Argentina, Brasil, Chile y México, contra la expansión de la colonización israelí

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Rubén Armendáriz

Argentina, Brasil, Chile y México expresaron su “profunda preocupación” por la decisión del gobierno de Israel de construir miles de nuevas casas en colonias en Cisjordania y “legalizar” nueve asentamientos en esos territorios palestinos bajo su ocupación militar.

Israel capturó Cisjordania y Jerusalén este en una guerra contra países árabes en 1967, y desde entonces levantó allí decenas de colonias en las que ahora viven 475.000 israelíes entre 2,8 millones de palestinos. Los palestinos reclaman esos territorios para fundar un Estado, al lado de Israel.Imagen subida

En un comunicado conjunto, los cuatro países latinoamericanos dijeron que los planes del Ejecutivo israelí, comandado por el primer ministro Benjamin Netanyahu, podrían dificultar la creación de un Estado palestino, algo a lo que ratificaron su apoyo. Además, llamaron a «abstenerse de actos y provocaciones que puedan promover una escalada mayor de la violencia y a reanudar las negociaciones para alcanzar una solución pacífica al conflicto».

La semana pasada, el nuevo Gobierno de Israel asumido en diciembre, considerado el más de derecha de la historia del país, anunció planes para construir 10.000 nuevas casas en colonias israelíes en Cisjordania y de “legalizar” nueve asentamientos en la región.

En medio de la última escalada de violencia en el conflicto israelí-palestino, que captó la atención del mundo con las muertes casi diarias de palestinos y el atentado en Jerusalén este que mató a siete israelíes, se coló un dato clave: los colonos israelíes que viven en los asentamientos construidos en Cisjordania, uno de los territorios que la comunidad internacional considera como ocupados y parte del futuro Estado palestino, superaron por primera vez el medio millón, según sus propias cifras.

Conviven con más de 2,8 millones de palestinos en un intrincado pero explícito sistema político-legal en el que los colonos son ciudadanos plenos del Estado de Israel y los palestinos, sujetos representados por una autoridad sin poder real y completamente dependiente de la ayuda extranjera y de la cooperación de Israel (aunque sea mínima), la fuerza militar que ocupa y decide sobre el destino de ese territorio desde 1967.

Unos 35 palestinos y siete israelíes fallecieran solo en enero, luego que 2022 quedara en la historia como el año con más muertos desde que la ONU comenzó a mantener un registro, en 2005.

Las negociaciones de paz entre Israel y Palestina se encuentran estancadas hace años ante la negativa israelí a detener lo que califica de “crecimiento natural de las colonias”. Los palestinos dicen que esto demuestra la mala fe de Israel y sus intenciones de conservar las colonias.

Los nueve asentamientos que Israel decidió “legalizar” eran ilegales según la legislación israelí porque se establecieron sin la aprobación del gobierno. Es de destacar que la ONU considera ilegal todo asentamiento judío en Cisjordania según el derecho internacional, de acuerdo a la resolución número 2334 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, de diciembre de 2016.

Graves violaciones al Derecho Internacional

Los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile y México calificaron los planes de Israel de “medidas unilaterales” que “constituyen graves violaciones del Derecho Internacional y de las Resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, especialmente la número 2334, además que contribuyen a elevar las actuales tensiones”.

“Nuestros gobiernos expresan su oposición a cualquier acción que comprometa la viabilidad de la solución de dos Estados, en la que Israel y Palestina puedan compartir fronteras seguras e internacionalmente reconocidas, a la vez que se respeten las legítimas aspiraciones de ambos pueblos de vivir en paz”, agregó la nota.

Los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile y México llamaron a israelíes y palestinos a abstenerse de actos y provocaciones que puedan promover una escalada mayor de la violencia y a reanudar las negociaciones para alcanzar una solución pacífica al conflicto. La decisión del Gobierno de Netanyahu ya había sido cuestionada la semana pasada por Estados Unidos y la Unión Europea (UE).

Aunque todos los números alertan sobre una aceleración de la violencia, el dato que realmente desnuda cuánto empeoró el conflicto es la confirmación por parte de los propios colonos de que crecieron y se expandieron de manera constante, y que esperan hacerlo aún más rápido en las próximas dos décadas.

En 2008, el número de colonos israelíes en Cisjordania no llegaba a 290.000. En ese momento, la organización israelí Paz Ahora (Peace Now) ya alertaba que el crecimiento demográfico de los colonos en Cisjordania era de aproximadamente 5% en los años anteriores, mientras que dentro de las fronteras internacionalmente reconocidas como Israel, era de apenas 1,8%.

En 2005, el entonces primer ministro Ariel Sharon, referente del sector más duro de la dirigencia israelí, lideró la única experiencia de retirada masiva de colonos de un territorio ocupado. Ordenó la disolución de todos los asentamientos en la Franja de Gaza y movilizó a 25.000 policías y militares para forzar la salida de la mitad de los colonos que no aceptaron irse voluntariamente.

Las escenas de familias enteras siendo removidas por la fuerza, jóvenes israelíes insultando y forcejeando con los soldados desató una crisis dentro de Israel y dejó una gran enseñanza: una desconexión de los otros territorios palestinos, donde la población colona es mucho más grande desataría un conflicto interno en Israel, de consecuencias impredecibles para cualquier gobierno.

Desconexión es un eufemismo con el que se bautizó a la retirada, pese a que Israel siguió controlando las fronteras terrestres, aéreas y marítimas de la pequeña franja que, en los hechos, continúa bajo ocupación militar,

Cuanto más crecen los asentamientos más carcomen cualquier sueño de continuidad territorial de un futuro Estado palestino, un punto esencial si se quiere alcanzar una solución de dos Estados -uno israelí y otro palestino-, como pide la mayoría de la comunidad internacional.

Doce años después, nadie pone en duda que la posibilidad de un diálogo de paz está más lejos que nunca. En cambio, los asentamientos israelíes siguen creciendo año tras año, gracias a incentivos directos del Estado y sin ninguna consecuencia para una dirigencia y una sociedad israelí que ya casi no discuten el conflicto ni cómo llegar a una futura paz.

*Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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