Argentina: La funcionalidad de la inflación

 

Horacio Rovelli|

El proceso inflacionario argentino actual es propiciado y funcional al modelo extractivo-agropecuario exportador, que busca reducir el consumo interno y a la vez, también disminuir el costo medido en moneda dura de nuestras exportaciones.

En la Argentina industrial, la que tiene su momento de auge en el llamado modelo ISI (Industrias Sustituidoras de Importaciones) iniciado en el gobierno conservador de Agustín P. Justo, pero potencializado por los dos primeros gobiernos peronistas, que consistía en “tirar” la demanda, buscando el efecto acelerador[1] de la inversión, que se logró y en gran medida, pero como los empresarios en el tiempo, no aumentaron la inversión en similar magnitud, también aumentaron los precios.Industrialización por sustitución de importaciones

Es de destacar la actitud del gobierno de esa época, en que el mundo salía de la segunda guerra mundial y los alimentos y las materias primas tenían un precio muy alto, y a través de las Juntas de Granos y de Carnes y del IAPI se regularon los precios para no encarecer la vida de la población.

Con ello paralelamente, al tener alimentos accesibles y proporcionales al salario, el costo de la mano de obra no tenía que incrementarse para que el trabajador viviera dignamente, con lo que se produce una transferencia de ingresos de los productores del campo a la industria, siempre en un marco inflacionario que conjugaba y era funcional al sistema.

En esa Argentina industrial, la inflación principalmente, era el mecanismo que tenían  los formadores de precios para apropiarse de una mayor productividad del trabajo, de otro modo hubieran debido aumentar el salario real, cosa que también en líneas generales sucedió, pero siempre, en menor proporción que el aumento de la tasa de ganancia. La inflación reflejaba la puja distributiva de un país que crecía sostenidamente en base a su mercado interno.

Esa Argentina y el modelo ISI mal o bien sobrevivieron hasta el golpe militar de 1976, que vino a imponer a sangre y fuego una nueva versión del modelo extractivista y agropecuario exportador, para ello utilizaron el endeudamiento externo y la necesidad, por ese camino, de quedar subordinado a los mercados internacionales que cobraron la deuda en frutos del país y en la compra a precio vil de los principales activos públicos.

Políticas que continuaron y hasta profundizaron los gobiernos democráticos que le continuaron, con la debida excepción de la gestión de Bernardo Grinspun (en el ministerio de Economía en la administración de Raúl Alfonsín), que trató de rehacer la producción nacional y fortalecer el mercado interno.

Pero la asociación entre los bancos acreedores y las principales empresas privadas del país, todas ellas severamente endeudadas en divisas, para transferirle la mayor parte de esa deuda al Estado nacional, hizo que, tras haber echado de su oficina al representante del FMI, Joaquín Ferrán, el 18 de febrero de 1985,  el día después Alfonsín le pidiera la renuncia.[2]

 La visión y la acción de Néstor Kirchner

Argentina recordará a Néstor Kirchner en su 71 cumpleaños – Prensa LatinaEl que impulsó con crecimiento sostenido del mercado interno y de las exportaciones industriales, generando un modelo de crecimiento en base al mercado interno y en acuerdos comerciales con los países de la región, fue el gobierno de Néstor Kirchner.En su gestión -y con estadísticas revisadas por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)- se creció a una tasa del  9%  anual promedio y apenas un 10% de inflación por año. Se crecía, aumentaba el empleo y los salarios.

Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), entre 2003 y 2007 inclusive la Argentina contrajo la tasa de desempleo urbano abierto un 53,8 %, y se ubicó tercera entre las naciones latinoamericanas con mayor eficacia en la reducción de la desocupación durante ese período. La creación de empleos para reducir la desigualdad social hizo que los índices de pobreza y de desempleo disminuyeran notoriamente.

En el período 2003-2007 la industria argentina creció a un promedio anual del 10,3 % en términos del Índice de Volumen Físico (IVF), acompañando la dinámica de la economía en su conjunto. La persistencia del avance del sector manufacturero constituyó una característica que sobresale en relación a otros períodos de crecimiento industrial.

