Cuba saldrá victoriosa

▲ Defensores de la revolución, ayer frente a la sede de la Central de Trabajadores de Cuba.

Carlos Flanagan|

El pasado domingo 11 se produjo en San Antonio de los Baños, ciudad a 30 km de La Habana una movilización de protesta contra el gobierno. De inmediato los grandes medios de (in)comunicación del mundo al servicio del imperio estadounidense salieron a coro a hablar de movilizaciones masivas en todo el país que reflejarían el hartazgo de la población ante “la grave situación económica agravada por la pandemia” y hasta plantearon su preocupación por la situación de los derechos humanos en la isla.

Los noticieros pasaron imágenes (sin audio) de masivas manifestaciones con personas portando la bandera cubana; que, activado el audio, resultaron ser videos de anteriores manifestaciones en defensa de la revolución. Una agencia de la USAID llegó a hacer circular como cubana a una manifestación que en realidad se había hecho en Egipto.

Con el paso de las horas, una vez más quedó en evidencia la verdad de todos los hechos, que ameritan algunas reflexiones.

Si hablamos de derechos humanos, en primer lugar no se dijo ni se dice en esos medios que el presidente Díaz Canel y algunos de sus colaboradores fueron de inmediato a San Antonio de los Baños y conversaron cara a cara con los manifestantes, explicando la situación por la que atraviesa el país, escuchando y respondiendo a todas las preguntas e inquietudes planteadas por los presentes.

No conozco actitudes similares de otros presidentes que hacen gárgaras un día sí y otro también sobre su respeto a los derechos humanos. Más bien su respuesta dialoguista ante situaciones similares es por lo pronto el envío de fuerzas anti disturbios con el consabido monólogo de balas de goma y gases lacrimógenos, muchas veces -como en Chile – disparadas a la cara de los manifestantes con el saldo de decenas de personas con la vista afectada parcial o totalmente para siempre.

Hipócritamente se “conduelen” por la situación económica y sanitaria cubana, “pasando por alto” (sin mala intención, claro) dos detalles. El primero es el bloqueo económico que por más de 60 años  EEUU ha sometido y somete a Cuba y que han incrementado (Donald Trump mediante) con 243 nuevas medidas en plena época de pandemia y que  Biden no derogará.

El bloqueo a un país es catalogado como atentatorio de los DD. HH. por parte de la ONU.Por 29 años seguidos su Asamblea General ha votado por una mayoría abrumadora el cese del bloqueo a Cuba; la última el 23 de junio, por 184 votos a favor, 3 abstenciones y sólo dos en contra: para variar, EEUU e Israel.

El segundo es que si bien con la mutación del COVID 19 en nuevas cepas, se han incrementado los casos, poniendo en jaque al sistema de salud, Cuba lleva al día de hoy 1608 fallecimientos; 10 veces menos que los acaecidos en muchos de los países que se suman al coro dirigido por EEUU  “de la necesidad de instrumentar una ayuda humanitaria a Cuba”.

Y no está de más recordar que a pesar de todas las dificultades económicas, agravadas por la pandemia, es el único país de la región latinoamericana y caribeña que ha sido capaz de crear 5 proyectos de vacunas contra el Covid (dos de los cuales están en el grupo de los 10 en el mundo con mejores registro de eficiencia).

Bien sabemos que las “ayudas humanitarias” impulsadas desde EEUU, terminan en intervenciones armadas de sus tropas, violatorias de las más elementales normas del derecho internacional; sin ir más lejos como lo acontecido en Irak. Como dijera ayer el Presidente de México, Manuel López Obrador, si quieren ofrecer una ayuda humanitaria, que cesen el bloqueo.

Demócratas y Republicanos

Este nuevo intento desestabilizador de EEUU, uno más de los que conforman su actual estrategia de los llamados “golpes blandos” (ya aplicada en Honduras, Paraguay, Brasil) muestra a las claras que la esencia imperialista de la política exterior de EEUU es permanente más allá de que sus gobiernos sean de uno u otro partido.

También es permanente su hipócrita doble discurso respecto al acatamiento a las normas del derecho internacional.

Si tipificamos el cobarde ataque aéreo de Japón a Pearl Harbour en el marco de la Segunda Guerra Mundial – sin que hubiera mediado una previa declaración de guerra a EEUU – como ejemplo de una flagrante violación al derecho internacional: ¿cómo se debe calificar a la invasión mercenaria de Playa Girón de abril de 1961 orquestada por la CIA con la anuencia expresa del Presidente John F. Kennedy?

Hoy, Joe Biden trata – al igual que todos sus antecesores- de poner la rodilla en la garganta de Cuba para asfixiarla y ver si se cumple el viejo anhelo de derrotar a una revolución socialista que osa existir y resistir a menos de 90 millas de sus costas. Lo intentaron con la provocación del malecón en 1994, lo hacen ahora y lo seguirán intentando en el futuro.

Y seguirán fracasando mientras la revolución abreve en sus raíces, corrija lo que soberanamente entienda que hay que corregir y siga reafirmando sus principios con la participación activa de su pueblo y rodeada por la solidaridad internacional.

Ese pueblo, digno heredero de Gómez, Martí y Fidel, con Antonio Maceo dirá fuerte y claro: “¡Quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la contienda!”

* Ex Embajador de Uruguay ante el Estado Plurinacional de Bolivia. Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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