE, SpaceX, por nombrar algunos.

Estos se encuentran articulados en una compleja red financiera, en la que los grandes fondos financieros BlackRock, Vanguard, State Stree, Banck Of America, JP Morgan, entre otros, que concentran el control de  los sectores estratégicos, tales como la conectividad 5G y 6G, la inteligencia artificial, los chips, semiconductores y dispositivos, plataformas de servicios de internet, industria aeroespacial, bio y nanotecnología, transición energética, agricultura tecnológica o AgTech. De esta manera sostienen al capitalismo como sistema social de producción,  dándole la direccionalidad de una nueva fase financiera y tecnológica.

Como plantean Paula Giménez y Matías Caciabue : “Este entramado financiero y tecnológico configura un sistema basado en la transformación digital, la hiperconectividad, los sistemas ciber-físicos y la robótica colaborativa y sensitiva. Todos estos desarrollos son determinantes a la hora de definir quién conformará  la fracción de capital que acumule y ostente el poder económico en el ya entrado siglo XXI”.  Sin embargo, para que este nuevo mundo surja las materias primas y recursos naturales de Latinoamérica resultan fundamentales, y un nuevo ALCA como programa de apropiación.

Lo confirman las recientes declaraciones de Laura Richardson, jefa del Comando Sur de Estados Unidos, que afirmó que América Latina es importante debido a que se encuentra “el 60 por ciento del litio del mundo en ese triángulo”, refiriéndose a Argentina, Bolivia y Chile, el cual entiende que es “necesario hoy en día para la tecnología”. Además, agregó que es un territorio de “ricos recursos y elementos de tierras raras”. Entre dichos recursos destaca “las reservas de petróleo más grandes, crudo ligero y dulce descubierto frente a Guyana hace más de un año (…) los recursos de Venezuela también, con petróleo, cobre, oro”.

A lo cual suma la importancia del agua dulce: “Tenemos el 31 % del agua dulce del mundo en esta región”.  También el exabrupto de Donald Trump al criticar las políticas de la administración de Joe Biden hacia Venezuela. En su primer discurso público tras su imputación por cargos federales, expresó: “Cuando me fui, Venezuela estaba a punto de colapsar. Nos hubiéramos apoderado de ella, nos hubiéramos quedado con todo ese petróleo”.

Latinoamérica tiene la principal reserva mundial de agua dulce en el Acuífero Guaraní, con una reserva subterránea que cubre casi 1,2 millones de kilómetro cuadrados, de los cuales Brasil abarca una superficie de aproximadamente 850.000 km2, Argentina 225.000 km2, Paraguay 70.000 km2 y Uruguay 45.000 km2. Con estos depósitos de agua, de alrededor de 50.000 km cúbicos se podría abastecer a 6.000 millones de personas durante 200 años.Sin embargo la desigualdad con que se desarrolla Latinoamérica muestra que casi 40 millones de personas carecen de acceso al agua potable, y alrededor de 110 millones no acceden al saneamiento, principalmente en Haití, República Dominicana, Nicaragua, Ecuador, Perú y Bolivia.

En términos de transición energética cuenta con el triángulo del litio, como le llaman a la zona andina que contiene el 60% del mineral identificado mundialmente, que se ubica en el límite entre Bolivia, Argentina y Chile. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) calcula que, de un total mundial de 86 millones de toneladas de litio identificadas, el triángulo del litio tiene 49,9 millones de toneladas: Bolivia 21, Argentina 19,3y Chile 9,6,

En cuanto a combustibles fósiles, el 19% de las reservas mundiales de petróleo se encuentran en América Central y del Sur, un potencial no explotado si tomamos en cuenta que la región produce únicamente un 6% del total global,

El control y el dominio del agua dulce, el litio, los combustibles y los alimentos (lo que llamamos un nuevo ALCA) es fundamental en esta nueva fase del sistema capitalista. Su plan de acción para Latinoamérica es el mismo que desde hace 500 años: la explotación de la comunidad y de la biosfera. La salida es, como lo fue en Mar del Plata en 2005, la lucha organizada de los pueblos, y la confluencia en un programa de unidad latinoamericana con soberanía sobre los recursos que será determinante en que el resultado final sea un nuevo ALCA o un nuevo “ALCARAJO” como se decía en 2005.

*Strasorier es Director del Centro de Estudios Agrarios, Argentina. Maestrando en Estudios Sociales Agrarios (FLACSO) y Analista agropecuario, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico. Rizzo es co-Directora del Centro de Estudios Agrarios, Médica Veterinaria, maestrando en Desarrollo Regional y Políticas Públicas de FLACSO y y nnalista agropecuaria, asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico..

Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.