Valga como ejemplo que ​en julio de 2004, gracias a la gestión de  Kirchner y su par de Venezuela,  Hugo Chávez, se firmó un acta compromiso para reflotar el astillero Río Santiago y en 2005 fue firmado el contrato que estableció la construcción de dos buques de 47 mil toneladas cada uno.

Astillero Río Santiago: “Tenemos que volver a producir para la defensa, la  marina mercante y la pesca” – Radio GráficaGracias a los contratos firmados con Venezuela para la construcción de buques petroleros, el astillero pudo ser reactivado, que implicó la incorporación inmediata de 250 nuevos operarios (entre soldadores y caldereros). ​

El problema para el gobierno de Néstor Kirchner se configuraba en cómo hacer para aumentar el poder de compra de los asalariados, sin arriesgar el incremento de la competitividad logrado con la devaluación de la salida de la convertibilidad creando una baja en el costo laboral medida en moneda dura.

Para ello, el gobierno desarrolló políticas activas, entre las que se incluyeron mejoras en los sueldos y la elevación del salario mínimo, vital y móvil, así como el impulso de negociaciones colectivas que reunieron a sindicatos y cámaras empresarias en el Consejo del Salario, por un lado y, por otra parte, al aplicar derechos de exportación (retenciones) a los alimentos generaban un ingreso genuino al fisco y abarataban en el porcentaje de las retenciones su precio en el mercado interno.

Para luchar contra la informalidad se implementó el “Plan de Regularización del Trabajo”, orientado a combatir el empleo no registrado, verificar el cumplimiento de las condiciones de labor que garantizaran los derechos y la protección social. Para ello, se creó un Sistema Integral de Inspección del Trabajo y la Seguridad Social para controlar y fiscalizar el cumplimiento de las normas del trabajo en todo el territorio nacional.  ​A 29 años de las huelgas ferroviarias que desafiaron a Menem

Para 2007 se observaba que de cada 100 nuevos empleos 83 eran formales, a diferencia de los años noventa (durante el gobierno de Carlos Menem), cuando tan solo seis de cada 100 trabajadores eran registrados.

En el ámbito de los programas de transferencia de ingresos la nueva estrategia consistiría en reconvertir el Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados en la dirección de mejorar las condiciones de empleabilidad de los desocupados. Para el año 2007, 700.000  beneficiarios del Plan Jefes habían conseguido un empleo registrado

La vuelta al modelo extractivista–agropecuaro exportador

Las llamadas “crisis del campo” del año 2008 y la crisis internacional de securitización de las hipotecas del año 2009, limitaron el accionar del gobierno argentino, a la par que el poder económico visualizó el fin del kirchnerismo y una nueva vuelta a la inserción al mercado financiero mundial.

Y ese retorno debía hacerse primero endeudando al país en divisas para cubrir el déficit fiscal que es en pesos, déficit fiscal que el gobierno neoliberal de Cambiemos había acrecentado al eliminar los derechos de exportación -salvo los de la soja (cuya alícuota disminuyeron)- y reduciendo el gravamen a la riqueza y a las ganancias.

Luego, llegó la subordinación al capital financiero internacional y al Fondo Monetario Internacional (FMI), que es su quinta columna, con el objetivo de que la Argentina pague la deuda, pero el trasfondo era que lo hiciera vendiendo alimentos y materias primas y de esa manera rediseñaban el país a su merced.

Solo así se entiende el Decreto 949/2020 de llamado a licitación internacional para el dragado del Río Paraná, impulsado por las grandes acopiadoras y exportadoras de granos beneficiarias directas de la depreciación de la moneda argentina, lo que abarata sus costos (incluida la mano de obra) y, de la suba de los precios de esos productos en los mercado internacionales en moneda dura.

Por ejemplo la tonelada de la soja en el Mercado de Chicago (EEUU) en diciembre de 2019 se cotizaba a 195 dólares y su precio aumento a 542,2 dólares para abril de 2021 (178% de aumento); el maíz cotizaba la tonelada a 143 dólares en diciembre 2019 y ahora su valor es de 235,4 dólares (64%)  y la tonelada de trigo valía en ese mercado internacional 195 dólares en diciembre de 2019 y en abril de 2021 sale 242,8 dólares (25%)

La inflación

El deterioro de la moneda hace que solo sea usada como bien de cambio y el dólar la reemplaza como moneda de ahorro.  Cuando menos vale el dinero argentino, más valen los bienes y servicios y, las divisas (mayor precio debemos pagar por ellos).

Si bien en la actualidad siguen presente las causas de los dominios oligopólicos en mercados cautivos o semicautivos que se acrecienta con la concentración económica y su extranjerización, en la Argentina después del gobierno neoliberal de Cambiemos la mayor correlación de porqué suben los precios es por la suba del dólar que es nuestra moneda de referencia.

Lo afirmado es tan cierto que si tomamos por ejemplo, el período del 1 de abril de 2015 al 31 de marzo de 2021, fin del gobierno de Cristina Fernández, administración de Cambiemos y, 15 meses y fracción de la gestión actual de Alberto Fernández, el tipo de cambio comercial se incrementó en un 1.100%  (de 8,86  a 97,5 pesos) y la inflación medida por el INDEC lo hizo en un 1.082,85%.

Esto es así, porque se le permite a los grandes fijadores de precios de los alimentos, de la energía, de insumos básicos (acero, aluminio, cemento, productos petroquímicos, etc.) igualar el precio interno con el del exterior

MERCADO DE TRABAJO
DATOS AL IV TRIMESTRE DE CADA AÑO
      POBLACION       TASA DE TASA DE SALARIO TIPO DE CAMBIO Salarios convertido
POBLACION EPH INACTIVA PEA 0CUPADOS DESOCUPADOS DESOCUPACION SUB OCUPACION PROMEDIO PROMEDIO  EN DOLARES
2015 27.300.000 14.925.000 12.375.000 11.497.000 878.000 7,1% 10,8% $ 15.800 $ 9,10 $ 1.736,26
2016 45.850.000 27.345.000 14.948.000 12.397.000 11.459.000 937.000 7,6% 10,3% $ 26.301 $ 14,77 $ 1.780,70
2017 46.200.000 27.610.000 14.678.158 12.931.842 12.000.750 931.092 7,2% 10,2% $ 34.339 $ 16,56 $ 2.073,61
2018 46.500.000 27.920.000 14.942.000 12.978.000 11.793.000 1.185.000 9,1% 8,7% $ 35.362 $ 28,11 $ 1.257,99
2019 47.200.000 28.400.000 14.964.000 13.436.000 12.240.000 1.196.000 8,9% 9,5% $ 49.575 $ 45,95 $ 1.078,89
2020 45.400.000 28.700.000 15.800.000 12.900.000 11.500.000 1.400.000 11% 15% $ 66.870 $ 82,35 $   812,02
Por extrapolación se dice entonces que en el año 2020 debe haber habido 19.400.000 personas desocupadas
Salario promedio por RIPTE – Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación
Fuente:  INDEC – Mercado de Trabajo y Datos Gob.ar-Ministerio de Economía

 

Argentina, en el 5° lugar en el ranking mundial de inflación | AgendARSe va interrelacionando el dólar con el aumento de los precios a medida que nos reprimarizamos y exportamos materias primas y alimentos. Se abandona el mercado interno y se apuntala un modelo extractivista, agropecuario exportador que implica comparar nuestros precios internos con los externos, mientras se devalúa sistemáticamente nuestra moneda

La Secretaria de Comercio de la Nación durante las últimas semanas ha dejado expuesto cómo varias empresas multinacionales de consumo masivo practicaban lisos y llanos abusos en los precios de sus productos, tratando de escapar a los controles que ellos mismos se comprometieron a respetar.

También dicha Secretaría ha solicitado a las 1.000 empresas más grandes, información sobre sus precios, el nivel de producción, las ventas y el abastecimiento de productos, tratando de evitar que la suba de los mismos en los mercados internacionales impacte en el mercado doméstico.

Pero mientras el Banco Central (BCRA) y el Ministerio de Economía sigan dejando que suba el valor del dólar, que al 4 de enero era de 89,50  y al 19 de abril 2021 de  98,50 pesos (10,5% de acrecentamiento en su valor), después de la devaluación del 100% de fines de abril a fines de julio 2018 y del 65% en la gestión de Alberto Fernández (de 59,60 a 98,50 pesos) es acotado lo que realmente la Secretaría de Comercio puede hacer.

La única razón por la que en ese marco las microdevaluaciones que realiza el BCRA continúan, es porque propician un modelo extractivista agropecuario exportador y, cuando menos consumo interno se haga y más barato sean todos nuestros precios en dólar, mejor.

Mayor será el saldo exportable y  cierran el circuito con el endeudamiento (no se investiga quienes fueron los que compraron dólares para fugarlos como en forma global demostró y sin propiciar los nombres, el mismo BCRA en su trabajo “Mercado de Cambios, Deuda y Formación de Activos Externos”[3]

El problema se resuelve tomando la dirección inversa y apuntalando un modelo económico que estimule el  mercado interno, el trabajo y la producción nacional, como hizo Néstor Kirchner.  En ese caso, el tipo de cambio se va a ir ordenando y adecuando a esa necesidad

Es claro que la inflación actual se debe a la combinación entre la suba del dólar y las bajas retenciones. Por lo tanto la primer medida es elevar la alícuota de todos los derechos de exportación a una tasa del 35% y de esa manera desacoplar los precios externos con los internos.

Si tomamos cualquiera de las memorias de la Sociedad Rural Argentina, por ejemplo la del año 1962, (fin del gobierno de Frondizi e interinato de Guido) sostenía lo siguiente: “Para incrementar las exportaciones debe reducirse la influencia de los dos factores que las disminuyeron en los últimos veinte años: el consumo interno y las medida de gobierno que despojaron al campo en beneficio de una industrialización forzada llevada a cabo en forma inorgánica”.

Entonces, la inflación en la Argentina actual, principalmente refleja el poder de los grandes formadores de precios, y por ende la tarea principal es definida por el economista Gabriel Palma, cuando visitó Argentina en 2012: “El Estado debe recuperar su capacidad para disciplinar a las elites capitalistas. Además de dar subsidios, los gobiernos deben poder reclamar que las empresas aumenten sus exportaciones, inviertan, innoven e impulsen el cambio tecnológico” “No son diferentes los capitalistas asiáticos a los latino americanos, sino la capacidad del gobierno para disciplinarlos” [4]

 Notas

.[1] Ante una mayor demanda presente y futura, el empresario invierte acrecentando su capacidad productiva en máquinas y equipos, en tecnología, en capacitación de su mano de su mano de obra y, en mayor stock de materiales e  insumos en general

[2] El APEGUE (que fue el movimiento empresario que llamó al lock out en febrero de 1976) de Grinspun, fue el llamado G11 que presentó un “Documento de los 20 puntos”, firmado por la UIA, la SRA, la CRA, CONINAGRO, ADEBA, ABRA, la Unión de Entidades Comerciales Argentina (UDECA), la Coordinadora de Actividades Mercantiles Empresarias (CAME), las Cámaras Argentinas de Comercio y de Construcción, y la CGT.

[3] Insistimos hasta el cansancio en la gestión de Cambiemos se endeudó al país por encima  de los 100.000 millones de dólares, pero 86.200 millones fueron comprados por residentes para sacarlo del circuito económico, de los cuales los 100 primeros (cien empresas) fugaron 24.679 millones de dólares

[4] Gabriel Palma –  “A rienda corta”  – Pagina 12 Suplemento Cash – Domingo 6 de mayo 2012.  Y revista Punto Final Edición Nº 513 – Año 2012.  También hay disertaciones en Youtube del autor en FLACSO México en julio 2012,  en el Congreso de Chile en agosto 2012, y en el Congreso de Estudiantes de Economía de Chile en diciembre 2012

 

*Licenciado en Economía, profesor de Política Económica y de Instituciones Monetarias e Integración Financiera Regional en la Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Fue Director Nacional de Programación Macroeconómica. Analista senior asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).

 

Deja una respuesta